Se me hizo fácil Para Eugenio Toussaint

 

 

Se me hizo fácil

16 de enero de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

Para Eugenio Toussaint.

Mi idilio con la música comenzó en 1989, cuando estudié el primer año de preparatoria en Dallas, Texas.

Mis tíos y mi primo me recibieron en su casa, me alimentaron (supongo que por eso solo me aceptaron un año), me hicieron sentir bienvenido y fueron esenciales para que fuera uno de los años más felices de mi vida.

Hubo algunos cambios a los que no fue tan fácil adaptarme.

Desde primero de primaria hasta ese momento fui al Colegio Madrid, una escuela mixta, fundada por republicanos españoles liberales, en donde fui muy feliz.

En Dallas, mi primo asistía y, por lo tanto, yo también a una escuela de Jesuitas, en la cual había que ir con saco y corbata y era únicamente para hombres.

Sorprendentemente, también fui muy feliz, sobre todo cuando, después de varias experiencias desagradables, aprendí que hay que subirse la corbata antes de usar el mingitorio.

Como en todas las escuelas gringas, la Jesuit College Preparatory School of Dallas, tenía una gran cantidad de actividades extracurriculares para escoger, las cuales iban de las deportivas a las culturales.

Al ver mi apolíneo físico, varios de los entrenadores se disputaban mis servicios, el coach de americano me rogaba para que fuera su corredor de poder, mientras que el de basquetbol quería que encabezara a los a “Rangers” como delantero de poder y el de lucha grecorromana me quería para anclar su línea.

Finalmente, me decidí por… la banda, cualquiera podía ser un deportista musculoso, pero entendí que las mentes superiores estábamos hechos para la música, el arte, la belleza.

Y era la única organización, además de los porristas, en la cual convivíamos con chicas de la vecina escuela de monjas Ursulinas.

¿Y no necesitabas saber tocar un instrumento para estar en la banda?

Aparentemente, la banda no era una de esas organizaciones donde la gente se mataba por entrar, así que, si sabías caminar y tenías dos manos para cargar una trompeta, saxofón, flauta o tambor, la banda te necesitaba.

Cuando llegué al primer día del campamento (sí, el “band camp” del que hablan en “American Pie”, pero lo de la flauta es una licencia poética) a recibir mi saxofón tenor, mientras sudaba como puerco en el sol texano y aprendía a marchar poniendo un pie enfrente del otro, pensaba que quizá la vida en el reino de la testosterona no era tan mala después de todo.

Hasta que comenzó la música…

El director de la banda, Mr. E. Thayne Tolle, quien tenía un extraordinario parecido como el papá de Young Sheldon, tenía debilidad por el jazz y el funk, así que la lista de canciones para tocar en el medio tiempo incluía “Walk the dinosaur” de Was not was, Basin Street Blues de Louis Armstrong y Birdland de Weather Report.

Aunque en esa época no tocaba bien ni la puerta, me sentí orgulloso de ser una pequeña parte de la música y ya no quise dejar de serlo.

Desde ahí hasta hoy la música está en mi vida y mi vida es mejor por ello.

Felicidades a todos los compositores.

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