Se me hizo fácil 22 de septiembre de 2025

Se me hizo fácil

22 de septiembre de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

El problema de las estrellas es que, como todo en esta vida, se apagan, pero nos dejan siempre el recuerdo de la luz que compartieron mientras estuvieron colgadas del firmamento.

No conocí personalmente a Julieta Fierro, pero, como cualquiera que se interese un poquito por la divulgación científica, sé que la Doctora Fierro tenía como vocación el enseñarnos cómo se mueven las estrellas en la bóveda celeste y lo que nos dicen con su luz y sus comportamientos.

Esta semana fue complicada, con el grito morado y el posterior grito en el cielo, ambos proferidos por la presidenta, uno desde Palacio Nacional y otro desde su pódium en la mañanera, uno por el cura Hidalgo y otro porque, pérfidos como son los periodistas, le preguntaban acerca de Hernán Bermúdez, AKA: “nuestro hombre en Paraguay”, quien, contra viento, marea y los deseos de Adán Augusto y Andrés Manuel, mantuvo su cargo y, al parecer, sus nexos con el crimen.

¿Cómo esperábamos que un pobre gobernador/secretario de gobernación y un presidente de la república, quienes “cumplieron” con “pedir su destitución”, pudieran hacer algo contra el todopoderoso comandante H?

Ese tipo de despliegues de forma sin fondo, como fueron el grito morado o el grito de urgencia para exculpar a los que nunca, por decreto divino, podrán equivocarse y, por ello también están condenados a repetir sus “errores” (llamémosles así para no decirles “delitos”) son ya, para bien o para mal, moneda corriente en estos tiempos de “transformación”.

La cerecita del pastel es Trump, quien ahora le anda buscando broncas a los talibanes, porque, si no tiene alguien con quien pelear, no puede tener contenta a esa base electoral que quiere “hacer a América grande otra vez”, sin darse cuenta de que por cada arancel que ponen, por cada persona que deportan y por cada traba que le ponen a los que quieren ir para allá a trabajar y a aportar, a pesar de que los tratan como perros, empequeñecen y aíslan a su país y les va a costar décadas recuperarse.

Me disculparán entonces si prefiero hablar de la doctora Fierro, la cual se me hace mucho más relevante que los tejemanejes y maromas que tiene que dar nuestra primera mandataria en su obligada y sectaria encomienda de defender lo indefendible, o los delirios de un loco con pelo naranja y alma negra, cuya vocación no es más que desgraciar cualquier cosa que toca.

Espero que la doctora, como tendría que ser si la vida fuera justa, esté ya entre las estrellas, de las que aprendió su lenguaje y, amorosamente, se ocupó de explicárnoslo a quienes quisimos oírla.

Si más personas levantaran la cara al cielo para ver las estrellas, si más personas abriéramos el alma a lo que mujeres como Julieta Fierro tienen que decirnos y la cerráramos a los mensajes de odio y división, otra cosa sería este mundo.

Vuele alto doctora, aquí se quedan sus enseñanzas y, en nuestro corazón… usted.

Buen lunes para todos

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3 comentarios

  • Gladys Khoury Valdés dice:

    ¡¡Una gran pérdida!!

  • Manto Espinosa dice:

    Quiero volver a mi infancia, cuando escuchar a Cri Cri o ver el Teatro Fantástico era lo única que me importaba y que mis nietos ya adolescentes vivan en un país, un mundo en el que los ególatras desquiciados desaparezcan como por arte de magia

    Se vale soñar

  • Mayte Noriega Fernández dice:

    Tuve el placer de conoer a Julieta Fierro. La entrevisté un par de veces. Era verdaderamente encantadora.
    Cuando la visitabas en su cubículo de la UNAM, lo primero que veías, era su bicicleta rosa recargada en su escritorio. Su bonhomía, su buen hacer y mejor contar marcaron su trayectoria. Recuerdo la delicia de leer su libro de «LAS COCHINADAS» que encantó a mis sobrinos una navidad en la que lo descubrí en Ghandi.

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