Me lo hago fácil
21 de abril de 2026
Por Ángel Dehesa Christlieb
Somos más los buenos.
En días como estos tengo que repetirme esta frase una y otra vez.
No solo eso, tengo que convencerme de ello.
El pensar en cómo una persona decidió empacar una maleta llena de armas, subirse a la pirámide de la luna en Teotihuacán, comenzar a dispararle a hombres, mujeres y niños que ni conocía y después quitarse la vida hace flaquear mi fe en la humanidad y en quien sea que nos creó.
El dia de ayer también fue difícil en lo privado.
Mauricio llegó a mi vida hace ya más de treinta años.
Yo era un mocoso y mi madre me llevaba a la Facultad de Arquitectura de la UNAM.
Yo, en lugar de hacer la tarea, que para eso me llevaba la autora de mis días a su trabajo, escondía cómics tras el libro de matemáticas y era yo como ese pollito con lentesotes que le hacía la vida imposible al Gallo Claudio.
Mauricio estaba por concluir su carrera de arquitectura, hacía el servicio social con mi mamá, le apasionaba el teatro, la ópera, la escenografía, me tenía paciencia de santo y nunca me acusó con mi mamá por lo del cómic.
Durante más de 30 años Mauricio ha sido parte de mi familia, nos hemos cuidado, me ha escuchado cuando necesitaba decir cosas que no podía hablar con mis progenitores, me enseñó que, a veces, es complicado “gestionar a los padres”.
Es una buena persona, un buen hijo, hermano y amigo y, para mí es ese tío que te cuida, te consecuenta o te jala las orejas, según se necesite y yo también lo quiero y lo cuido.
Por eso estoy muy enojado y muy triste de que esté enfermo, de que lleve meses y las quimios no estén resultando como todos quisiéramos y de que, a ratos, eso le robe la sonrisa y el buen humor.
Ayer vino a comer en un receso de su tratamiento, y, ya en la tarde, tuvo que retirarse porque se sintió mal.
Yo supongo que Dios sabe lo que hace y tiene más clara que yo la película que es nuestra existencia, pero estoy francamente enojado y triste por el giro de tuerca que el guionista celestial le ha dado a la vida de Mauricio y de quienes lo queremos y, si supiera que mis tomatazos llegarían hasta el cielo, se los aventaría con mucho coraje.
Después de todo esto, comprenderán ustedes que, anoche, no estaba yo hecho un rayito de esperanza, pero, como suele pasarme y lo agradezco y me agradezco porque creo que también es consecuencia de que trato de ser mejor cada día, faltaban cosas buenas por venir.
Días antes recibí la invitación de Alonso Arreola, amigo y maestro de bajo, para asistir a su casa, la cual comparte con Marión, su esposa y también entrañable amiga.
Fortaleza, la marca que le patrocina cuerdas e instrumentos trajo a la Expo Sound Check a dos de sus embajadores de marca: Donald Alford II, bajista de Beyoncé y de Shakira y Sergio “Cheko” Hipólito, de Ciudad Juárez, quien toca el bajo cuarto como Pancho Villa montaba a caballo.
Con ambos platiqué y también con Alonso quien, a lo largo de casi tres años de clases, me ha enseñado a concertar con las partes más primitivas de mi ser, para llevar a cabo esa acción tan poco “natural” que es el pedirle a mis manos que toquen un instrumento cada una por su lado y, lo que lo hace especial, es que no me corrige con regaños, sino con lecciones que divierten y que hacen que no me lo tome tan en serio.
Para mí que, en eso de imaginar catástrofes soy mejor que la 4T para evadir responsabilidades, el que alguien logre aligerarme la cabecita y el corazón es digno de agradecerse.
“Tú te pones la presión, la música y la vida deben ser divertidas”.
Esto me dijo Donald, ya entrada la noche y justo antes de que él, Sergio y Alonso conectaran sus respectivos instrumentos y, uno tras otro, nos compartieran el arte y la belleza que ellos generan con sus manos, su mente y, sobre todo, su corazón.
Me acordé de todas esas personas que conozco, las cuales, como y desde donde pueden, empeñan su vida en crear, en ayudar, en dejar este mundo mejor de lo que lo encontraron y yo mismo me reconozco como alguien que, todos los días, trabaja para ser una de ellas.
No siempre me sale, pero esa es la maravilla de estar vivo, que cada día puedo volver a intentarlo y, como dijera el payaso, ese es el chiste, seguir en ello, aunque, a veces, no le veamos el final al túnel porque…
SOMOS MÁS LOS BUENOS.
P.D.- Mañana comienza el curso en línea de “Escritura de Supervivencia”, de la cual este texto es un ejemplo.
Todavía tengo lugares en el grupo del jueves a las 20:00 y del sábado a las 10:00, si quieren aprender a usar las palabras como herramientas de sanación personal y colectiva, pueden mandarme un mensaje al 55 2699 5827 y les doy toda la información.