¿Hace cuánto que no rezas?

Diario de un Hombre Fácil

¿Hace cuánto que no rezas?

Por Ángel Dehesa Christlieb

Cuando hablo de rezar, no me refiero al hecho de establecer una relación comercial con cualquier divinidad o ser superior, para pedirle aquello que crees que te falta o que necesitas o, simplemente deseas ofreciendo a cambio dádivas de recursos, buenas acciones o sufrimiento provocado.

Si me concentro en pedir o en reclamar, me concentro en mis carencias y, por lo mismo, pienso en mi vida como algo vacío lo cual me llevará a perder la motivación y las ganas de cuidar mi salud o de trabajar para crear las situaciones o cambios que quiero obtener.

Yo rezo cada mañana y cada noche, no sé a quién exactamente, aunque estoy convencido de que hay un ser, una luz o una entidad superior a mí, una que no puedo ni me interesa explicar o definir.

Lo primero que hago es agradecerle por todo lo bueno que hay en mi vida, que, afortunadamente es mucho, agradezco por tener salud, agradezco que nunca me haya faltado comida ni un techo, doy gracias porque hay mucha gente que quiero y me quiere, agradezco por la música que escucho, agradezco por la belleza que veo y siento y también por la que yo mismo soy capaz de crear.

Me felicito por mi propio papel e intervención en todas las cosas buenas que tengo.

Esto no es por soberbia, es reconocer y asumir que yo puedo y tengo que ser parte activa en pensar, propiciar y manifestar aquello que quiero, necesito o deseo.

Es darme cuenta de que, si ya logré hacer cosas para cambiar mi vida y hacerla mejor, está en mis manos y es mi responsabilidad el seguir haciéndolo.

Esto es maravilloso, porque me doy cuenta de que no dependo de nadie más para buscar mi felicidad.

Después de agradecer y agradecerme, el siguiente paso en mi oración no es pedir que me den, ni tampoco que me pongan donde hay.

Yo pregunto al universo y me pregunto a mí mismo.

¿Qué puedo hacer para lograr lo que quiero?

¿Qué paso puedo dar el dia de hoy para llegar a donde quiero ir?

¿Qué puedo aprender de las dificultades o momentos difíciles que estoy viviendo?

¿Cómo puedo adquirir las capacidades o conocimientos que necesito para obtener mis objetivos?

Las preguntas echan a andar mi mente, en lugar de solo predisponerme a esperar que las cosas ocurran.

Tengo la certeza de poseer o poder aprender las habilidades que me hacen falta para conseguir aquello que quiero, necesito o deseo a través del estudio, la constancia y la disciplina, sin que este proceso sea sinónimo de sufrimiento.

Enfatizo siempre mi responsabilidad y mi propia capacidad de mejorar, incluso si no me sale a la primera, porque, si yo lo decido, los errores son oportunidades de cambio y de mejora,

Poner esto en palabras, cada mañana y cada noche, en forma de una oración, como un ritual y un tiempo para conversar conmigo mismo y con aquel o aquella que me puso en este universo, en este momento y en estas circunstancias, me da la certeza de que estoy exactamente donde, cómo y cuando necesito estar.

Me da paz, me motiva y me impulsa a ser yo quien traiga la felicidad a mi vida a través de mis pensamientos, de mis decisiones y de mis actos.

Esa es mi oración de cada día

¿Qué opinas?

La realidad tiene límites, las palabras… no.

Si quieres ver más escritos como este entra a www.angeldehesac.com y, si quieres trabajar conmigo para estar mejor mándame un mensaje.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *