Se me hizo fácil
7 de abril de 2025
Por Ángel Dehesa Christlieb
La vida es una tómbola
Tom… tom …. tómbola
No me siento especialmente tranquilo ni confiado en que la tómbola de Sheinbaum me vaya a premiar con algo particularmente deseable en ese circo disfrazado de elección que, en aras de complacer la visión de un megalómano y los intereses de quienes quieren un sistema judicial cooptado y dócil (que imparta justicia es lo de menos), nos van a recetar los transformadores de cuarta el próximo 1 de junio.
Me molesta particularmente que la encargada del despacho en Palacio Nacional se llene la boca diciendo que, gracias a esta reforma a la legalidad, construida a base de ilegalidades, México se convierte en el “país más democrático sobre la tierra”.
La democracia es un sistema de gobierno, ideado y ejecutado por seres humanos y, como tal, no es perfecto, ni debe ser considerado la solución para todo, más aún si tomamos en cuenta que, tramposamente, nos venden como “democracia” el solo hecho de que algo pueda ser elegido por votación popular.
En lo que a “democracia” se refiere, las elecciones tendrían que ser la culminación de un proceso que comience desde mucho antes, un proceso del cual debería encargarse el gobierno y ser vigilado por los ciudadanos desde, no sé, organismos autónomos, esos que los “demócratas” que nos gobiernan se han ocupado en dinamitar, someter y desaparecer con ejemplar diligencia.
Un proceso, por lo tanto, cuya implementación y ejecución le corresponde a Claudia y a los de su partido hegemónico/orquesta versátil desde hace seis años y cuatro meses, e incluso más, si tomamos en cuenta que, con un nombre u otro, ellos gobiernan la Ciudad de México desde 1997.
Para poder hablar de “democracia”, TODA la gente debería tener acceso a educación, salud y servicios básicos de buen nivel y conste que estoy diciendo “acceso” no “cobertura”, porque no es lo mismo que lo “mesmo”.
De nada sirve dar credenciales ni crear “programas” con nombres rimbombantes, si la realidad es que no hay vacunas ni medicinas, o los encargados de la “educación” ponen ideologías, adoctrinamientos y la perpetuación de rencores históricos por encima de proporcionar a los jóvenes mexicanos herramientas para un pensamiento crítico y darles las opciones para poder ser lo que quieran ser.
Para poder hablar de “democracia” sus “programas sociales”, que tanto cacarean como un triunfo, tienen que ser el principio de una estructura que incluya un “segundo piso” (término que tanto les gusta) el cual, además de paliar las necesidades emergentes (que son reales), proporcione a las personas recursos para que, en el mediano y largo plazo, ya no necesiten de apoyos gubernamentales y opten por mantenerse con los recursos que ellos mismos generen.
Hoy dichos programas (que rastreramente venden como dádivas de su partido y hasta chalequitos guinda les ponen a sus mensajeros), son campañas de soborno, pagadas con dinero que no es suyo, los cuales abaratan el voto y en lugar de fortalecer la “democracia” la debilitan, al crear clientes en lugar de ciudadanos.
Porque SÍ quieren crear ciudadanos ¿verdad?
Claudia, para poder llamarse usted “demócrata” tendría que ocuparse de dar conocer a fondo TODAS las opciones que tenemos para ser gobernados (usted sirve y cobra de México, no de MORENA), además de darle voz y escucha a TODOS los actores de la política nacional y de los diversos sectores de la sociedad.
¿Cuándo fue la última vez que usted o su predecesor le dieron la palabra a una voz opositora o crítica en su “Mañanera del pueblo”?
No me salga entonces con que sus ejercicios de propaganda, con cargo al presupuesto, en los cuales su predecesor se pasaba la ley electoral por los WIFIS, son un ejercicio de “democracia” sin precedentes y, mucho menos, cuando nos receta esos penosos espectáculos de periodistas amaestrados preguntándole: “presidenta, qué guapa se ve hoy ¿considera que su respuesta a los aranceles de Trump fue maravillosa o solamente extraordinaria?”
Acto seguido, usted pone cara de sorpresa, sonríe como si le acabaran de anunciar que es la ganadora de la Flor más bella del Ejido y procede a recetarnos 20 minutos de autoguayabazos.
Entonces… “democracia”, lo que se dice “democracia”.
Dejémoslo en una tómbola, tom, tom, tómbola de mugre y de rencoooooooor.
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