Se me hizo fácil
6 de enero de 2024
Por Ángel Dehesa Christlieb
Desde la tumba
Hola Ángel
Resulta difícil este ejercicio de escribirte, sobre todo porque yo soy tú, o por lo menos esa parte de ti que, a diferencia de lo ocurrido el pasado diciembre, sí llevó a cabo la idea, largamente meditada, de poner fin a tu existencia.
Los detalles son confusos, sí te puedo decir que no fue con arma de fuego, porque no vives en Waco, Texas, donde puedes comprar pistolas, municiones y un kilo de jamón en tu súper de conveniencia, además de que habría sido difícil no dejar las sábanas todas sangradas y, como ya te ha dicho tu madre hasta el cansancio: “se ve que tú no lavas la ropa”.
Lo más probable es que hayas decidido soltar los controles de tu coche (tanto que sufriste por ponerle la computadora nueva), en cualquier vía rápida de la CDMX, una noche entre navidad y año nuevo y el resto ya es historia.
Las razones sí las tenemos claras, tanto tú de tu lado de la pared, como yo desde tres metros bajo tierra o desde la urnita o el bote de Quik de vainilla, donde hoy están las cenizas de lo que pudieron recuperar de tu cuerpo después de retirar los fierros del muro de contención, mientras los policías y rescatistas refunfuñaban porque los privaste del recalentado.
No supiste administrar tus finanzas, te volviste a llenar de deudas y no lograste consolidar ninguno de los proyectos que te propusiste para el 2024.
A medida que avanzaba el año fuiste perdiendo motivación y disciplina y, en lugar de preguntarte “¿cómo genero dinero para vivir feliz?” te enfocaste en “¿cómo le pago al banco?”.
¿Qué crees Ángel?
Cuando tu objetivo de vida se centra en algo que no te va a hacer feliz cuando lo logres, tu vida no parece ni muy valiosa, ni muy divertida, ni muy digna de vivirse hasta el final.
Combinamos esto con tu inclinación a no permitirte aprender de tus equivocaciones, sino a castigarte por ellas de la peor manera posible, tendencia que te llevó a vender tu departamento hace tres años, cuando te encontrabas en las mismas, sin siquiera tomarte el tiempo para buscar otras alternativas que no incluyeran quedarte sin la casa en la que viviste 17 años y que tu tía y mamá te regalaron con todo cariño.
Situación que, hasta hoy, no te has perdonado, aunque de nada sirva recriminarte por lo que ya fue.
Siempre te has sentido inadecuado, carente de las herramientas que requieres para creer en y crear la realidad que quieres para ti, porque eso también significaría que ya nadie te tendría lástima o compasión.
Ah, porque cómo te aferras a errores y defectos, en lugar de verlos como oportunidades y retos para mejorar, los tratas como medallas que hay que pulir y exhibir constantemente, para que todo mundo se compadezca y, en una de esas, te resuelvan tus problemas porque tú solito no puedes.
Nunca te importó o, más bien, no quisiste que te importara la evidencia que desmentía todo lo que dicen los párrafos anteriores, siempre le tuviste miedo a la libertad y a la responsabilidad que trae consigo, por lo que nunca te atreviste a intentar nada porque: “si no lo intento, no fracaso”.
Y no intentaste nada, incluyendo pedir ayuda, no desde la carencia o de la lástima, sino desde la responsabilidad y madurez de quien entiende que no lo sabe todo y está dispuesto a escuchar y a trabajar para mejorar su situación sin la falsa convicción de que todo se le debe dar en bandeja porque “estoy chiquito y no puedo”.
Tú mismo no te juzgabas suficiente, no importa cuál fuera la tarea a conseguir y estabas preparado siempre para reconocer y recriminarte por lo malo que te ocurría, pero no para aceptar las cosas buenas que te llegaban o que lograbas como mérito propio, porque eso significaría que TÚ eres capaz de crearte una vida mejor y eso rompía la prisión mental y emocional que habías construido y en la cual estabas tóxicamente acomodado, aunque nunca feliz.
Todo esto te (nos) llevó a donde estamos ahora, yo, que soy tú, escribiéndote a ti, que eres yo, desde ese lugar del cual nadie ha vuelto porque ya no había, según tú (yo), otra forma de castigarte por tus errores más que ponerle fin a todo.
Dado que te estoy (estás) escribiendo esto el Día de Reyes del 2025 y estás (estoy) leyéndolo esto quiere decir que tú no hiciste lo que habías planeado por varios meses, que te diste cuenta y aceptaste que hay metas y situaciones por las cuales vale la pena seguir aquí y que llegaste a la conclusión de que hay más de una solución para este o para cualquier problema y no tienes que tomar siempre la más difícil.
Tomaste conciencia de que puedes pedir ayuda, sin miedo al juicio, porque hay muchas personas que te quieren porque tú has sabido quererlas y te auxiliarán como a un adulto, no con soluciones mágicas e instantáneas, pero sí duraderas y liberadoras.
Sabes también que pedir y recibir ayuda no es un acto de debilidad ni injusticia, porque tú estás dispuesto a ayudar también y tienes mucho que aportar para mejorar tu vida contribuyendo a que otros mejoren la suya.
Sigues angustiado por lo que vendrá, pero estás dispuesto a afrontar las consecuencias de tus decisiones y entiendes que tu propósito inmediato es el de ayudarte a ti mismo, porque puedes hacerlo, a salir del agujero en el que te enterraste.
Te dejo por lo tanto Ángel, esta parte de ti, que has elegido dejar atrás, muere y se queda en 2024, quiérete y cuídate.
Gracias a los que llegaron hasta aquí.
Te ofrezco disculpas, querido lector.
Esto no es, de ninguna manera, un chantaje emocional ni un intento de inspirar lástima, sino una admisión de responsabilidad, un reconocimiento de que quiero seguir vivo y estar mejor y, sí, también es una petición de ayuda que a nadie obliga, pero no quiero encerrarme en un orgullo mal encauzado.
Si alguien sabe de finanzas y quiere escucharme y echarme una mano para deshacer el nudo que yo solito até, se lo agradezco de antemano y mi contacto está al final de este texto.
Lo que más me importa es si alguien tiene trabajo para mí como creador de contenido, escritor, conductor, locutor o lo que se le ocurra (aprendo rápido y tengo buena actitud) o está interesado en tomar o promover talleres, procesos y/o cursos individuales o colectivos para mejorar su vida personal, laboral, relaciones o toma de decisiones, por favor búsqueme, seguro podemos hacer algo que nos aporte a ambos.
Seguiré escribiendo, ya en otro tenor, pero necesitaba sacar esto, para darle nombre y dimensión a mi miedo, lo cual es el primer paso para enfrentarlo.
Gracias por leerme y que los Reyes de oriente les traigan paz, abundancia y las herramientas para ser felices.
Si quieres recibir esta columna en tu teléfono o platicar conmigo, mándame un mensaje desde www.angeldehesac.com
2 comentarios
Siempre hay una forma de resolver lo difícil e intrincado,si lo que te afecta es económico hay solución, disciplina es el aderezo para ello.
Reinventarse, reiniciar o buscar estabilidad es la única manera de lograr que eso que dices realmente quedé atrás.
Te lo dice alguien que hoy tiene varios problemas que resolver mañana y aún está trabajando en ello.
Lo vamos a lograr.
Un abrazo
Escribir es un arte pero escribir desde el fondo de tu ser es sencillamente admirable.
Todos tenemos nuestro lado difícil y tus palabras han resonador conmigo.
No sé de finanzas sino con gusto me pondría a tus órdenes pero sí sé de malas rachas y siempre se salen de ellas.
Te abrazo hoy, día de reyes y todo el año