Se me hizo fácil
11 de febrero de 2025
Por Ángel Dehesa Christlieb
Lo que es y lo que no es
Una página médica de Estados Unidos menciona que, por decreto del “Emperatrump”, ninguna de las publicaciones científicas del Centro para el control de enfermedades podrá ver la luz hasta que sus autores eliminen de su contenido “términos prohibidos” como: “LGBTI”, “Transgénero”, “No binario” y todo lo que tenga que ver con orientaciones sexuales no tradicionales.
Como diría Pluto… no pos guau.
De este lado de la frontera, la picudísima 4T pretende que las personas de la comunidad LGBTI en México reciban, por el solo hecho de serlo, una beca del gobierno, como si su orientación sexual, por si misma, los hiciera enfermos, anormales o sujetos de caridad.
No estoy de acuerdo con ninguna de las dos políticas.
En algún momento de mi infancia, acompañé a mi abuela María al salón de belleza.
Cuando salimos, le pregunté a mi recién peinada abuela acerca de Paul, el dueño del salón y ella, una señora de su tiempo, bajó la voz y me dijo: “bueno… es que es, es que yo creo que es un hombre un poquito, un poquito… homosexual”.
Esa fue la primera vez que escuché el término y me dejó más dudas que certezas.
¿Por qué teníamos que bajar la voz cuando dijéramos esa palabra?
Durante mi adolescencia estuve expuesto a y, con mentalidad de rebaño, muchas veces participé de los chistes, albures, insultos y demás aproximaciones a la homosexualidad que se estilaban en los patios escolares, las películas de ficheras y las telenovelas de los 80 y 90.
Lo hice con tal de ser aceptado, aunque, en el fondo, seguía sin entender por qué el ser “joto”, “mariposón”, “cachagranizo”, “lencha” y demás formas (ofensivas) de referirse a una persona con una orientación sexual diferente a la mía, era algo de lo que avergonzarse y debería ser motivo de burla, de discriminación y hasta de agresión.
Mi vida siguió y mi trabajo como reportero de espectáculos puso en mi camino a Felipe Nájera, quien vino a una entrevista conmigo para promocionar su obra “La Puerta Negra” y después lo conocí en su caracterización de María Félix en “Yo quiero ser una chica Almodóvar”.
Felipe se convirtió después en mi amigo y en mi maestro de stand up.
Su marido, Jaime Morales, fue nuestro productor en el espectáculo D’Género Stand Up, con Marta Figueroa y mi querido Armando Machorro, quien es también mi sufrido asesor de modas.
Tanto Jaime y Felipe, como Armando y su marido, Juan Palma, son padres adoptivos de Alejandra y Sebastián.
A pesar de lo que dicen los que no saben, pero repelan, me consta que nadie les “regaló” a sus hijos para “quedar bien con el electorado”, sino que, conforme a la ley, pasaron por el riguroso proceso de adopción que enfrenta cualquier pareja y, lo más importante, son amorosos, responsables y ejemplares como papás y como seres humanos.
Felipe peleó legalmente con la Asociación Nacional de Actores, ya que le negaban a Jaime la cobertura del seguro de gastos médicos mayores a la cual tenía derecho por estar ambos legalmente casados
En Televisa conocí también a la distinguida pareja de Paty Benítez y Cecilia Fuentes.
Ellas me quieren y yo las quiero muchísimo.
Supe también de muchas otras historias de sufrimiento, de rechazo y de ataques efectuados y solapados gracias a la ignorancia, la intolerancia y los complejos de muchos que se dicen “normales”.
Gracias a todos ellos, me convencí de que la calidad y el valor de un semejante se miden por sus acciones y de que lo que me corresponde a mí y también al gobierno, es respetar y hacer respetar los derechos de TODAS las personas.
Nadie tiene por qué ocultarse ni ser censurado, ignorado, agredido, desamparado por la ley, considerado sujeto de lástima o merecedor de dádivas basado únicamente en su orientación sexual.
Y ya.
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