Se me hizo fácil
3 de abril de 2025
Por Ángel Dehesa Christlieb
Renacimiento
Para mi amigo Namo Rendón Montaño.
Se acerca la Pascua, la universal manifestación del renacimiento de la tierra, de los hombres y de las mujeres la cual, bajo distintos nombres ha ocupado a la humanidad durante años.
Ante esa innegable y gozosa circunstancia y porque sé que los horrores de la política, el crimen y el hambre de poder seguirán aquí mañana y durante mucho tiempo, reclamo el derecho de tomar, por hoy, este espacio para escribir y hablar desde mi corazón y no desde mi hígado, ojalá no se enojen por no ver hoy aquí a los “sospechosos comunes” y me compartan de todos modos.
La Pascua: algunos la celebran como la resurrección de un hombre santo clavado en una cruz, hay quien habla de un Ángel que respetó a los primogénitos de la Casa de Israel, o están aquellos que dicen que Frigg y Freya, deidades celtas, se reúnen como consortes, recuperando la lozanía y juventud después de un largo invierno.
Yo la celebro como la eterna y latente posibilidad que tenemos todos los seres humanos, incluso los políticos, que son más seres que humanos, de crecer y transformarnos para bien, una, dos, cuatro veces o las que se requieran en la eterna persecución de la felicidad que es la vida en este plano.
Incluso en los momentos más difíciles, o después de nuestros peores errores, la vida es tan generosa que nos regala la posibilidad de aprender y el invaluable don de poder elegir ser los responsables de nuestra evolución o de nuestro retroceso.
Es cierto que la responsabilidad y el crecimiento asustan, el mismo Hijo del Dios de mis padres, mientras esperaba la llegada de quienes lo llevarían a ser crucificado dijo, presa de la angustia: “Padre, si tú quieres, aparta de mí ese cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.
Sabía que iba a recorrer un camino doloroso y difícil, por lo cual, fiel a su condición humana, tenía miedo, pero también, por su naturaleza divina, poseía la certeza de que ese dolor y esa dificultad serían el yunque y el martillo que forjarían en él algo mejor, que lo harían renacer más fuerte y con la posibilidad de ayudar a otros a forjarse en la fragua de sus propias dudas, de sus propios miedos, de su propio ego.
Hoy sé que lo humano y lo divino estamos hechos de una misma materia y, por eso, reclamo para mí esa suprema confianza y la convicción de que cada uno de los momentos difíciles de mi vida es una oportunidad de aprendizaje.
Así como un foco canaliza la energía a través de una resistencia para generar Luz, cada uno de los obstáculos que enfrenté, enfrento y enfrentaré son la resistencia que me hará brillar en mí y para otros, convirtiéndome en causa y ya no solo en efecto de todo lo bueno que se dé en mí y a mi alrededor.
Son mis palabras habladas y escritas, además de mis acciones, las que me llevarán a cumplir ese destino, esa misión para la cual elegí volver a este mundo, esa tarea que solo yo puedo cumplir, la que conozco desde antes de nacer y que un Ángel borró de mi conciencia en el momento de mi alumbramiento, tocándome mi rostro y dejando un surco entre mi nariz y boca.
Estoy seguro de que ya comencé a hacerlo, en el momento que decidí escribir para leerme y ser leído, gracias a todos por ser parte de ello.
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1 comentario
Deseo vivir con alegría mi propia pascua y que a partir de ello pueda dar lo mejor a los demás. Gracias Ángel por compartir tan linda columna