Se me hizo fácil 1 de agosto de 2025

Se me hizo fácil

1 de agosto de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

Conchita en quincena

No sé si les he contado, pero yo tengo MADRE.

Así, con mayúsculas, como se maneja en México.

Mi mamá no es la Tatcher, como arbitrariamente la bautizó mi papá en sus artículos (de esos apodos le reclamaré cuando me lo vuelva a encontrar), mi mamá se llama Concepción Christlieb Robles, tiene 80 años cumplidos y la opinión general es que mi madre es a toda madre.

Hemos tenido nuestros roces, como en todas las relaciones madre e hijo, de los cuales la responsabilidad es de un 60-40, con el porcentaje más alto corriendo a cargo de quien esto escribe, pero ninguno ha sido de consecuencias largas o irremediables.

Desde la pandemia, paso largas temporadas en su casa, que, no es por nada, pero está muy bonita y tiene un hermoso jardín el cual, en sus buenos tiempos, fue escenario de épicas fiestas, al grado de que fue bautizado por mi hermana Juana Inés como Salón de eventos “Mi Jolgorio”.

Últimamente y cuchileada por sus vástagos, Conchita ha decidido comenzar a deshacerse de varios de los objetos que, a lo largo de ocho décadas de vida, se han acumulado en su hogar, el cual se asemeja a la sucursal San Ángel de Galerías el Triunfo.

¿Necesitas un arpón de hueso de pescado elaborado en Papúa Nueva Guinea, por pescadores aborígenes?

Lo tenemos.

¿El manual de instrucciones de una cámara Nikon de 1955?

¿A dónde te lo mando?

¿Una reproducción en madera dorada del halcón-dios Horus en tamaño real?

Conchita te salva.

Cada uno de esos objetos tiene una historia, algunas más dignas de escucharse que otras, pero todas parte de la vida de Conchita, por lo que no le ha sido fácil deshacerse de ellos, pero, poco a poco, se queda con sus historias y se desprende de las cosas.

Entre los rituales que tenemos, de los cuales no nos hemos podido deshacer, es la ida al banco cada quincena, para que pueda retirar lo que necesita para sus gastos, porque a ella esto de las transferencias electrónicas le parece la labor del Maligno y usar los cajeros automáticos la expone a que el enanito que habita dentro de ellos cuente mal el dinero.

La preparación comienza desde la mañana, nos ponemos de acuerdo a la hora en la que debo estar listo con el coche y, ya que lo tenemos claro, me voy a preparar con unas meditaciones zen y ejercicios de serenidad porque, manejar con mi mamá, que hasta hace poco iba y venía sin depender de nadie, es un ejercicio de paciencia digno de cualquier monasterio budista.

Subimos al coche, comenzamos a circular y el instinto contra el peligro de Conchita, comparable al que Peter Parker adquirió cuando lo mordió la araña radioactiva, entra en acción y la hace ver amenazas por todas partes, las cuales enuncia con voz potente en medio de las avenidas más concurridas de la CDMX.

Llegamos al banco y, mientras escribo esto, la estoy esperando en el estacionamiento, mi ojito tiembla, mi pulso acelerado retumba en mi cabeza y todavía falta el regreso.

Soy muy feliz y afortunado de que mi madre esté con nosotros y, sobre todo, de que MADRE solo haya una.

Hoy toca…

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9 comentarios

  • José Luis Hernández dice:

    Dichosos quienes hemos tenido la fortuna de vivir una hermosa relación con nuestra Madre, la mía ya trascendida al nivel superior, por lo que te felicito doblemente: por contar aún con ella (y que sea por muchos, muchos años más), y por compartir ese pedacito de vida, esas horas que para muchos pueden ser intrascendentes, pero que son las gotas con las que se forma esa hermosa y refrescante lluvia que es la vida…

  • rosa maria ramos gonzalez dice:

    Que hermoso relato, para los que no tenemos a nuestra madre, los recuerdos se agolpan, porque cada quién ( creo), a su modo tiene vivencias de ese tipo, pero recuerdas las divertidas y amorosos

    • María Cristina dice:

      Me encantó escuchar tu reseña. Me recordó la casa de mis padres y me hizo pensar en la nuestra pues habiendo tenido la responsabilidad de quitar la casa materna/paterna, quisiera aligerar esa tarea para mis propios hijos. Porque después de haber disfrutado tanto en «armarla» de lo único que estamos seguros es que a otros les tocará desarmarla.

  • ARMANDO dice:

    Felicidades, en mi caso aun tengo esa bendición de 96 alos de edad y cada dias lo disfruto como si fuera el último.

  • Dulce Maria Rangel dice:

    Me encontré con tu columna en FB. Me dió mucho gusto saber de Concha Chriestlieb, hija de mi padrino, tu abuelo. Me encantará seguirte leyendo. Saludas a tu mamá.

  • Gladys Khoury Valdés dice:

    Disfruten mucho d su madre, los q aún tienen la dicha d abrazarla, besarla y sobre todo escucharla.

  • Victor Palma Bahena dice:

    Saludos a tu amorosa y respetable mamá….. Y no seas tan. Duro con tu papá… Nos dió muchas alegrías con sus aventuras acompañado de todos ustedes

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