Se me hizo fácil: víctima de mi éxito

Se me hizo fácil

11 de abril de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

Víctima de mi éxito

Cuando AMLO llegó a la presidencia comencé a hacer una serie de videos que se llamaban “Ángel o Demonio” en la cual me ponía una capucha, unos lentes oscuros y me dedicaba a criticar al tabasqueño por… pues por lo que fuera criticable en ese momento.

Estarán de acuerdo conmigo, queridos lectores, en que hacer eso, en ese entonces u hoy en día con los que hoy nos gobiernan es, como decía mi padre: “más fácil que encuerar une borrache”, conste que lo puse en lenguaje inclusivo, para ofender parejo a quien quiera darse por “aludide”.

Aunque comencé a tener cierto éxito, dejé de hacer “Ángel o Demonio” cuando me di cuenta de la manera en la que yo me sentía cada vez que tenía que leer noticias, o cuando grababa los videos, además de la imagen que yo estaba proyectando hacia el exterior.

La de una persona enojada, llena de crítica estéril y bilis.

Igual que el mundo de hoy en día…

No es solo en México, no importa hacia donde voltee, veo lo mismo en todos los “políticos” que están o aspiran a estar en el poder, todos venden ira, miedo, desconfianza y odio.

Si eres de otro lugar… eres peligroso y quieres quitarme mi trabajo.

Si no piensas como yo… es porque seguramente eres una mala persona o no quieres que yo progrese.

Si llamas a Dios de manera diferente… tengo derecho a atacarte, silenciarte o humillarte porque todos los de tu raza o religión son (sobre todo si son hijos de Isaac o de Ismael) por definición, asesinos o conspiradores que dominan el mundo y, por eso, en una universidad, un centro de aprendizaje y tolerancia, un grupo de subnormales “piensa” que maltratando a una académica de 95 años hacen “activismo” por Palestina.

Si tu piel, tu idioma o tu cultura no son los que yo considero “buenos”, no vale la pena ni siquiera molestarme en saber quién eres, de dónde vienes o qué puedes enseñarme que no sepa, en cuanto pueda te encierro, te deporto o te mato.

Si piensas que eres feliz o que puedes o debes serlo, eres un tonto que no se ha dado cuenta que necesitas un tren ecocida, un concierto de Grupo Firme que a ti nunca te alcanzará para pagar o, ya de plano, Groenlandia, el Canal de Panamá y que todos te digan “papacito chulo”.

Ah y nunca te permitas cuestionar mi pensamiento, la legalidad de mis acciones o mis motivos porque “no somos iguales”, yo soy un “demócrata”, “republicano”, “amoroso” y “humanista”.

¿Te queda claro, imbécil?

Y así me puedo seguir por horas.

¿Cuándo fue la última vez que escuchaste a alguien que tenga poder o que aspire a tenerlo decir “confío en que podamos llegar a acuerdos con nuestros vecinos o con quien piense distinto, lo cual será benéfico para todos, porque aprenderemos a convivir y a entendernos unos a otros”?

Nunca, o, por lo menos, yo no lo recuerdo.

Seguramente muchos de ustedes, queridos lectores, ya están cambiándole a la pantalla para ver algún texto donde haya una saludable y familiar dosis de pesimismo y anuncios del apocalipsis, el cual llega hasta ustedes en cómodos pagos sexenales, cortesía de la 4T.

Han de pensar que soy un ingenuo por pensar que algo así como lo que planteo podría o debería ser posible.

Llevamos décadas, si no es que siglos, programados para y eligiendo admirar y seguir a quienes alimentan o confirman nuestros prejuicios, nuestros miedos o a quienes nos hacen sentir que darle rienda suelta a nuestros peores sentimientos es lo correcto e, incluso, un deber que Dios, la patria, el pueblo o tu raza te demandan.

En el corto plazo, siempre resultará más fácil pertenecer y encontrar a quienes prefieren dinamitar el mundo, aislarse de lo diferente o vivir enojados y debo confesar que, cuando decidí llevar esta columna por el lado de la política, porque, según los fríos e implacables números, es lo que más interés despierta, me preocupaba que la ira y la muy fácil queja sin propuesta se apoderaran de mis letras y, a veces, me siento como si así fuera.

Son esos días los que me recuerdan que, si no cuido mi cuerpo, mi mente y mi alma, si me dejo ganar por la ira, por el miedo y por el odio, que tan en boga están hoy en día, si no me ocupo de que en mi vida haya belleza, de que haya música en mis oídos y en mis dedos, de que las inteligentes, alegres o tristes letras se aniden mis ojos, de que haya amigos en mi mente y amor en mi corazón…

Entonces habré perdido lo que me llevó a escribir en primer lugar.

Y no quiero.

Hoy toca…

Si te gusta esta columna te doy cuatro opciones.

1) Entra a mi sitio web www.angeldehesac.com y mándame un mensaje para recibir esta columna diariamente en tu celular vía whatsapp, sin costo alguno.

2) Entra al enlace que está en el primer comentario y suscríbete a mi página, por 55 pesos al mes, tienes acceso a este y otro contenido exclusivo para suscriptores.

3) Compártela en tu muro o usa el enlace anexo para enviarla por whats, X o lo que tú quieras a quien tú quieras.

4) Todas las anteriores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *