Me lo hago fácil
29 de abril de 2026
Por Ángel Dehesa Christlieb
Ya viene el hoy llamado Dia de las infancias y, por ello, recuerdo un episodio de mi muy feliz y apapachada niñez en la cual mi señor padre, quien hoy goza en la presencia de Dios (aunque no sé si para Dios sea lo mismo, Germancito era muy latoso), me llevó a conocer los Estudios Churubusco.
No recuerdo el año, ni el motivo, solo sé que, entre las cosas que vi, había un set de pueblo vaquero el cual, cuando lo veía de lejitos, resultaba imponente.
A medida que me acercaba, vi que las casas, que se veían tan sólidas, eran, en realidad, la pura fachada y estaban hechas de cartón, madera y tela.
Así la política en nuestro país.
La presidenta, en una de sus innumerables y, a mi gusto, innecesarias apariciones en medios (ya no sé si es mañanera, está de gira o sale del baño porque en todas hay cámaras), presumió los aumentos al salario mínimo, los cuales han ocurrido desde que los dioses del panteón azteca, quienes no recibían sacrificios y siempre se portaban bien, nos bendijeron con la 4T.
Tal como las casas del pueblo vaquero, así de lejitos y sin análisis, esto suena muy bien.
Cuando uno se acerca y le va viendo todos los ángulos al tema, entonces sí se comienza a notar la madera, la tela y el poco aguante y profundidad de lo que nos quieren vender desde Palacio Nacional.
Como dijo el tahúr artrítico: “se las barajo más despacio”.
¿Quién no siente bonito cuando ve más ceros en su cheque?
Hasta ahí, todo perfecto, bonito, “es un honor”, “presidenta, presidenta.”
Aaaah, pero, después, como decía Beto el boticario en la Carabina de Ambrosio llega el momento de la verdad, la hora chimengüenchona, la hora cuchi, cuchi.
Al llegar a la tienda, súper o mercado, la realidad (esa que tan molesta le resulta a nuestros gobernantes) nos indica que los productos que uno requiere comprar cuestan más, mucho más que antes.
Eso si los encontramos.
En el caso de las medicinas, ese lujo aspiracional que nadie requiere y que, dicho sea de paso, el gobierno tiene la OBLIGACIÓN de proveer, muchas veces nomás no las hay.
O sea, a menos que uno se haga una ensalada de billetes cuyo valor nutricional es, por decir lo menos, dudoso, el tener más dinero en la cuenta cada quincena sirve para lo mismo que servirá el registro de las líneas telefónicas.
Como discurso y propaganda, pues está padre y, si uno fuera malpensado, diría que, más que mejorar las condiciones de los mexicanos, al actual régimen lo que le interesa es dar golpes mediáticos, lograr titulares sensacionalistas y tener material para encabezados estridentes.
Claro, ellos son los que tienen salida a medios todos los días, con cargo al erario y pueden machacar y machacar con su retórica de merolico de esquina (esos tenían más gracia), sin conceder derecho de réplica a quienes tenemos evidencia de lo contrario, como sería su obligación, porque no son los dueños del poder, aunque “el pueblo los respalde”.
Como dijo el que reparó la puerta: “ya para cerrar”.
El dinero en si mismo no sirve para nada.
Es una herramienta que nos permite tener más opciones, si tengo más dinero y las condiciones son las apropiadas, entonces puedo elegir si compro, menos o más, una marca o la otra y, en casos extremos, si como, compro mi medicamento o pago los útiles de mis hijos.
Desde hace siete años y feria el gobierno de la 4T se ha dedicado a pasar medidas al vapor, como el aumento del salario mínimo, lo cual estaría muy bien si viniera acompañado de una serie de acciones que, a la par de darnos más dinero, también garantizaran que dicho dinero rindiera más o, por lo menos, que no perdiera valor.
Es decir, que tuviéramos más opciones para usarlo.
Hasta hoy, es todo lo contrario.
Gracias a su manera de hacer las cosas, cada vez podemos hacer menos con el dinero que ganamos, sea más o sea menos.
Presidenta… no nos presuma su pueblo de cartón.
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1 comentario
Si lo pude abrir sin problema querido Angel y tienes toda la razón al decir q ese incremento en el SM, no sirvió ni para la primera compra dl mes, d la canasta básica. Saludos 🌻