Se me hizo fácil: exterminio y adiestramiento

Se me hizo fácil

25 de marzo de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

Exterminio y adiestramiento

Hoy estuve leyendo en Facebook a Michelle Solano, quien se autodefine como una “budista punk” y escribe requetebien, les recomiendo sus textos, si los acepta en su cuenta, claro, porque nomás es para los cuates.

Su análisis acerca de la miseria (no hay otra palabra), con la que las autoridades intentan “tranquilizarnos” y convencernos de que el Rancho Izaguirre no es un “campo de Exterminio” que porque no tiene hornos, que porque no lo financia el Estado (está por verse si, más bien, al actual Estado lo financian los del rancho) y que nomás es un lugar donde se llevaban personas a la fuerza, los adiestraban para matar y luego los usaban como carne de cañón para el crimen organizado, es impecable, directo y, si no fuera por el tema, resulta hasta gracioso.

Por un lado, me da gusto coincidir con Michelle, porque, como decía mi Tía Epe ya con unos rompopes entre pecho y espalda: “me tranquiliza que la gente inteligente piense como yo”, pero también fue uno de esos momentos agridulces en los cuales te das cuenta de que ya dijo, de manera excelente, todo lo que tú querías decir.

Y a ver de qué escribes tú para mañana.

Afortunadamente, unas horas después, esa encarnación libanesa de Chanoc que es Omar Hamid García Harfuch, cuya madre fue mi primer amor infantil, continuó explicándonos que bueno, “de exterminio”, lo que se dice “de exterminio”, pues no era, sino más bien era un “campo de adiestramiento” donde operaba un señor llamado “El Lastra”, quien trabajaba con “El Sapo” reclutando personas por redes sociales, para después convertirlas en sicarios.

Y bueno, sí, si te resistías al “entrenamiento” pues sí te mataban, pero era una cosa pedagógica.

Como dice Rin tin tin… no pos guau.

Ya con esta detallada explicación, yo debería de poder dormir en la noche u ocuparme de celebrar la gesta heroica de Raúl Jiménez, el británico de Tepeji, quien dejó a los canaleros tendidos en el césped del SoFi Stadium.

Pero… hay algo que no me cuadra.

Ya he dejado establecido que yo soy un reptil venenoso y mal pensado, un ofidio de la tecla, cuyo cascabel resuena antes de morder y pues, al escuchar al justiciero fenicio describiéndonos con lujo de detalles el “modus operandi” (uno que sí ve series policíacas) de “El Lastra” y sus compinches, pues, la verdad me pregunto:

¿Y desde cuándo sabían esto?

Una de dos…

Ya lo sabían desde hace tiempo, porque estoy seguro de que muchas personas denunciar y no hicieron nada hasta que las madres buscadoras y organizaciones civiles que las acompañan les pusieron a la opinión pública en la yugular…

O les tomó menos de una semana averiguar quién era “El Lastra”, encontrarlo, detenerlo y armar todo el rompecabezas macabro, lo cual demuestra que tienen la capacidad para trabajar y obtener resultados, nomás que solo la ejercen cuando no tienen más remedio.

Ninguna de las dos los deja bien parados.

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