Se me hizo fácil
19 de junio de 2025
Por Ángel Dehesa Christlieb
Hay días donde la lluvia no solo está en el cielo, también fluye en el corazón, máxime cuando la gente buena y que te ha tratado bien tiene el mal gusto de morirse cuando antes nunca lo había hecho.
Conocí a Pepe Návar por mediación de lo que, en términos técnicos y parejísticos, se conoce como “una pasada administración”.
Yo estaba ingresando formalmente a los medios y Pepe ya era un pilar del periodismo musical, además de promotor de artistas como Joaquín Sabina, apasionado del cine “B” y del de luchadores.
Leo a varios periodistas y amigos que dan testimonio de la generosidad que tuvo con ellos como colega, mentor y cómplice, cosa cada vez más rara en los medios de comunicación donde todos se dedican a meterse el pie.
Conviví de cerca con Pepe porque fui, en dos ocasiones, parte del selecto, variopinto y mafioso grupo que recibía cada año la invitación para ver el Super Bowl en su casa.
Un abrazo a Teté, su esposa y a su hijo Christian.
Si conocí directamente a Isabel “la Güera” Turrent, no lo recuerdo, pero tengo muy presente su nombre porque era mencionado con frecuencia en mi infancia por mis dos progenitores.
Además de su trabajo como escritora, editorialista y formadora de pensadores en diversas instituciones, la señora Turrent tenía una academia para mujeres, en la calle de Cascada, donde mis dos papás dieron clases y, según me cuenta mi mamá, Doña Isabel fue de las primeras que tuvo amplitud de miras para darle trabajo a profesoras mujeres.
Señora Isabel, a nombre del primogénito de ese joven matrimonio, el cual seguramente, pudo comer gracias al trabajo que le dio a mis padres y a pesar de su recién revelado americanismo, le mando un saludo allá donde se haya ido, además de un abrazo a la familia Krauze Turrent, gracias a la cual, por mediación de mi querida Viviana Motta, el primogénito de ese ya no tan joven y separado matrimonio sigue pudiendo comer.
Se muere gente que antes no se moría.
Sigamos viviendo.
Si quieres recibir esta columna, entra a www.angeldehesac.com y mándame un mensaje solicitándolo.
2 comentarios
Así es querido Angel, la gente simplemente se muere y nos dejan con los abrazos, las sonrisas y las palabras que eran para ellos. Alguien dirá, daselos a alguien más, si, pero entonces serán para alguien más, pero las que verán para ellos, qué les hacemos?
Guardarlos en tu corazón hasta que encuentren su destino