Se me hizo fácil
2 de abril de 2025
Por Ángel Dehesa Christlieb
Los mariachis callaron…
No me gustan los mariachis.
Seguramente cuando lean esto en Garibaldi cundirá el pánico, pondrán ofrendas en el Tenampa y una delegación de sus más distinguidos representantes vendrá a mi casa para pedirme de rodillas que recapacite.
Lo siento, ni así se va a poder.
No es un tema con la música, es que no le encuentro lo romántico a despertar a una pobre fémina a trompetazo limpio, gritando que la amas y, por otro lado, cuando llegan a una fiesta, se acaba la diversión porque ya nadie puede platicar y siempre surge el espontáneo que quiere ejecutar (literalmente) “Serenata Huasteca” o “Cielo Rojo”, mientras los perros de la cuadra aúllan aterrorizados.
Como decía mi señor padre y yo suscribo: “a los mariachis y a los parientes, después de una hora, hay que mandarlos al rancho de AMLO”.
Quizá por eso siento una malsana pero constante aversión por Fernández Noroña, una que data de hace ya 15 años, cuando abrí mi hoy muy abandonada cuenta de X, antes twitter, en la que me dedicaba a increpar al hoy presidente del Senado, que ya desde entonces tenía una mariachesca predilección por el escándalo y el trompetazo.
Con él aprendí, como decía Manzanero, mi querido y nunca olvidado Yoda del Mayab, que “debatir” por redes sociales resulta tan productivo como el extinto INSABI, sobre todo con un personaje para el cual “discutir” no significa exponer, ESCUCHAR y aprender para llegar a acuerdos, sino gritar, manotear y ofender, con la seguridad que da el no tener el menor sentido de autocrítica y la memoria selectiva que da la desvergüenza.
Noroña es, al parecer, un ávido lector de autores pasados y presentes, ya que en sus tweets lo presume, con lo cual también supe que el acumular conocimientos y leer muchos libros no te hace, necesariamente, una mejor persona.
Podría también hablar del abuso que hace de Miss Clairol todos los días, con ese “look” bicromático que nos viene manejando, pero, estoy consciente de que cualquier comentario que yo haga sobre el pelo de alguien es escupir para arriba, dado el peinado de “raya en medio extra ancha” que tengo desde hace ya varias décadas.
Según leo, el buen Gerardo se dio cuenta recientemente de que no es lo mismo ser borracho que cantinero, cuando se presentó muy “glúteo” a dar una conferencia de “Reformas desde la izquierda” en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y los estudiantes, que no han entendido que cuando Noroña quiera su opinión, él mismo se las proporcionará, lo recibieron con zapatos para recordarle sus muy desafortunados comentarios acerca de la autenticidad de las prendas encontradas por las madres buscadoras en el Rancho Izaguirre.
Al parecer a Gerardo, quien en otro tiempo podría haber hecho una protesta exactamente igual, le indignó mucho que los estudiantes lo cuestionaran porque, al parecer el ser “un hombre libre de origen humilde que ama la vida, que da su solidaridad y apoyo a quien lo necesita. Un hombre de izquierda, un luchador social, un activista, librero y libérrimo”, como se autodefine en su canal de YouTube, le da la facultad de decir y hacer lo que quiera, insultar o difamar a quien le parezca pertinente, pero no de dialogar, en su carácter de funcionario público, con aquellos que emulan su conducta, porque solo su “lucha social” es válida.
¿Qué pasó mi Noroña?
¿Callaron los mariachis?
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