Se me hizo fácil 7 de agosto de 2025

Se me hizo fácil

7 de agosto de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

Últimamente, las muchas y variopintas redes sociales están invadidas por imágenes, todas bien chocolatas, de “historias inspiradoras” con personajes famosos, como la del tenista “Novak Djokovic”, que dizque se encuentra a “Mr. John”, el supuesto conserje de su escuela y lo abraza, le pone casa y le dice papi.

Según las historias que hoy vemos y que a cualquiera con una cuenta en redes le urge replicar, todo el mundo, hasta Vicente Fernández y Pedro Infante, fueron a cantar al “funeral de Ozzy Osbourne” y “Paul McCartney”, quien es más zurdo que Valenzuela, toca la guitarra como diestro mientras le canta en el hospital a “Phil Collins”, que ya trae facha de momia de Guanajuato.

Yo a la inteligencia artificial la veo como vi el primer plato de zapote que me sirvió mi abuelita… con cierta desconfianza. Al margen de haber resistido la tentación de usarla para preguntar ¿cómo me vería con pelo? cuando pienso en ella y en cómo va permeando las diversas áreas del quehacer humano, me acuerdo de dos cosas.

La primera, el cuento del Ruiseñor chino, de Hans Christian Andersen, en el cual el emperador se encariña con un ruiseñor, el cual le canta cada mañana.

El soberano está encantado, hasta que un artesano le regala un ruiseñor mecánico, el cual cantará a la hora que el emperador quiera y siempre la misma melodía, lo cual agrada al Hijo del cielo, cuya mente, como la de casi todos los seres humanos, privilegia lo categorizado, lo rápido y lo predecible.

Si quieren saber cómo acaba… léanlo.

La segunda es mi propia experiencia con las matemáticas en la secundaria, en la cual los alumnos protestábamos con la maestra, Ofelia Vizcaíno, porque no le veíamos el punto a trabajar los números a mano cuando ya podíamos usar la calculadora.

Si quieren saber cómo acaba… pasé de panzazo el año.

Al correr del tiempo, me doy cuenta de que tanto Andersen como la maestra Ofelia tenían razón y entiendo, por lo tanto, que la IA cumple una o varias funciones útiles, pero no tienen por qué sustituir nuestro pensamiento (#DatoProtegido, tú no te preocupes, a ti no hay nada que te sustituyan), ni nuestras acciones

Aunque los inventos pueden hacer las cosas más “rápido” o son, al parecer, más “eficientes”, el limitar la creación de belleza únicamente a aquello que podamos describir, a aquello que ya conocemos, a aquello que podamos predecir, en lugar de darnos la oportunidad de experimentar el proceso de creación, con todos sus obstáculos e incluso con la incertidumbre de no saber si nos va a llevar exactamente a dónde queremos ir, es privarnos de uno de los mayores lujos y gozos de ser humano.

Lo mismo pasa con los procesos mentales que ocurren cada vez que tenemos que resolver alguna secuencia numérica, darle ritmo a un texto o descifrar una partitura musical, todos los cuales tienen que ver con las matemáticas y, como cualquier disciplina, solo se aprenden con la práctica y con la repetición.

¿En qué momento decidimos que quedarnos solo con los resultados y saltarnos los procesos, porque nos resultan “molestos” o nos exigen pensar demasiado era conveniente?

¿Cómo por qué le decimos a cualquier artista o, más grave, a cualquier niño o niña que quiera dedicarse a la pintura, a la música, a la escritura, que, pues, ya mejor no, porque ya una computadora lo hace mejor y más rápido?

Yo disfruto enormemente de hablarle bonito a mis letras y pelearme con la hoja en blanco para hacer estas columnas, algunas quedan mejores que otras y, a veces, las palabras terminan llevándome a destinos insospechados.

No es por nada, pero creo que no la pasaría igual de bien si abriera cualquier app y le dijera “escríbeme una columna digna de un humilde genio de las letras modernas”, digo, igual le saldría bien y más rápido, pero a mí me parecería como comer raciones de astronauta… nutren, pero no saben.

Eso sin contar que, en nuestra enorme ingenuidad o en las ganas de hacernos como el tío Lolo, pensamos que siempre vamos a usar la inteligencia artificial para cosas buenas o, ya de menos, trascendentes.

Lo que me tiene más nervioso, como cocodrilo en fábrica de carteras, es que, aparentemente, sentimos la necesidad de inventar historias falsas para creer que el mundo en el que vivimos es mejor de lo que es, adjudicándoles a los “famosos” la responsabilidad de hacer cosas buenas, en lugar asumir el reto de trabajar, cada uno de nosotros en lo que pueda, para hacer de esas mejoras una realidad, aunque no se vean en redes.

¿A ustedes les preocupa?

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2 comentarios

  • ME ENCANTA CONECTAR CONTIGO. NO ME CONOCES. ME LLAMO LINDY GIACOMÁN Y FUI ALUMNA DE TU PADRE FUE MI.MENTOR Y VENTUROSAMENTE MI AMIGO. ME PUSO EN SU PLANTA DE LUZ.

    ME PROLOGÓ UN LIBRO Y HASTA LE CAMBIÓ EL CIERRE A UNO DE MIS POEMAS.

    DIME CÓMO.PUEDO LOCALIZARTE. ME GUSTARÍA CONTARTE ALGO….MUCHO
    LINDY

  • Victor Palma Bahena dice:

    En los principios de siglo … Por no decir más atrás en el tiempo. Nuestros líderes eran nuestros padres y familiares cercanos . Los followers éramos las pirinolas andantes quer eramos nosotros .. y solo contaba lo que hacían ellos y el ejemplo que nos daban para ser hombres y mujeres de bien…. Según entiendo .no querían que fuéramos sabios … Solo honestos y trabajadores . Nada más . Y a nadie importaba lo que hacía el vecino…. Viejos y mejores tiempos . Pienso yo…nada que ver con los muchachitos que necesitan aprobación social y aceptación grupal . Cuando ni ellos mismos se aceptan ni se aprueban … Tristes futuros esperan

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