Se me hizo fácil: en qué momento

Se me hizo fácil

20 de enero de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

¿En qué momento?

¿Cómo va su lunes?

Seguro no mejor que el de Donald Trump, quien, después de cuatro años de esquivar escándalos, arrestos y responsabilidades, tendrá hoy la oportunidad de ver si el chicle que pegó en el escritorio de la oficina oval sigue ahí.

Ah… y de asumir, nuevamente, la presidencia de su país.

Escucho a muchas personas fuera de Estados Unidos, muchos de ellos en puestos de poder, que, con aire de superioridad, se llenan la boca diciendo que Trump no es más que la consecuencia natural de la decadencia de su país y lo afortunados que somos porque “nosotros no somos iguales”.

Como dijo el señor con la vasectomía, cuando su novia le dijo que estaba esperando a su hijo: “lo dudo”.

Hoy es Trump él que toma posesión en Estados Unidos, pero estoy convencido de que su reelección, por paliza, es un síntoma más de una epidemia que aqueja, desde hace tiempo, a todo el planeta, la cual emplea múltiples discursos, se presenta como izquierda, derecha o lo que se requiera para convencer al electorado, pero, en esencia, actúa bajo los mismos retorcidos y tóxicos preceptos.

Y me pregunto: ¿en qué momento…?

¿En qué momento decidimos que las ideologías absolutas (aunque sean las de la mayoría) que condenan y persiguen la discrepancia y la diferencia de opinión y, por lo tanto, niegan la posibilidad de evolucionar, resultan convenientes en un gobernante?

¿En qué momento concluimos, después de haber vivido represión, guerras o limpiezas étnicas, que lo mejor para crecer como especie es empoderar a quienes abusan de los medios que el poder les otorga para enfatizar, una y otra vez, las falsas diferencias entre “nosotros y ellos”?

¿En qué momento pensamos que nos beneficia dejarnos convencer de que “nosotros” como “patriotas” tenemos el “deber” de ignorar, desacreditar o erradicar, cómo sea, las opiniones y, cuando se pueda, hasta la existencia de “ellos”?

¿En qué momento creímos y creemos que una persona que no está dispuesta a pedir perdón y para la cual admitir un error es un signo de “debilidad” es la más calificada para tener poder?

¿En qué momento se nos ocurrió que alguien que no cree en rendir cuentas, basándose en las MENTIRAS de que la realización de su “proyecto” justifica cualquier acción, o que “todo lo que ha sufrido” o que el “mandato del pueblo” o “la voluntad de Dios” lo hacen “moralmente superior” es merecedor(a) de admiración y digno(a) de nuestro voto?

¿En qué momento nos convencimos de que la política tiene que ser una eterna confrontación, en la que nadie debe escuchar, sino gritar más fuerte, en la que no se busca concertar y sumar, sino imponer y disminuir?

¿En qué momento le creímos a mentirosos comprobados que debemos vivir con miedo, con el cuchillo entre los dientes, desconfiando de todos y, sobre todo, que a ellos les interesa usar el poder que les damos para cambiar esas condiciones, lo cual los haría innecesarios e irrelevantes?

¿En qué momento decidimos que es mejor que nos gobiernen falsos “iluminados” que nos ofrezcan hacerse responsables de nuestras vidas, siempre y cuando renunciemos a nuestro derecho a pensar, opinar y ser diferentes, en lugar de humanos, con defectos y virtudes, que no lo sepan “todo”, pero que estén dispuestos a escuchar, a aprender y a mejorar?

Y lo más importante.

¿En qué momento nos decidiremos a no vivir así y nos haremos responsables de salir del hoyo en el que nos permitimos caer dándoles voz, voto y poder a quienes nos digan la verdad, saquen lo mejor de nosotros y nos ofrezcan ENCABEZAR UNA COOPERACIÓN en la que todos participemos, para poder crecer y no necesitarlos algún día, en lugar de mantenernos eternamente dependientes y necesitados de su incuestionable “liderazgo”?

La elección es nuestra.

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