Se me hizo fácil
17 de enero de 2025
Por Ángel Dehesa Christlieb
De infomerciales y elegías
El miércoles pasado, como lo hizo The Police en su canción “Message in a Bottle”, arrojé una botella al mar preguntando a la gente de mi lista de distribución ¿quién estaría interesado en aprender a escribir conmigo?
¿Ya ven por qué les conviene estar en mi lista?
No tiene costo, no publicamos memes con bendiciones de Piolín cada mañana y hay contenido exclusivo que se están perdiendo, todo porque Dios no les da licencia para abrir un navegador de internet desde su dispositivo de conveniencia, entrar a www.angeldehesac.com y mandarme un mensaje.
Allá ustedes y su mala cabeza, pero varios de los que sí están en la lista respondieron de manera afirmativa, por lo que les agradezco muchísimo y, tanto a ustedes como a ellos, les quiero compartir que, a finales de la próxima semana, se abrirán las inscripciones para:
(Es el momento de poner efecto de redoble de tambor)
“La letra con amor sale: escritura para el alma, cuerpo y corazón”.
Cuando empecé a escribir, había planeado que esta columna fuera un largo infomercial donde, con un lenguaje digno de merolico de esquina, les ensalzaría todos los beneficios, bendiciones y bellezas que he obtenido tras mi decisión de escribir cada día y dar ese salto al vacío que significa escuchar a mi voz interna y poner sus palabras en pantalla (ya no uso papel), para luego compartirlas con ustedes.
Como dijo el dueño del rompecabezas incompleto: “no se armó”.
Y no se armó porque hay cosas que no pueden esperar, aunque retomaré el infomercial en fechas posteriores.
Vayan pensando sí les interesa aprender y aprenderse a través de la escritura con la atenta y amorosa guía de acá su muñeco de sololoy y, si sí, mándenme un mensaje al 55 2699-5827 para recibir la información pertinente.
Mientras, vamos a lo que urge e importa.
Al Doctor Carlos Alberto Romero lo conocí, físicamente, muy poco, porque radicaba en Tabasco y yo, lamentablemente, he visitado pocas veces ese edén que me dice ven, ven, ven.
Seguramente nos habremos cruzado en alguna de las reuniones anuales de la Sociedad Mexicana de Salud Pública, organización que, desde hace unos años, me honra con la oportunidad de servir, como director de comunicación, a una de las comunidades menos reconocidas y más indispensables de nuestro país: los salubristas.
Recuerdo aquí la frase de Groucho Marx que decía “yo no confiaría en ninguna organización que me tuviera a mí como miembro”, pero la SMSP, a pesar de mí (quiero pensar que contribuyo un poco), es un activo valioso para la salud de nuestro país.
Como dijo el búmerang, regreso a dónde estaba.
Al Dr. Romero lo conocí poco, pero a la que sí traté, trato y trataré es a su esposa, mi querida, queridísima Silvia Roldán, mujer de una pieza, de sonrisa encantadora y férreamente comprometida con servir a los demás, quien, desde el primer día que me vio, tuvo el exquisito gusto de decidir que íbamos a ser amigos y, hasta hoy, se ha mantenido en su acierto.
Silvia, aunque nunca hubiera visto al Dr. Romero, me basta saber que tú lo elegiste como tu compañero, como el padre de tus hijos, como la persona a la cual apoyar y en la cual apoyarte en los momentos difíciles y como el puerto en el cual descansar y celebrar los logros y sortear los sinsabores.
Como el amor de tu vida.
Nomás por eso, yo estoy seguro de que hoy, que Carlos ya no está en este espacio físico, el mundo tiene un poquito menos de luz y las lágrimas que hay en mis ojos porque tú, mi querida Silvia, estás, como me lo escribiste: “inmensamente triste”, están plenamente justificadas y hasta son pocas.
Silvia, te mando abrazos, te mando besos, te mando apapachos y te mando estas palabras, que salen de me corazón en el que habitas siempre y que solo buscan ayudarte a poner paz en el tuyo que es, fue y será, la casa donde Carlos vivirá siempre contigo.
Te quiero mucho.
2 comentarios
Gracias por dedicar su columna a la memoria de mi Tío Carlos, un ser humano extraordinario, trabajador, honesto, bondadoso y con gran sentido del humor.
Te leo y me apoyo en el texto para sentirme mejor, pues yo perdí a mi esposo en septiembre 24 del año pasado. también sigo «inmensamente triste»