Se me hizo fácil
8 de septiembre de 2025
Por Ángel Dehesa Christlieb
He asistido a muchos tipos de terapia, he leído y aprendido sobre varias filosofías, tanto sacras como laicas y todas coinciden en que el perdón, la comunicación, la apertura de mente, el respeto y la tolerancia son herramientas esenciales del camino hacia la iluminación, la paz interior y el alcance de nuestra mejor versión como individuos y como país.
¿En qué momento los seres humanos decidimos que la felicidad, el bienestar o la paz se obtienen a base de insultos, descalificaciones o fomentando el miedo?
No conozco, en todo el mundo, un solo gobierno o instituto político cuya plataforma esté basada en la búsqueda de acuerdos, la apertura, el respeto y la tolerancia a quienes piensan o viven de manera distinta.
Si alguien intentara ganar una elección bajo dichos principios, no solo fracasaría, sino que sería percibido como un “ingenuo”, por decir lo menos, porque la comprensión y la convicción de que todos somos humanos, que merecemos vivir y tener la oportunidad de ser felices es vista, en el mejor de los casos, como la ilusión de un incauto y, en el peor, como una traición a los “principios de nuestro movimiento”, a “los valores que hicieron grande este país” o a la “voluntad del pueblo”.
Siempre será más rentable exacerbar los sentimientos más básicos y rastreros que tenemos como especie, en lugar de retarnos a ser mejores y convertirnos en un catalizador para que otros lo sean.
Es por eso que existen y son electos los Noroña, los Alitos, los Trump, las Téllez, las Sheinbaum, los López, los Putin, los Netanyahu, los Sinwar y todos aquellos que azuzan la furia y el resentimiento y dividen al mundo en “incondicionales” y “adversarios”.
Existen y utilizan todos los medios, legales o ilegales, para convencer a quienes quieren oírlos (que suelen ser los más necesitados) de la imperativa conveniencia de abandonar la responsabilidad de pensar por sí mismos, a cambio de “apoyos”, “protección de los valores”, “orden”, “recuperación de la grandeza ancestral” y toda una lista de frases hechas.
Lo ofrecido por estos personajes llegará y se mantendrá únicamente para quienes se plieguen a su “proyecto”, el cual, irónicamente, siempre acabará siendo más importante que las personas a quienes busca ayudar, no importa si dichas personas viven aterradas por la inseguridad, mueren por falta de medicinas o se vuelven dependientes en lugar de ciudadanos.
Quien se oponga o siquiera cuestione la validez del proyecto, o cualquiera que ellos designen “persona non grata” deben ser perseguidos, cancelados y expuestos en la picota, a menos, claro, que les sean útiles y abracen la “causa”, entonces todo está perdonado.
Como líderes impolutos, ellos no están sujetos a las mismas reglas que le imponen a los demás, incluso cuando hacen gala de riquezas inexplicables, reciben dinero ilegal o el país se les va de las manos, porque no debemos olvidar que ellos “no son iguales”.
Si la desconfianza y el miedo de quienes dicen servir es su moneda de cambio…
¿Realmente les interesará arreglar aquello que los lleva a y los mantiene en el poder?
Vivo en una era llena de furiosos proponentes de la “corrección”, la “libertad”, el “respeto” a los derechos de todos y de la búsqueda de “rectificar” los errores del pasado y obligar al mundo a “pedir perdón” o a “liberar” a quienes ellos consideren que deben sentirse ofendidos u oprimidos, sin molestarse en preguntarles a los sujetos en cuestión si verdaderamente se sienten así.
Tengo para mí que estos ofendidos por vocación, preocupados más por las formas que por el fondo, no están interesados en resolver conflictos o corregir ningún equívoco.
Si así fuera, buscarían concertar y no imponer, porque en eso se basa la tolerancia y el respeto y ellos, tan seguros de que por ser de “izquierda”, por apoyar a las causas “justas” o por estar del “lado correcto de la historia” pueden, ellos sí, obligar a todos a conformarse a sus estándares, so pena de ser cancelados, obligados a disculparse en el Senado o en redes sociales o despojados de su trabajo y sus sueños.
Si la ofensa es su vocación y la queja su motivo ¿habrá algún día en el que no se sientan ofendidos por algo?
Buena semana para todos… para ti y para mí, que quiero volver a ser de ti.
Si quieres recibir esta columna en tu celular, entra a www.angeldehesac.com y mándeme un mensaje solicitándolo.
1 comentario
Que texto Ángel !!! lástima que los que deberían no lo vean así porque para ellos, igual que yo, no comulgamos con su ideología la cual es la única razón para ellos de vivir, rindiendo pleitesía a su amado «líder» abrazo