Se me hizo fácil
8 de abril
Por Ángel Dehesa Christlieb
Hace tiempo que no soy propietario de un inmueble, pero recuerdo lo que representaba para mí ese lugar en el cual habité 17 años, comprado con el dinero que me dejó una de mis tías y el resto lo puso mi madre.
Sé que fue un privilegio el haberlo tenido y el haber podido adquirirlo de esa manera y, aun así, me imagino lo que pasaría si, un día me encontrara a varias personas instaladas, por sus puras gónadas, diciéndome que mi patrimonio ya es de ellos y peor aún me sentiría si al acudir a la autoridad “competente”, me dijeran que no pueden y/o no quieren hacer nada.
El desenlace todos lo sabemos: una persona de la tercera edad quien, sintiéndose que no tenía de otra, mató a dos personas y se enfrenta a un juicio, a la opinión social dividida y hasta a la creatividad de unos piñateros que la inmortalizaron en cartón.
No, no estoy de acuerdo con que nadie balée a otro ser humano, sin importar la razón, porque hoy es la invasión de un inmueble, pero mañana alguien puede alegarme que le invadí su lugar de estacionamiento o que lo “miré feo” y proceder a llenarme de hoyos.
Pero, lo que me alarma aún más es que la discusión sobre la “validez” de casos como el de Carlota “N” se vuelva cada vez más común en nuestro país.
Además de la denuncia y arresto, conforme a ley, que se llevó a cabo contra Carlota y sus cómplices ¿se ha abierto alguna investigación en contra de los servidores públicos que, presuntamente, le negaron la atención cuando acudió a denunciar?
¿Cuántas veces se repitió el caso de Carlota sin que los afectados pudieran hacer nada, ya que no estaban dispuestos (como debe de ser en un verdadero estado de derecho) a recurrir al asesinato para corregir la negligencia o corrupción de quienes cobran para protegernos?
¿Cuánto tiempo durará el interés en este caso, en el cual murieron personas de una manera contraria a la ley, hasta que un nuevo escándalo ocupe los titulares y las estériles discusiones en las redes, mientras los encargados de cuidarnos siguen más preocupados por lavarse las manos que por hacer su trabajo?
¿Se acuerdan de Dante Emiliano, el niño asesinado hace poco menos de un año fuera de la casa de su abuela en Paraíso, Tabasco?
Confieso que antes de ponerme a escribir hoy, yo ni me acordaba de su nombre, ni sabía en qué había parado su caso.
Según leo y si me equivoco corríjanme, solo se detuvo a una mujer quien, según nos dicen, lo atrajo con engaños al exterior de la casa para secuestrarlo, aunque, en primera instancia, la fiscalía había descartado el plagio como móvil del crimen.
De las otras dos personas, incluyendo el autor material, no hay rastro.
Eso sí, AMLO en su momento salió a indignarse públicamente porque “utilizan el homicidio del niño para atacarme”, eso es realmente lo que importa, porque todo debe ser alrededor de ellos.
Protegernos y garantizar nuestra seguridad, eso es lo de menos.
¿Cuánto pasará antes de que nos enteremos de otra muerte violenta y coloquemos éstas en el baúl de los recuerdos junto a la de Dante Emiliano, las del Rancho Izaguirre, los muertos de Ayotzinapa, Acteal, Aguas Blancas y demás atrocidades que siguen, en su mayoría, impunes?
Es muy grave porque más allá de la justicia que no se hace, con cada uno de estos casos no resueltos nos vamos acostumbrando, le vamos restando importancia a la muerte y llegará el momento en el que digamos: “por qué indignarse, así son las cosas y ni modo ¿para cuándo el siguiente show?”
¿O ustedes qué opinan?
Si te gusta esta columna te doy cuatro opciones.
1) Entra a mi sitio web www.angeldehesac.com y mándame un mensaje para recibir esta columna diariamente en tu celular vía whatsapp, sin costo alguno.
2) Entra al enlace que está en el primer comentario y suscríbete a mi página, por 55 pesos al mes, tienes acceso a este y otro contenido exclusivo para suscriptores.
3) Compártela en tu muro o usa el enlace anexo para enviarla por whats, X o lo que tú quieras a quien tú quieras.
4) Todas las anteriores.
2 comentarios
Qué tristeza que no es que nos acostumbremos, es que una tragedia y otra y otra se enciman y casi ya no se habla de otra cosa.
Es un remanso de tranquilidad leerte, casi siempre y me haces recordar a tu papá. Bendiciones.
Excelente reflexión