Me lo hago fácil
16 de enero de 2026
Por Ángel Dehesa Christlieb
“Malo si sí, malo si no ni pregunteeeeeees”
Esta frase del “Bolero Falaz”, del grupo Aterciopelados, resume, seguramente, la llamada que tuvieron Trump y Claudia Sheinbaum esta semana.
Tengo para mí que al buen Donald nunca habrá manera de darle gusto, simplemente porque lo que a él le interesa es vivir peleándose con el mundo, para poder así tener a su electorado en vilo, diciéndoles que siempre hay un enemigo al acecho, listo para saltar sobre la tierra del hot dog y la hamburguesa y dispuesto a transformar los codiciados McDonalds en expendios de borchst, o en locales de arroz frito con fideos y tortas de pato laqueado.
Sus justificaciones acerca de la, según él, urgente compra de Groenlandia como: “no queremos a Rusia de vecino” (si ves un mapa, Rusia está más cerca de Alaska que Groenlandia) o “no porque los daneses hayan atracado en un barco hace 500 años quiere decir que son dueños de la tierra” (y ¿cómo se formaron los Estados Unidos, oiga?), resultan un gran material para videos cómicos (busquen “The Daily Show”), hasta que pensamos que el señor tiene un arsenal a su disposición y la voluntad de usarlo.
Uno, que se las da de pensante, cree que las discrepancias, las discusiones y hasta los conflictos, son parte natural de las relaciones humanas, ya sea entre personas o entre naciones e, incluso, pueden ser muy provechosas, siempre y cuando ambas partes discutan para llegar a acuerdos y, sobre todo, estén dispuestos a escuchar al que tienen enfrente y no estén enamorados del sonido de su propia voz.
Imagínense entonces cómo puede haber sido la llamada entre la presidenta, quien camina sobre el filo de la navaja, atrapada entre las presiones que le llegan desde Palenque para defender a los testaferros del narco, hoy vestidos de guinda y colocados del “lado correcto de la historia” (de la historia no sé, del lado correcto del flujo del cash, sin duda) y un niño malcriado, atrapado en un cuerpo de Chucky gigante, al cual solo se le aplaca dándole trofeos inventados por la FIFA, medallas del Nobel de la Paz (para eso me gustabas, Machado) o una estrella de Marshall honorario para colgar en su pared.
No importa lo que le prometa, le ofrezca o le entregue Claudia a Trump, siempre será poco para el insaciable habitante de la Casa Blanca, al cual las petroleras de su país le salieron respondonas y, tarde o temprano, tendrá que ver cómo se sale de Venezuela, porque la presencia militar de Estados Unidos en el país sudamericano, van a ver, resultará ser un clásico caso del caldo y las albóndigas.
Lo malo es que ahí, a los que, como dice mi admirado Jaime López, les tocará “pagar el pato bato”, será a los venezolanos de a pie, porque los gringos se llevaron, voluntariamente a fuerzas, al despreciable Maduro, (que aguas, ni que aguas con los SEALS el apañón), pero dejaron intacta la maquinaria chavista, porque, para lo que a ellos les interesa, es más fácil dialogar de corrupto a corrupto.
Ojalá que, cuando los gringos se salgan, en algo haya mejorado la situación de quienes llevan sufriendo más de dos décadas de una dictadura, avalada y sostenida por países que se dicen de izquierda y, uno de ellos (adivinen cuál y por conducto de quién), presume ser el “más democrático del mundo”
En este viernes, por lo tanto, la verdad yo no quisiera estar en los zapatos de la presidenta, quien seguro le dijo a Trump “no más” y el “se cag… de risa”.
Preferiría ser la alcaldesa de Acapulco, a quien nuestro flamante poder judicial le acaba de otorgar inmunidad para que no responda por sus raterías, desvíos de fondos y joyería regalada por el pueblo que “la ama”, mientras Claudia, la del “llegamos todas”, se pasea por la costera con el impresentable Félix Salgado Macedonio, el “sugar daddy” de Guerrero, codo a codo y siendo mucho más que dos.
No pos guau, digo yo al ver el alentador principio de año, a nivel nacional y mundial, con el agravante de que, en la CDMX y en varios estados del país, hace un frío pelón, como quien esto escribe.
Yo he decidido, en recuerdo de mi también calvo progenitor, comprar algunas cobijas y repartirlas a quien las necesite y, con cortesía, pero con firmeza, insto a mis lectores a hacer lo mismo.
Parece poco frente a los Trumps, las Claudias, los Salgados Macedonios y demás fauna dañina empoderada, pero, recuerden, cuando de bondad se trata, no hay gesto pequeño y, si le quitamos el frío a alguien, aunque sea a una persona, ya le agregamos una gotita a la vasija del bien.
Hagámoslo y, si hoy les toca, tápense.
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2 comentarios
Excelente comentario. Me encantó lo de Chucky, mejor imposible. Saludos para ti Ángel
Saludos y un caluroso Abrazo
Siempre me haces el día