Se me hizo fácil
25 de septiembre de 2025
Por Ángel Dehesa Christlieb
Y total, que me quedé esperando que llegara el día del “Rapto”.
Para los que no lo saben, resulta que un predicador sudafricano, llamado Joshua Mhlakela, predijo que el martes o miércoles de esta semana, se cumpliría la antigua profecía del Juicio Final o “el Rapto”, según la cual Jesucristo bajaría de los cielos y se llevaría con Él a los mortales dignos y creyentes, además de resucitar a los muertos que merezcan llegar con pase VIP ante la magnificencia del Creador.
Obvio… a mí, Jesús me tenía en la parte alta de la lista.
Ya estaba yo en el techo, junto al tendedero, listo para ascender al paraíso, cual Remedios la bella en 100 años de soledad, ataviado con mi playera de los Pumas y unos tamales de elote cocinados en mi casa, porque no iba yo a llegar ante el creador con las manos vacías.
No pagué la luz, ni los intereses de la tarjeta, aunque sí llené la quiniela de la jornada 4 de la NFL (cada quien rinde culto en el altar de su preferencia), porque, aunque yo ya estuviera sentado a la derecha del padre, estaba seguro de que en el cielo podría ver los partidos en una televisión con sonido envolvente y unos querubines que surtieran todo tipo de botanas, en una hamaca en la casa con alberca de Moisés y, así, cuando algún fan de los Vaqueros quisiera echarse un clavado, Moisés abriría las aguas.
Con lo que no contaba era con la segunda parte de la profecía, la cual declara que, después de que Cristo se llevara a los pocos y selectos, sobrevendrían siete años de tribulación en la Tierra, durante los cuales los indignos se quedarían bajo el gobierno del Anticristo, el hijo de Satán, quien sojuzgaría al planeta entero.
Tengo para mí que, cuando el Anticristo se asomó al mundo y vio a Trump, a Adán Augusto, a Putin, a Netanyahu, a Díaz Canel, a Milei, a Bolsonaro, a Maduro, a la 4T y a AMLO, decidió que hasta en el infierno tienen estándares y que ser visto en semejante compañía lo desprestigiaría para siempre.
Tomó el teléfono rojo y le marcó a su diabólico padre, para que le hablara al de “arriba” y le dijera que, si su humor era tan negro como para crear a Fernández Noroña, a Alito o a Layda Sansores, la profecía se cancelaba, porque una cosa son perversiones y otra son porquerías.
Todavía me queda la esperanza de la llegada de los marcianos, la cual ocurrirá cuando perciban el aroma del café veracruzano que, según la diputada de MORENA, Victoria Gutiérrez Pérez, será llevado al planeta rojo por una nave espacial llamada el “Fandango 1”, diseñada por jaraneros científicos, en un laboratorio ubicado debajo del acuario del Puerto, la cual utiliza torito de guanábana como combustible alternativo.
Cuando los alienígenas prueben la mezcla jarocha, seguro vendrán a tomarse un “lechero” en los portales y, al considerarme el pináculo de la evolución de la raza humana, me llevarán con ellos para utilizarme como semental.
Esa es mi esperanza, pero, francamente, lo veo difícil.
Ni modo, a ver si mañana me reconectan la luz.
Los esperamos mañana con Virulo en la librería Gandhi Mauricio Achar, en Miguel Ángel de Quevedo para la penúltima función de Dehesa no me libro, pidan sus boletos al 55 4800 6346.
Si quieres recibir esta columna en tu celular, antes de que los marcianos me lleven entra a www.angeldehesac.com
@destacar
2 comentarios
Me hiciste el día, Angel🤭🤣
Saludos