Se me hizo fácil: orita no, gracias.

Se me hizo fácil

24 de octubre de 2024

Por Ángel Dehesa Christlieb

Orita no… gracias

«Hasta cuándo vivirá siendo una pésima copia de su padre? Yo pienso que poco. Tristemente pocos recordaremos a tantos años de su muerte a mi Germán. Usted no sabe de qué escribe, es un payaso y dudo que sea feliz (eso no se anuncia). Y no le saque a los comentarios en contra”.

La autora se hace llamar Lua Juárez, no tiene una fotografía suya en su cuenta de X y no es el primer comentario que recibo de su parte.

Vamos a ver.

Aunque muchos lo duden, quien esto escribe ha sido bendecido por el cielo y sus administradores con el regalo de una madre, con la cual choco más de lo que me gustaría, pero a la que admiro, respeto y quiero como cualquier mexicano digno de tal nombre.

Habiendo establecido la presencia de una madre (¡y qué madre!) en mi existencia, puedo también compartirles que a lo largo de los 50 años y nueve meses que hemos convivido, Conchita me ha enseñado muchas lecciones muy sabias.

A los 18 años recibí mi primera licencia de manejo y mi mamá, seguramente después de una larga conferencia con algún sacerdote para confesar sus pecados y ponerse en paz con el Creador, se animó a subirse a un automóvil tripulado por el fruto de sus entrañas.

En un cruce de calles en la colonia Florida, un conductor de esos que abundan por nuestra ciudad no respetó la preferencia que me correspondía para cruzar por venir de una calle más grande y llevar más camino recorrido.

Al ver que no se detenía, como cualquier chilango al volante me dispuse a acelerar y ver de a cómo nos tocaba al anónimo cafre y a mí.

Porque “yo tenía la preferencia y la razón”.

Conchita, con esa ternura que solo una madre puede expresarle a su hijo, me dijo “detente en este instante y no seas tarado”.

“Yo tengo la preferencia, así lo dice el reglamento de tránsito”.

Con la dulzura y paciencia que la han hecho famosa en todo el sur de la capital y el campus principal de Ciudad Universitaria, Conchita se contuvo para no darme unos zapes en mi protoalopécica mollera.

Así te van a poner en tu lápida: se mató, pero tenía la preferencia.“

“Qué prisa tienes, déjalos que pasen, no todo en la vida es tener razón y menos si tener la razón en algo tan intrascendente te va a poner en peligro”

La lección se quedó conmigo para siempre y me sirve incluso cuando no estoy manejando.

Cada vez que siento el impulso de discutir por algo en lo que creo tener la razón, respiro hondo y hago un examen de conciencia y de emociones para decidir si realmente vale la pena desgastarme, enojarme o exponerme.

El otro criterio que aplico es el de fijarme con quién voy a discutir y para qué (no por qué, para qué).

Si la otra persona es alguien que conozco, que estimo, que respeto y me respeta, a la que estoy dispuesto a escuchar y está dispuesta a escucharme, vale la pena invertir mi tiempo.

Si es alguien que no me cae bien, pero presenta sus argumentos de manera razonable, sin insultar y tiene la voluntad de escuchar una opinión distinta a la suya, con gusto platicamos.

Tengo la firme convicción de que la mejor manera de aprender cosas que no sé y ampliar mis horizontes, es conocer y escuchar realidades y opiniones distintas a las mías.

Este proceso, paso a paso, fue el que seguí para decidir si valía la pena responderle a Lua. Decidí no hacerlo, aún a riesgo de ser calificado de “sacatón”.

Mi recomendación para ella es que, dado que todavía no se ha aprobado ninguna iniciativa de reforma constitucional que convierta mi columna en lectura obligatoria, no veo la necesidad de torturarse leyéndola, si lo quiere hacer, es bajo su responsabilidad.

Si, a diferencia de Lua, esta columna te parece digna de leerse y quieres recibirla en tu celular cada día, sin costo, entra a www.angeldehesac.com y mándame un mensaje para incluirte en la lista de distribución.

10 comentarios

  • José Luis Márquez Barraza dice:

    Que felicidad reparte usted con sus artículos… Yo le escribía diario para agradecer pero lo único que lograría sería fastidiarlo.
    Guardo con mucho cariño recortes del periódico de las publicaciones de su señor padre en una libreta que suelo leer y releer al igual que sus libros, compré hasta libros que el recomendaba leer.
    Lo mismo me pasó con sus artículos.
    ¡Gracias!
    🫂

  • Carlos julio Ruiz camacho dice:

    Mi charro negro era insustituible (con ese cuerpo y esa cara quien no) pero tus escritos me entretienen y algo veo de él en ti (más te vale)
    No hagas caso de esa clase de gente, ni modo.
    Éxito siempre!

  • Angelica Fabre dice:

    Dío mío, qué fulana! Padrísima respuesta 👍🏼👍🏼👍🏼❤️❤️❤️😁😁😁

  • JOSE LUIS MACIAS PEREZ dice:

    FUI LECTOR DIARIO DE TU PADRE, AHORA TE LEO Y ME GUSTA LO QUE ESCRIBES Y COMO LO ESCRIBES; FELICIDADES ANGEL. JAMAS TE COMPARARÍA CON TU PADRE, SON SERES DISTINTOS Y EN DISTINTAS EPOCAS.
    FELICIDADES POR TU TRABAJO.

  • Eduardo Castell dice:

    Así se ha dicho. Felicidades…
    Hoy aprendí otra forma de escuchar y decir mis opiniones. 🤔😉

  • Rocio Romero Guinart dice:

    Siempre leía a tu papá , eres el “tamal de dulce” u otro tamal? Saludos y felicitaciones

  • Olga Ricardi dice:

    Buen día, acabo de descubrirte y me provocas una gran felicidad al leerte, al igual que lo hizo tu inolvidable padre, toma las cosas de quien vienen, y si es alguien que ni su rostro muestra que no te distraiga de mejores cosas que tienes que hacer, saludos!

  • Isabel dice:

    Excelente no respuesta. Excelente fin de semana

  • Martha Olvera dice:

    Hola
    Por favor inclúyeme en tu lista de distribución.
    Gracias

  • Mercedes Christlieb dice:

    Hace un rato me debatía entre discutir un tema político con alguien que está lejos del centro de mi corazón o no darle importancia a lo que esa persona (muy equivocadamente) afirmaba. Gracias por ayudarme a centrarme y continuar mi camino en paz.

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