Me la hicieron fácil
6 de febrero de 2026
Por Ángel Dehesa Christlieb
La columna de hoy no es mía, hoy solo facilito el espacio y reproduzco (con permiso) el texto de una de las participantes del taller de escritura del cual soy facilitador.
No quiero llamarle alumna, porque “A”, al igual que todos los que toman el taller, me hace aprender a mí más de lo que yo podría enseñarle a ella.
Aquí se los dejo…
“Cuando lo hice muy bien”
Por “A”
Mis momentos de reconocimiento a mi misma han sido, casi siempre, en episodios de crisis, pues es ahí en donde “ser fuerte” es la única opción y sacar las cosas adelante es el único camino viable.
A través de los escenarios de la vida que me ha tocado, siempre tuve que demostrar que yo podía, que todas las adversidades por las que navegaba eran retos para mi.
Reto de ser buena niña para ganarme el cariño de una madrastra que dejaba chiquita a cualquiera de las de Disney, reto de ser autodidacta para sobrevivir y llevar una casa desde los 12 años, reto a ser “bien portada” para ganarme el cariño y la aceptación de los que me rodeaban.
Buena niña, buena estudiante, buena empleada, buena esposa, buena madre….era un peso con el cual crecí y me desarrollé toda la vida, pero que, en realidad, siempre me resultó útil para navegar, para no crear problemas y para llevar una vida “como toda una mujercita”, tal cual solían decir las abuelitas.
Según yo, todo ese camino de “buenecita” debería de haberme llevado por la senda del éxito, de la excelencia, de la felicidad, del amor eterno y de un matrimonio como de película.
Pues no fue así, la carroza se convirtió en calabaza, el príncipe azul se convirtió en sapo, para volverse después un tirano y la familia feliz fue una combinación de disfuncional con monoparental, terminando en trunca y, además, con un miembro con un alto grado de discapacidad.
Contrario a lo que opina la querida Celia Cruz, para mí, la vida no fue un carnaval.
Todo esto lo he dicho como un preámbulo para poder, ahora sí, reconocer los momentos en los que tuve grandes aciertos.
Toda la vida he procurado ir por buen camino, acatar las órdenes de mis mayores, obedecer los mandamientos, ayudar, asistir.
Sin embargo, creo que mi mayor logro, como madre y cómo ser humano, es el de haberme topado con la discapacidad de una hija, hacerle frente y co-existir con ella.
Mi hija quedó en cama, con un daño cerebral profundo y una conciencia básica como de bebe de 3 meses, producto de un accidente automovilístico y de un posterior evento cerebrovascular en quirófano, causado por una negligencia médica.
No ha sido fácil, ni he vivido en un lecho de rosas, pero, el asumir que tu único camino es luchar, apoyar, atender y proveer la mejor calidad de vida fue y sigue siendo mi mayor reto y mi motor más potente.
Según los médicos, mi hija no resistiría mucho, no había ninguna oportunidad de mejora, la reconexión cerebral es imposible, me dijeron.
Me dieron miles de diagnósticos, que si en estado vegetativo, que si muerte cerebral, que si tallo cerebral desconectado.
Ya no quería ni oírlos.
Lo único que supe y que sé es que es mí hija y me moriré en la raya, luchando, cuidando y haciéndolo todo para que, el tiempo que viva, lo haga de la mejor manera.
El pronóstico era menos de un año de vida.
¿Y que creen?
Lleva 18 años viva.
Mi intervención para que Inés continúe con vida ha sido el mayor acierto que he tenido.
Si me hubiera dejado llevar por los médicos y sus predicciones, hoy no seguiría gozando de su presencia, la cual, aunque diferente, es una muestra de que, con amor y voluntad, todo es posible.
Ella sonríe, reconoce mi voz, su mirada refleja paz y tranquilidad.
Estoy segura de que, a pesar de que ha demostrado ser una guerrera invencible, en el momento en el que decida irse de este plano, lo hará con la certeza de que su madre lo dio todo para que ella estuviera siempre lo mejor posible, se sentirá como una niña profundamente amada y sabrá que su vida y su sufrimiento no fueron en vano, porque logró tocar los corazones de todos los que la rodeamos.
Yo creo haber tenido bastantes aciertos en la vida, pero, para mí, este es, definitivamente el mayor de ellos.
Y me siento profundamente orgullosa…
19 comentarios
Me dejas con un nudo en la garganta, los ojos húmedos a punto del llanto y mi admiración por un gran ser humano que ere, un gran abrazo a ambas dos
Wow!! Sin palabras, pero cn toda mi admiración
Un abrazo Gladys
Ojalá todas las mujeres fueran como «A».
Definitivamente es un «mujerón».
“A”: recibe un fuerte abrazo cargado de una enorme admiración. No tengo palabras, espero que mi abrazo transmita mi sentimiento
Con gusto yo le digo
MIS RESPETOS SIEMPRE «A» NO CABE DUDA QUE EN ESTE MUNDO SIEMPRE HAY COSAS QUE VALEN LA PENA Y POR LAS CUALES UNO LUCHA TODOS LOS DIAS, AUNQUE PAREZCA QUE YA NO HAY FUERZAS, SIEMPRE SALEN QUIEN SABE DONDE.
NUEVAMENTE MI ADMIRACION SIEMPRE.
Ojalá no se hubiera publicado anónimo, sin duda, esa madre merece ser conocida y reconocida. Mis respetos y admiración.
Así se estipuló, pero yo se lo diré con gusto
♥️
Tengo los ojos inundados y el corazón con un maravilloso sentimiento de respeto y admiración.
Muchas gracias Ángel por compartir esta historia de amor
Wowwww!!! Eso es valentía ante la vida, no siempre bella como dicen, pero la enteresa que muestra ésta dama, nos calla la boca a Miles, y nos deja pensando en lo poco que valoramos, cuando lo tenemos todo…fuerte abrazo a ambas! 👏👏👏🌹🌹❤️🙏
Con gusto se lo transmito
Gracias por compartir, eres un gran ser humano, madre de las si merecen ser festejadas. Dios te bendiga a ti a tu querida Inés y a tu familia.
A, estoy impresionada con tu relato de amor y me confirma que lis tiempos de Dios son perfectos….que fortaleza te dió tu experiencia de la infancia que sin duda hizo de ti la gran mujer y mamá que eres hoy.
Mi reconocimiento y admiración.
Un abrazo enorme lleno de cariño y bendiciones.
Laura
Yo le transmito tus abrazos
Gracias por compartir tu historia …. Me identifico contigo en un chorro de cosas … el levantarte diario con un solo objetivo … sacar adelante a lo que más amamos …. Te abrazo con el alma
Gracias Rosana, yo a ti
Gracias por compartir esta columna, historia, donde la Realidad me confirma
Que Dios no te da más de lo que puedes
Soportar mi admiración y respeto por la
madre e hija ambas rompiendo los dictados erróneos de los médicos que se sienten vacas sagradas y nunca toman en cuenta los grandes milagros de la Vida
Saludos