Se me hizo fácil
24 de junio de 2025
Por Ángel Dehesa Christlieb
Madrugaba el conde Olinos,
mañanita de San Juan,
a dar agua a su caballo
a las orillas del mar.
Con este romance anónimo español, muy acorde con la fecha, me dormía mi abuela María cuando mis padres me dejaban en su casa, para irse a alguna noche de francachela y perdición.
Llegaba la hora de dormir y ella sacaba de un mueble, construido ex-profeso en su biblioteca, uno de los veinte tomos del Tesoro de la Juventud.
Recorría las páginas del libro, empastado en negro, hasta llegar al apartado llamado “Libro de la Poesía” o el “Libro de las Narraciones Interesantes” y, como yo entonces no sabía leer, ella me proponía historias para que yo escogiera con cual iba a terminar mi día.
Mi abuela era una mujer estricta, entre otras cosas, se preocupaba siempre porque yo anduviera bien peinado, quizá porque, dados mis antecedentes familiares, ella sabía que el tiempo para lucir mi melena iba a ser limitado.
Su adustez, sin embargo, se tornaba en gozosa complicidad cuando me leía en voz alta, dando cuenta de cómo la envidiosa reina del poema mandó matar al Conde Olinos, por atreverse a levantar los ojos hacia su hija sin tener sangre real.
Mi abuela le ponía pasión al relato, incluyendo el usar voces diferentes para la malvada soberana y la suplicante princesa, quien clamaba por la vida de su amado.
¡No le mande matar, madre;
no le mande usted matar,
que si mata al conde Olinos
juntos nos han de enterrar!
La reina, obviamente, hizo oídos sordos a las súplicas de su hija y, con lujo de violencia, se deshizo del molesto pretendiente, al cual mandó filetear a la medianoche, a punta de lanzadas, mientras que la princesa, como buena adolescente contreras, en cuanto se enteró, entregó el equipo “a los gallos cantar”.
Habrá quien argumente que quizá no era lo más adecuado para leerle a un niño de cinco años, pero, venturosamente, la filosofía woke aún no se vislumbraba por el horizonte y si me preguntan, yo preferiría dormir a mis hijos (si los tuviera), leyéndoles las cuitas del Conde Olinos, en lugar de tener que explicarles los discursos de Trump o los desvaríos de la presidenta en la “Mañanera del Pueblo”, quien, por cierto, le debe estar escribiendo a Beatriz Gutiérrez Muller al son de “no me ayudes, comadre”.
Por lo menos el Conde Olinos y la princesa terminan reunidos, transformados en pájaros y volando juntos hacia el horizonte, a donde mi abuela María se fue hace ya varios años.
De ella nacería una garza;
de él, un fuerte gavilán.
Juntos vuelan por el cielo
Juntos vuelan par a par.
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