Se me hizo fácil
23 de septiembre de 2025
Por Ángel Dehesa Christlieb
Me gustaría decirles que mi vida estudiantil fue apacible y que, cada vez que me presentaba para ser examinado, las tenía todas conmigo y salía siempre confiado en que mi preparación y conocimientos me bastaban no solo para pasar, sino para lucir.
La verdad es otra.
Varias veces llegué al examen habiéndome encomendado a Dios, a la Virgen, a todos los Santos y hasta al Osito Bimbo, a los cuales les dedicaba mis oraciones y les prometía cuantiosas mandas si me concedían la iluminación, ya no para sacar 10, sino para lograr el panzazo loco.
A veces lo logré, a veces no.
Y las veces que sí, lo atribuía más a la predilección que Dios siente por sus hijos burritos, que a mis propias habilidades.
Lo más escalofriante era ese momento en el que entregaba el examen, sabiendo que muchas de las respuestas llevaban más esperanza que certidumbre.
Iniciaba entonces el tiempo de espera, esos días que tardaba el profesor en entregar las calificaciones, en los cuales el escolapio Dehesa hacia su vida normal, pero siempre con la incertidumbre colgando sobre mi cabeza, como la UIF sobre los adversarios del régimen.
Llegaba el dia y el profesor pegaba las calificaciones en la pared del salón, o nos pasaba uno por uno para, básicamente, decidir nuestro destino.
Nunca sentí un odio más africano que cuando veía a mis compañeritos, esos que, con un claro afán de molestarme, sí habían estudiado todo el año y, por lo tanto, entraban y salían del salón con la sonrisota en los labios.
Ellos ya sabían que estaban del otro lado.
Después, venía el momento, el profesor decía mi nombre y…
Y me imagino que así se siente Claudia Sheinbaum cada vez que el FMI entrega calificaciones o predicciones sobre el crecimiento del país, porque, si verdaderamente es una científica, familiar con las leyes de causa y efecto, no puede, más allá de propagandas y demagogia, estar seriamente convencida de que nos va a ir bien.
No, la verdad, la verdad, yo sí creo que Claudia Sheinbaum tenía puesto su vestido de la virgencita y a varios miembros de su familia recitando los versos de la Torá, mientras esperaba los resultados de la calificación del FMI.
Seamos honestos, a pesar de que ella se ha declarado “no religiosa”, en tiempo de exámenes, todos volteamos al cielo, hasta los ungidos del pueblo.
La calificación fue positiva, se predice un 1% de crecimiento del PIB y, al menos por esta vez, la presidenta pudo salir, con su aplomo de mujer de mundo, a llenarse la boca con un: “se los dije”.
Curiosamente, cada vez que el FMI o cualquier organismo económico internacional les es desfavorable, ella y sus secuaces salen a decir que sus opiniones no valen.
Doña Claudia, también tengo algo que decirle…
Esto no es gracias a ustedes.
No nos diga… “se los dije”.
Salga mejor en su mañanera a darnos las gracias a todos los mexicanos que, día con día, nos partimos el lomo trabajando por unos pesos que, aunque puedan ser más en cantidad, cada vez nos alcanzan para menos.
A los mexicanos que no podemos salir a la calle sin que nuestro coche caiga en un hoyo o, en el peor de los casos, sin que nos den un balazo.
A los mexicanos que pagamos impuestos y después tenemos que comprar medicinas que su gobierno no surte.
A los mexicanos que no tenemos a los equipos jurídicos de las cámaras a nuestra disposición para oficializar nuestros berrinches y atropellar ciudadanos.
A los mexicanos que, gracias a ustedes y sus “reformas” tramposas, nos encontramos cada vez más indefensos ante el poder y ante los sátrapas que, con su anuencia y complicidad, forman su círculo más íntimo.
“Hay que mantenernos optimistas”, dice usted.
Si quiere ser “optimista” en su tiempo libre, adelante, yo, con ustedes en el poder y con la guanga oposición que tenemos, prefiero, como dice el proverbio árabe: “confiar en Alá, pero amarrar bien mi camello” (si no me lo embarga la UIF).
Le exijo, eso sí, que deje el optimismo para cuando compre boletos de lotería (de esos que rifan aviones) y, a la hora de hacer el trabajo para el cual le pagamos todos esos mexicanos que mencioné arriba, lo haga centrándose en la realidad y no en sus deseos, mentiras o datos trampeados.
Las proyecciones, para que sirvan de algo, se tienen que cumplir y eso no pasa con “optimismo”, sino con aceptar y reconocer que, aunque la “apruebe” muchísima gente, le falta mucho por hacer y más vale que se ponga a hacerlo.
Nosotros, los de a pie, los que no vivimos del presupuesto… ya lo estamos haciendo por ustedes.
De nada, presidenta.
Doctora, por aquello de lo cortés y lo valiente, para “Shanah Tovah Umtuka” a la doctora Sheinbaum y a todos mis amigos de la comunidad judía, que son muchos y entrañables.
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1 comentario
Efectivamente, yo soy de los mexicanos que viven en la incertidumbre y que trabaja día a día por hacer de la sociedad algo mejor. Hace un año me quitó la violencia a mi esposo y todo sigue igual y peor. México no se merece un «se los dije» se merece un gobierno firme y de respeto para que sea mejor.