Me lo hago fácil
27 de marzo de 2025
Por Ángel Dehesa Christlieb
Las jacarandas florecen en la Ciudad de México.
Parece poco, pero imagínense todo lo que tuvo que pasar para que hoy, 26 de marzo, a las seis de la tarde yo pueda ver por mi ventana y ver esa avalancha morada que, puntualmente, se abate sobre esta capital al llegar la primavera
Las jacarandas fueron traídas a México, entre 1920 y 1930, procedentes de Sudamérica, por el japonés Tatsugoro Matsumoto, a quien Pascual Ortiz Rubio, a la sazón presidente de la república, le encargó traer cerezos de su país, pero, debido al clima de la Ciudad de México, el nipón prefirió las flores moradas.
Son esas maravillosas coincidencias, cuyos efectos seguimos disfrutando, las que me hacen conservar la esperanza en un mundo lleno de Trumps, Netanyahus, AMLOS, Sheinbaums y demás bichos dañinos.
Allí donde haya belleza y, sobre todo, quien sepa fomentarla y apreciarla, habrá también quien entienda que perseguir el poder por el poder, la riqueza por la riqueza y el servir ciegamente a quienes promueven las ideologías amañadas por encima de las personas a las que dicen servir es una labor tan infructuosa como pelearse en redes sociales y tan dañina como las plagas de Egipto.
Hoy, mientras miraba las jacarandas, tuve la oportunidad de entrevistar a Angélica Morán Guerrero, presidenta de la Fundación Libres de Tuberculosis
Angélica sobrevivió a la tuberculosis, la cual se llevó a su hermana y me contaba que su curación se debió, en gran parte, a los cuidados que recibió por parte de médicos y enfermeras, quienes, además de cuidar su cuerpo, se ocuparon también de su corazón y de sus pensamientos, porque el tener salud es estar sano en cuerpo, alma y mente.
Después de librar el bacilo de Koch, Angélica, que vive en Puerto Vallarta, decidió ocuparse de que otras personas pudieran tener la misma oportunidad que ella y recibir un apoyo integral para curarse.
Cuando escucho a personas como ella y recuerdo a muchas otras a las que he podido conocer en mi vida, como mi querida Rosa de la Rosa que rehabilita animales rescatados en Veracruz, la Fundación José Alberto Llaguno en Chihuahua, la Fundación Clara Moreno y Miramón y tantas organizaciones y personas que existen en este país con ganas de construir y de ayudar a otros.
México y, sobre todo, sus gobernantes tendrían que agradecerles a estos mexicanos quienes, a diferencia de ellos, buscan la manera de servir a nuestro país y no de servirse de él con la cuchara grande, disfrazando sus rapacidades de “transformación” y de “proyecto democrático”.
Esta semana el SAT le quitó la autorización para emitir recibos deducibles de impuestos a más de 300 organizaciones de la sociedad civil.
Apenas una semana antes a López Obrador le bastó tronarle los dedos al SAT para que le autorizaran su centro de lavado… perdón, organización de ayuda internacional en tiempo récord.
No dudo que algunas de las organizaciones sancionadas no estuvieran en regla, pero también sé que este régimen lleva siete años desarticulando cualquier esfuerzo de participación ciudadana que pueda representarle un contrapeso o fuente de críticas.
Los morenistas quieren hacernos incosteable el precio de cumplir nuestro deber como ciudadanos: organizarnos para ayudarnos unos a otros, fiscalizar el uso que hacen de nuestro dinero y ser actores y no espectadores (como ellos quisieran) en las decisiones sobre el destino de nuestro país.
No van a poder.
Sus abusos y arbitrariedades no nos asustan.
Al contrario.
Nos revelan lo asustados que están y nos confirman que una sociedad organizada es para ellos como las jacarandas son a la desesperanza.
No permitiremos que dejen de florecer.
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3 comentarios
Como siempre, muy buen texto, hermosas Jacarandas que nos alegran el día a día.
A pesar de las jacarandas me deprimen las acciones de estos entes malditos, en buena hora chairos, gracias por ser tan estúpidos.
Muy bueno, como siempre!