Me lo hago fácil 11 de febrero de 2026

Me lo hago fácil

11 de febrero de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

“El profesor, se encuentra aquí,
el profesor, te ayudará”

Existe un dicho popular que dice “cuando el estudiante está listo, el maestro aparecerá” y, en mi experiencia, es cierto.

A lo largo de mi vida, cada vez que he querido o necesitado aprender algo, la vida me ha puesto quien me lo enseñe, a veces con mi consentimiento y con dulzura, a veces con un coscorrón y conmigo gritando y pateando.

Tuve, tengo y espero tener grandes maestros, por los cuales estoy agradecido.

También creo firmemente que los maestros que me han tocado dependen también de lo que yo esté dispuesto a aprender, porque, si mi cabeza está cerrada y creo saberlo todo, pueden aparecérseme Sócrates, María Montessori y Luis Vives con toda su experiencia y sabiduría y mi mente y mi corazón no recibirán, ni se beneficiarán de sus enseñanzas.

La historia reciente me hace pensar (políticos, inténtenlo, es una experiencia padre), que esta regla sobre la disposición de aprender no es nomás para los individuos, sino también para los colectivos y, en materia de política, seguimos sin echarle muchas ganitas al tema.

¿De qué otra manera explicamos el regreso al pasado?

¿A esa era del presidencialismo de un solo partido, con el poder centralizado en una sola persona (no necesariamente la presidenta) y los ciudadanos rehuyendo nuestra responsabilidad y conformándonos con que nos “roben poquito” o pensando si los gobiernos “salen buenos o no”, como si fueran aguacates?

Los que ya llegamos a una cierta edad (sí, ya estoy en ese momento de mi vida) sabemos que esto que estamos viviendo, ya lo pasamos y, por eso, ya sabemos cómo acaba esta película y no está padre.

¿Ejemplos?

El Maximato (googléenlo millenials), un periodo entre 1928 y 1934, en el cual Plutarco Elías Calles buscó perpetuarse en el poder, a través de poner a sus adictos en la presidencia.

Al concluir su mandato presidencial y después del asesinato de Álvaro Obregón, el llamado “Jefe Máximo de la Revolución” se mudó a una casa de la colonia Anzures, desde la cual se veía el Castillo de Chapultepec, lugar de residencia de los presidentes de entonces y la gente decía, señalando el castillo: “allá vive el presidente, pero, el que manda, vive enfrente”.

Hoy podríamos decir, hablando de Palacio Nacional: “aquí vive la presidenta, pero el que manda vive en Palenque”, o en Washington, pero eso es harina de otro costal.

También es cierto que, en los actuales tiempos, los maestros de los que podemos disponer dejan bastante que desear y lo compruebo cuando veo un video de Félix Salgado Macedonio, violador y abusador de mujeres, diciéndonos básicamente que “si nos vienen a contar, cositas malas de él, los mandemos a volar…”

La cerecita del pastel, Don Félix nos dice, sin que le sangre la boca, ni le cambie la expresión que “está en contra del nepotismo”, cuando, debido a quién sabe qué pactos en lo oscurito, Morena le tuvo que dar Guerrero a su familia, a pesar de que no le pudo sostener su candidatura.

Si esos son los maestros o ejemplos que tenemos hoy… no es extraño que continuemos volviendo al pasado, buscando al caudillo que nos evite la responsabilidad de ser ciudadanos y no solo votantes.

Habrá que buscarle por otro lado.

Buena mitad de semana

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