Se me hizo fácil: el cocodrilo

Se me hizo fácil

31 de diciembre se 2024

Por Ángel Dehesa Christlieb

Se acaba el 2024.

Por primera vez, después de medio siglo de negociar la vida con más éxito que fracaso, hoy escucho el reloj del cocodrilo al que tanto temía el Capitán Garfio.

El cocodrilo se siente cerca, porque muchas personas allegadas perdieron seres queridos: padres, abuelas, madres y amigos, gente que está en mi mismo grupo de edad o en el inmediato superior.

Y no es que le tema al cocodrilo, su reloj empezó a sonar desde el minuto en que respiré por primera vez y sé que el día que deje de escucharlo será el día en que ya no importe lo que me pase, porque estaré en otro lugar que existe, pero que no se ve hasta que es tiempo de verlo.

Mientras llega ese momento, voy a vivir la mejor vida que pueda, sin avergonzarme ni de lo bueno, ni de lo malo.

Termina para mí un año de contrastes, complicado en lo económico y en la búsqueda de propósito, pero muy gozoso porque me subí al escenario, porque comencé esta columna y porque se vislumbran buenos prospectos para el 2025.

Tengo la urgencia de encontrar a mi propia voz, a mi misión en este mundo, a mi corazón que está extraviado y triste desde hace un tiempo.

He conseguido las herramientas para lograr mis objetivos.

Entiendo que todo en mi vida es susceptible de mejorar o empeorar según las acciones que yo decida tomar.

Sé que hay más de una solución para los problemas que lleguen o que yo traiga a mi vida, la cual puedo encontrar yo mismo o pedir ayuda para hacerlo y que no tiene que ser la más dolorosa, porque no tengo para qué castigarme de más cuando cometa un error.

La responsabilidad sirve, la culpa estorba.

Estaré más cerca de quien quiera estar cerca de mí, quiero compartirles los mensajes y conocimientos que escuche y adquiera, para tratar de mejorar mi vida, ayudando a quien quiera mejorar la suya.

Me enamoraré de los procesos y disfrutaré los resultados, sin limitarme porque no son exactamente los que quiero.

Tendré el valor de dejar lo que me hace daño, no importa cuánto de mí se quede atrás, porque sé que nada se pierde ni se tiene para siempre, que lo que tengo es exactamente lo que necesito en ese momento y si siento que algo me falta, puedo ir a buscarlo y disfrutar cada minuto de la búsqueda.

Quiero disfrutar cada una de las cosas lindas, grandes o pequeñas, que la vida me tenga reservada o que yo consiga gracias a mis esfuerzos, además de reconocerme cuando haga algo bueno por mí o por otros, sin escatimar el amor por mi mismo

Amaré y me permitiré ser amado, no me preocuparé si lo “merezco” o no, simplemente haré lo imposible porque dure lo más posible, con la consciencia de que “todo pasa y todo queda”, como lo dice Machado en boca de Serrat.

Que lo desagradable pase rápido, que lo lindo se quede mucho, ese es mi deseo y mi tarea.

Mis errores serán aprendizajes que me llevarán a aciertos y no compararé mis avances con los de otras personas, excepto como inspiración para mejorarme a mi mismo.

Diré “te quiero”, “te abrazo”, “aquí estoy”, la mayor cantidad de veces posible, porque me conforta el alma y me hace sentir útil.

Escucharé más de lo que hable, porque todas las personas que crucen mi camino pueden enseñarme algo y yo quiero aprender.

Agradeceré cada instante de vida que tenga y te agradeceré a ti que me lees cada dia y compartes conmigo lo que sientes y piensas.

Ojalá podamos conocernos pronto.

Para recibir esta columna en tu teléfono entra a www.angeldehesa.com y mándame un mensaje.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *