Se me hizo fácil
1 de julio de 2025
Por Ángel Dehesa Christlieb
Sir Simon de Canterville.
Así se llamaba aquel atormentado, gruñón y entrañable fantasma de la Inglaterra decimonónica quien, debido a sus malas acciones, estaba condenado a rondar los salones de su antiguo castillo, haciendo maldades y siendo, esencialmente, un actor que se inventaba caracterizaciones horrorosas, con las cuales asustaba a cualquiera que fuera lo suficientemente valiente, desafortunado o imprudente para intentar habitar en “Canterville Chase”.
Así había sido su dinámica, hasta que, en las postrimerías de los 1800, el recién nombrado embajador norteamericano, Hiram B. Otis y su esposa Lucrecia, acompañados de sus hijos Washington, Virginia y los gemelos, conocidos simplemente como “Barras” y “Estrellas”, llegan a residir a “Canterville Chase” y, fieles al espíritu estadounidense y muy de acuerdo a la arrogante manera de pensar de la humanidad en plena Revolución Industrial, niegan la existencia de los fantasmas o de cualquier cosa que no puedan medir, tocar o vender.
“El Fantasma de Canterville” de Óscar Wilde, era uno de los relatos que, en las poquísimas noches que tuvo o se hizo el tiempo, mi papá nos leía a mi hermana Juana Inés y a mí (Mariana llegó más tarde), actuando las voces de manera maravillosa, especialmente en la escena donde Washington Otis, encarnado en merolico de esquina, canta las loas del “famoso quitamanchas Pinkerton”, el cual usa para remover irreverentemente una mancha de sangre del piso, la cual, supuestamente pertenecía a Lady Canterville, quien había sido asesinada por Sir Simon en ese preciso punto.
Hoy me desperté recordando a Sir Simon y a Sir Dehesa, en el que habría sido su cumpleaños 81, porque, al final del relato, Sir Simon puede descansar en paz, gracias a los buenos oficios de Virginia Otis, futura Duquesa de Cheshire, a quien le pide que llore y rece por él, para que el Ángel de la Muerte se apiade y se lo lleve a dormir, por fin, en un rincón del jardín de su amado castillo, bajo un árbol centenario.
En las semanas previas a su muerte y debido a su condición médica, que le afectaba sus facultades cognitivas o, como Germancito mismo lo hubiera dicho: “no dejaba que le subiera el agua al tinaco”, mi papá deambulaba como fantasma por la que llamaba su “Casa de piedra y flores”, yendo y viniendo de la lucidez al éter, sin aviso previo y con la permanente amenaza de que, en una de esas, su cerebro podía quedarse atrapado en ese lugar al que se iba, cada vez con mayor frecuencia.
Juana Inés, quien en esos años residía en Boston, pero estaba aquí de vacaciones, fue a la iglesia a rezar, a hablar con ese Dios con el cual mi papá tuvo, desde que yo lo recuerdo, una relación complicada y de difícil comunicación y, con esa franqueza y seguridad tan propias de ella, gestionó para nuestro padre, según me dijo ella después: “un milagro”.
Y así como con Sir Simon, por los buenos oficios de una “niña” de 32 años, el Ángel de la Muerte se apiadó de Germancito y, el dos de septiembre de 2010, justo el día en que tendría que comenzar a usar pañales y a permanecer en cama sin esperanzas de mejorar, le facilitó su visa a mi papá, sin posibilidad de revocación, de manera que él y nosotros, pudiéramos ya descansar tranquilos.
A casi 15 años… gracias herrrrmana, por nunca dejar de creer que los milagros son posibles.
Voy a llorar un rato… se cuidan
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8 comentarios
Solo valor y resignación … Siempre es duro ver partir a los que amas .. mis respetos para don Germán Dehesa ….
Excelente, te felicito y recuerdo a tu padre con gran cariño y admiración, abrazo
🙏🏻❤️
Mi padre se fue en 1994 sin que llegáramos a darnos cuenta de su gravedad. Que tenía “algo” en los pulmones que para bien o para mal no supimos.
Se fue tranquilo una noche aunque me dejó la tristeza de no haberme despedido por ignorancia.
Mi madre luchadora y alegre pasó sus últimos 2 años en cama muy lúcida pero sin poder ponerse en pie pues ya no la sostenian. Algo me hizo pensar que quería que estuviésemos sus 3 hijos con ella ya que nos turnábamos para acompañarla y justamente teníamos unos 20 minutos de haber llegado cuando dió su último suspiro
En Abril 2021.
En Paz y rodeada de sus seres queridos
Un fuerte abrazo a ti y a tu padre. Ánimo !! . Se le recuerda con cariño.
Tengo un grato recuerdo de don German Dehesa, me acompañó todos los días a través de sus columnas en la sección de «ciudad» del periódico Reforma. Hoy solo digo Gracias Dios por ese gran hombre. Que desde el cielo les eche un balde de agua helada a los morenucos y se congelen ya.
Abrazos hasta el cielo a Don Germán y mi agradecimiento x tantas horas maravillosas leyendo su columna. Saludos para Ud Don Angel desde Colima México
Abrazo
Lo recuerdo tanto, comencé a ver que algo no estaba bien porque no eran las columnas de siempre, recuerdo haber sentido mucha tristeza cuando leí su columna de despedida, la releí después de su muerte y tomo otro sentido, lloré más, su columna me acompañaba en momentos que eran oscuros para mi
Recuerdo la casa de piedra y flores que imaginaba en mi cabeza, se le extraña a Don Germán!
Abrazos Ángel!