Se me hizo fácil: el viejazo

Se me hizo fácil

21 de febrero de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

El viejazo

Después de casi un año de escribir esta columna, en sus distintas nomenclaturas, me siento con la confianza de hablar de cuestiones íntimas, candentes y de escalofriante actualidad.

Primero les voy a dar contexto.

Un día, cuando andaba entre los 12 y 13 años, me quité la ropa para meterme a la regadera y, de pronto, ahí en mi pubis, exactamente arriba del lugar donde se encontraba (y se encuentra) mi más preciada posesión… distinguí dos raquíticos pelos.

¿Cómo llegaron ahí?

Esa fue la pregunta que me hice, mientras procedía a tomarlos con mis manos para “limpiarme”, porque seguro no eran parte de mí.

El hecho de que permanecieron en su lugar y el dolor que me puso los ojos bizcos y me sacó una solitaria lagrimita, me indicaron que…

a) Esos pelos no habían llegado de fuera y…

b) Habían llegado para quedarse y pronto tendrían refuerzos.

Cursaba el sexto grado de primaria y algo había aprendido en la clase de ciencias naturales acerca de la glándula “hipófisis” y las hormonas que secretaba, las cuales, según nos explicaba la maestra Lupita, propiciaban que los cuerpos de los “seres humanos” cambiaran y se volvieran “adultos”.

A esa edad, yo escuchaba hablar de lo que les pasaba o les pasaría a los “seres humanos” y, extrañamente, no pensaba en mí como parte de ese conjunto.

Se me llenaron los ojos de lágrimas, ya no por el jalón de vello, sino porque me di cuenta de que una etapa de mi vida estaba terminando y, la verdad, a mí nadie me preguntó si yo ya estaba listo para crecer.

Lo más complicado, es que, a partir de ese momento, mi cuerpo comenzó a jugarme chueco y a cambiar sin avisarme, justo cuando ya me estaba acomodando en él.

En esas me encuentro hoy, con algunas diferencias.

En la adolescencia nomás lloré un ratito porque, bien que mal, me llené de vigor, comencé a sentir la hormona retozona a todo lo que daba y hasta asustaba a mi mamá levantándome cada mañana con un grito como de Tarzán embravecido.

Hoy, que recién paso los 50, el grito se ha convertido en una cosa entre gemido y bostezo, ya no parecido al de Tarzán, sino al de un Chita geriátrico, que solo quiere permanecer sentado en la hamaca comiendo su frutita y un tececito.

El vello que cubre mi cuerpo (que sí es comparable al de Chita), se torna cada vez más blanco, lo mismo que mi barba y los pocos cabellos que quedan en mi cráneo, aunque, para ser precisos, esos se fueron hace mucho, cortesía de la genética de mis antepasados.

Estoy en la edad del “yo nunca”

Yo nunca me había tenido que levantar tantas veces durante la noche al baño.

Yo nunca había tenido que ir al fisioterapeuta porque la ciática me dio un latigazo en la espalda… después de estornudar sentado en un sillón.

Yo nunca había tenido que usar varios pares de lentes, los de lejos, los de cerca, los de cerca/lejos y los que tengo en un cajón para buscar los otros cuando se me pierden.

Yo, yo nunca había durado tres horas seguidas en el acto sexual…

Como decía Polo Polo… dos horas y tres cuartos para que se decida a trabajar (mi más preciada posesión) y ya luego los 15 minutos restantes, con todo y abrazo posterior.

Y, si como adolescente lloré, uno pensaría que, en esta etapa, hoy que siento “el viejazo” a flor de piel, yo debería estar como la “Muñeca fea”, escondido por los rincones, temeroso de que alguien me vea y platicando con los ratones.

Pues fíjense que no.

Acepto y disfruto a la persona que soy hoy, reconozco que tengo muchas oportunidades para mejorar mi cuerpo y mi mente y que mi calidad de vida puede ser mucho mejor, siempre y cuando decida tomar en serio la gozosa labor de cuidarme a mí mismo.

Comprendo ya que la felicidad no es un destino, sino una búsqueda permanente que me llevará por momentos agradables y otros no tanto, pero de todos se aprende y se rescata algo, si así lo elijo.

Muchas gracias a todos ustedes por ser parte de y amortiguarme el “viejazo”, en el cual estoy disfrutando de mi vida como hace mucho no ocurría.

Además, es viernes.

Hoy toca y quiero celebrar el haber llegado a los 250 lectores en la lista de distribución, la cual, como parte de mi plan para dominar el mundo, quiero que siga creciendo.

Así que, si quieren ayudarme a aplicar la de los espartanos en las Termópilas y cooperar para llegar a los 300, entren a www.angeldehesac.com y manden un mensaje para ser incluidos o cuéntenme de su propio viejazo.

Si ya están registrados, pueden solicitarme agregar a sus amigos, enemigos o a esa persona a la que no saben qué regalarle porque lo tiene TODO.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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