Se me hizo fácil 25 de agosto de 2025

Se me hizo fácil

25 de agosto de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

En su “Discurso por las Flores”, Carlos Pellicer enuncia las dos obsesiones del pueblo mexicano: el gusto por la muerte y el amor a las flores.

Con respecto a la muerte y el gusto que pueda desarrollar por ella, solo puedo pensar en otro hilandero de palabras, como lo era Tomás Méndez, quien decía en su corrido: “si estás durmiendo en mi vida, es natural si despiertas”.

La verdad, espero que se tarde un buen rato en despertar, aunque últimamente ha estado cerca de mí en diversas formas.

Con las flores es otra cosa, desde que yo era niño y me sacaban a asolear en pañales al jardín de mi abuela, mi relación con las fanerógamas ha sido siempre una de gozoso asombro.

Algunas veces es difícil, como cuando me espiné con una rosa y otras es oscuramente agradable, como la primera vez que percibí la fragancia del “huele de noche” a la luz de la luna.

La celestina directamente responsable de que las flores y yo sigamos nuestro apasionado idilio se llama Josefina Santiago.

“Jose” viene de Sosocolco, Veracruz, es parte de mi familia desde hace 41 años y es un ser privilegiado, porque las flores le cuentan sus secretos.

Ella sabe que las violetas y los palos de Brasil no se llevan bien, cuándo las orquídeas están por florecer y cómo hacer un té con menta cultivada en el pequeño huerto que tiene en el patio.

“¿Conoces el ¿’amor de un rato’?” me preguntó hace unos días.

“Así tendrás la conciencia”, me dijo Jose al ver mi ruborizado semblante, “hablo de las flores que se llaman así, esas que hay en el jardín, el nombre les viene porque florecen durante muy poco tiempo”.

Y así, en un momento, así como las magnolias florecen este verano, las angiospermas me vuelven a sorprender.

La naturaleza es tan sabia, que tuvo y ejecutó la idea de crear unas flores que, literalmente, nos recuerden la finitud de los amores, los cuales, cuando son lo que tienen que ser, se viven como una vida y cuando se acaban… duelen.

Será por esa finitud que Carlos Pellicer relacionó la muerte con las flores, ambos tienen un tiempo finito y siempre más corto del deseado, pero, también, como la muerte y los amores, ofrecen siempre la posibilidad de una renovación, la cual puede darse en la misma maceta si la tierra es aún fértil o, si no es así, donde las semillas caigan impulsadas por el viento.

Muy poético para lunes quizá, pero, así como flores de fango, mañana los políticos seguirán haciendo desmanes y les haré caso entonces…

Hoy solo quiero Portulaca Umbraticola o, lo que es lo mismo…

“Amor de un rato”.

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