Me la hicieron fácil
21 de mayo de 2025
Por Ángel Dehesa Christlieb
En la vida hay algunos momentos en que nos llueve en la milpita y hay otros, pocos por fortuna, en los cuales las nubes se alinean, se forma la tormenta perfecta y, por lo regular, te agarra sin paraguas, con camiseta Rinbros y con zapatos de tela.
El tráfico de Reforma, pasaditas las cuatro de la tarde, era cada vez más intenso, los autos, los autobuses, las personas cruzando. Mis tripas chillaban de hambre, porque me había salido sin comer.
No me importaba, porque un día que había comenzado mal se había transformado, inesperadamente, en la memorable fecha en la que iba a volver al radio y a tomar posesión de mi nueva oficina en el mismísimo Palacio de Bellas Artes.
Como dijo el descuartizador, vamos por partes, démosle un regreso al reloj hasta la noche del martes 20, a las 10:26, cuando acá su charro hacía una transmisión en vivo desde su cuenta de Tik Tok, cosa que me gusta mucho y se ha vuelto una de mis fuentes primarias de ingresos, tanto por la monetización de la cuenta, como por las citas para lecturas de Tarot que me genera.
En la euforia del intercambio con los asistentes, hice una broma acerca de la severidad del algoritmo de la plataforma, el cual concluyó con un calificativo poco favorecedor para los hijos del Celeste Imperio, hoy República Popular, que son los creadores y beneficiarios de Tik Tok.
No pasaron dos minutos antes de que la transmisión se interrumpiera de repente, apareciera una pantalla en blanco y me dijera “Discurso de Odio, acceso a Live suspendido hasta el 27 de mayo a las 10:26 de la noche”.
Me quedé frío, luego hice coraje, luego apelé, luego me dijeron que “gracias, pero no gracias, el castigo permanece” y bueno, me fui a dormir temprano, con la (muy cuestionable) “satisfacción” de haber aprendido algo que me serviría para el futuro.
Estaba algo preocupado por el tema de los ingresos que iba a dejar de captar y pensé que el hámster de mi cabeza iba a darse vuelo, pero, para mi sorpresa, me quedé dormido casi de inmediato y desperté al otro día, con la boca abierta, el cachete en un charco de babita y con mi cuerpo agradecido por las horas de sueño.
Estaba más tranquilo.
“¿Qué no soy yo el que le dice a mis clientes que los momentos difíciles son para crecer?”
“Digo, es una semana, tienes lo suficiente para aguantar, ya llegó la propuesta de trabajo de Fundación Slim, así que ni te preocupes.”
Pues, a crecer se ha dicho, me dije y comencé la mañana trabajando y disponiéndome a hacer algunas cosas que había pospuesto por el Tik Tok, para generarme ingresos por otras vías.
La vida tenía otros planes, porque, como ya dije: a veces, cuando llueve… diluvia.
Como a eso de la una, me llegó un mensaje al teléfono de una persona que conozco en la Asociación de Locutores, quien, como otras veces, me platicó que estaban buscando locutores para un trabajo, que la paga era buena y fija y que si quería que me propusiera.
“Por supuesto”, le dije y continué escribiendo.
Suena mi teléfono y me llegó un mensaje con el nombre de Haydée Boetto, actual subdirectora del INBAL y a quien conozco (no íntimamente), pero estimo mucho y, posteriormente, una llamada en la que “Haydee” palabras más, palabras menos, me preguntó si estaba interesado en dirigir Radio INBAL, la cual comenzaría transmisiones en la segunda quincena de julio.
A- “Oye, pero ¿has leído mis columnas y lo que digo del gobierno?”
“H”- “No importa, aquí todos somos libres, si aceptas, te vamos a pagar tanto, más ISSSTE, aguinaldo y demás, además de que podrás estar al aire, lo único es que, como aquí todos somos sindicalizados, necesitas dar una parte del dinero ahorita para pagarle tu plaza al sindicato y tiene que ser ahorita porque te necesito ya, lo demás lo vemos al rato que vengas, son $9834 pesos, te mando la cuenta ¿le entras? porque necesito saberlo ya”
Deposité y, por si esto fuera poco, aquí viene el acto más puro de maldad: “Haydée”, no contenta con haberme estafado, me citó en ese momento en su oficina del Palacio de Bellas Artes, en dia laborable, a las cuatro, con bloqueo por marchas.
Eso sí ya es de gente muy, muy mala y no pongo más feo porque ya no quiero que me censuren.
Iba en mi coche, sin importarme el lento avanzar del tránsito, porque iba feliz, como la lecherita del cuento.
Pensaba en todo lo que iba a hacer, en los programas que iba a armar, en las deudas que iba a pagar, en lo increíble que sería volver a estar detrás del micrófono, en cómo iba a explicarles a los lectores de mi columna que había aceptado un trabajo para el cual estoy calificado, en un área que me apasiona, pero que ya no podría, por coherencia, escribir en contra del gobierno, esperando que no pensaran mal de mí, en lo que les diría a Virulo y a Andreas Zanetti, en cómo iba a ser decirle a mi chica que ya tenía trabajo estable.
Llegué, me estacioné, me bajé y entré por la puerta de atrás de Bellas Artes, donde me habían citado.
Lo primero que vi: una hoja de papel en la ventanilla del recepcionista que decía “CUIDADO. Si te ofrecen trabajo en el INBAL es fraude” y una campanita sonó en mi cabeza.
Haydée, la real, me recibió en su oficina, muy extrañada, la campanita se volvió el coro de la Catedral y el resto ya lo saben.
Estas personas hacen lo mismo con los directorios de las oficinas de gobierno, contactan a organizaciones legítimas para obtener “recomendaciones” y hacen lo que me hicieron a mí.
Aquí es donde todos mis lectores dicen… pero ¿cómo pudiste creer eso? ¿en serio no se te hizo raro?
¿Estás p-ejo? dirán los más empáticos.
Como dijo el bebé antes de aprender a hablar: “no les sé decir”.
Además de la llamada de la persona de la Asociación de Locutores, la cual me consta que fue real y de buena fe, porque conozco y estimo a la persona que me contactó y me ha propuesto para otros trabajos, además de la maldita casualidad de que quien me llamó se hizo pasar, sin ella saberlo, por una conocida y eso me bajó la guardia, quizá fue la “historia de cuento del día malo que se volvió bueno”, quizá fue la euforia de por fin encontrar un trabajo estable, en algo que me apasiona, después de un rato de no tenerlo, quizá fue mi total ignorancia acerca de cómo funcionan los sindicatos en México o, seguramente, me agarraron en mis 20 minutos de vulnerabilidad.
O todas las anteriores.
Hoy me encuentro casi a final de mes, con menos dinero en mi cuenta de banco, con pagos que no llegarán antes de 20 días y, extrañamente…
En paz.
Mientras regresaba por Reforma a vuelta de rueda (son malvados, les digo), pensé y pienso que la situación no ha cambiado, que los momentos difíciles son para crecer, que todos nos equivocamos o apendientamos en algún momento y lo importante es cómo respondo cuando eso pase.
A diferencia de esos imbéciles, yo tengo y usaré la capacidad para recuperar lo que me quitaron y más y no estoy solo.
Sigo en la misma situación que en la mañana, con la necesidad de generar vías de ingreso, además de las que ya tengo, vías que me sean útiles a largo plazo, no solo para resolver emergencias.
Escribo esto como terapia y esperando que a nadie más le pase lo que a mí, no para dar lástimas.
Tengo mucho que agradecer, mucho para compartir y mucha gente con quien hacerlo.
Es por eso que, a ti que has llegado hasta aquí, que me lees cada día, te ofrezco lo siguiente:
1.- Lecturas de Tarot, remotas o presenciales, con descuento especial del 30% si mencionas esta columna, por lo que pagas $700 pesos en lugar de $1000.
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2.- “¿Cómo crear buenos hábitos?” que te servirá para entender cómo se adquiere un hábito, por qué los malos son más fáciles de adquirir que los buenos y cómo darle la vuelta a esta situación.
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Muchas gracias.
1 comentario
Normalmente, disfruto tu columna, que frecuentemente me saca una sonrisa o una franca carcajada (o varias). Hoy ha sido distinto, hoy he aprendido algo importante, que aún no puedo explicar, pero en lo que me voy a enfocar, porque creo que sí es importante. Gracias, Ángel, un beso.