Se me hizo fácil 19 de diciembre de 2025

Me lo hago fácil

19 de diciembre de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

Mi sobrino Santiago está creciendo y, como todos los que conviven con niños saben, eso significa que ya asiste a una institución educativa, en la cual, afortunadamente, está muy contento y, como ustedes saben también, las instituciones educativas tienen lo que se llama: “festival navideño”.

Hace mucho que rechacé la idea de que el cielo se gana a través del sacrificio, pero, si así fuera, estoy seguro de que ayer habría avanzado varios kilómetros en mi camino hacia el Edén, al cual voy a entrar por la puerta VIP sin pasar por la cadena de San Pedro.

El evento estaba citado a las 10 de la mañana, en la puerta del colegio del infante, no se podía llegar antes porque, al ser una escuela con múltiples niveles de educación: kínder, pre- primaria y cámara de diputados (ya hay pase directo) iban escalonando los festivales, así que, como en las citas para la CURP, iban rotando a los solicitantes para que ocupáramos el improvisado auditorio que se encontraba en el patio de la escuela

Los padres y madres, algunos genuinamente emocionados y otros con cara de que acababan de llegar de la pachanga de fin de año, se arremolinaban en la banqueta, algunos con los abuelos, a los cuales se ve que habían engañado diciéndoles que iban a desayunar en algún lugar caro y luego a recoger su pensión del bienestar, complementada con unos cupones de Erótika Sex Shop, para que se la gastaran en bebidas espirituosas y todo tipo de aditamentos pecaminosos.

Por último, también estábamos lo que se conoce como “la familia extendida”, tíos, primos o cualquiera de los que tenemos la mala suerte de haber recibido un mensaje de texto que decía, más o menos así: “Santiago estaría muy feliz si vinieras”.

Solo cambien “Santiago” por el nombre que gusten y tendrán a todas las víctimas del chantaje emocional, las cuales fuimos amenazados por los parientes: “si no asistes, serás directamente responsables de que el pequeño o pequeña, al correr del tiempo, decida que quiere ‘transformar la vida pública del país’, mientras escribe libros que desafían la evidencia y nos hable de ‘otros datos’ que no concuerdan con la realidad.”

Obviamente, ahí estaba yo, con una taza de café en la mano y la convicción de que, en otra vida, debo haber sido alguien del calibre de Genghis Kan o, mínimo, del que se robó a Pinocho porque ¿cómo explicar si no que el karma se concentre tanto en este pobre y guapo pecador?

Una vez que se nos dio el acceso a la escuela, nos acomodamos y se nos dio la bienvenida, los pequeños comenzaron a salir, con la misma disposición que los esclavos del coro de Nabucco, solo que vestidos de reno, aunque se ve que cada mamá le dio su interpretación al disfraz, ya que había uno que tenía una cola como de pastor alemán, otro con una como de conejo y, finalmente, uno sin cola visible.

Santiago tenía, además, unos cuernos y una nariz roja, la cual, estoy seguro, estaba alimentada por una pila de uranio de grado nuclear, por lo que no me extrañaría que, en unos años, mi sobrino combata el crimen dotado de superpoderes que le permitan entender cómo sacar el CURP biométrico, el porque de la necesidad de sacar una constancia de situación fiscal que emite Hacienda para dársela a Hacienda o cómo la corrupción se acaba por decreto, removiendo todas las instituciones que tomó décadas construir.

Como suele pasar en nuestra familia, Santiago bailaba con más entusiasmo que gracia, con una sonrisa de oreja a oreja, mientras nos saludaba a todos y, en varias ocasiones rompió la cuarta pared ante la estupefacción de su maestra, para ir a abrazar a sus abuelas, las cuales recibían el amor de su nieto sosteniéndose como podían, porque el chamaco tiene la sutileza (y el tamaño) de un liniero defensivo cuando va sobre el mariscal de campo,.

Transcurrieron todos los números y, al final, Santiago seguía sonriendo, los abuelos se divirtieron y los niños y niñas también y, aunque el tío sea un señor gruñón, al cual la quinta década le está cayendo de a peso, también la pasó bien y, la verdad, no cambiaría por nada la oportunidad de estar en la vida de su sobrino en ese momento.

Gloria a Dios en las alturas y en la Tierra paz a los hombres (y tíos) de buena voluntad.

Es el penúltimo viernes del año y, para muchos, el último día laborable, si les toca… dense.

Todavía hay lugares para las dos sesiones gratuitas por zoom de “10 preguntas para ser feliz”, una el sábado a las 11 y el domingo a las 12, horario de la Ciudad de México, solo necesitas escribirme al 55 2699-5827 y te apunto a la que quieras.

2 comentarios

  • Clara Hernandez dice:

    Que bello volver a recordar lo que antes no le dabamos importancia. Ahora a mis 74 años.,veo a un Santiago como el tuyo hecho un gran artista y afmirandolo cada dia mas. Como nos cambia de pensar los años. Ni modo adi es la vida,nada mas sigamosla consumiendo como ella nos consume. Un abrazo a todos.

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