Se me hizo fácil 27 de octubre de 2025

Se me hizo fácil

28 de octubre de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

El pasado domingo fui convocado por mi prima la jurisconsulta y por su marido, quien también se dedica a las leyes, para asistir al juego de beisbol de liga infantil de su hijo, quien, para efectos prácticos y de seguridad, será nombrado únicamente como “B”.

Hace mucho que no me daba una vuelta por la Liga Maya, lugar cuyos recovecos son ideales si algún día quieren ir a deshacerse de la evidencia de un crimen o de algún pariente al que ya no quieran ver, porque es un laberinto de escaleras, diamantes, puestos de tacos de cabeza y cantidad de personas enfundadas en variopintos jerseys de beis, los cuales, a menos que tengas cuerpo de atleta, te hacen ver como tubo de pasta de dientes manoseado o como mango petacón.

Debo confesar que no sabía si podría volver a acceder por las puertas de la venerable institución ya que, no hace mucho, había asistido a ver otro partido, en este caso del hijo de mi amiga la Vivis, quien en esa infausta fecha ocupaba la lomita de las responsabilidades, por lo que, en un arranque de emoción y fervor de tío, grité a todo pulmón “¡pónchalo!” cuando el pequeño serpentinero llevó a un bateador a la cuenta máxima.

El ampayita detuvo el juego, se hizo un silencio sepulcral en el estadio y todos me voltearon a ver como si fuera yo Noroña en sala VIP, el oficial corrió hacia mí y me regañó haciéndome ver que, en las ligas pequeñas, gritarle a los jugadores estaba prohibido mientras la Vivis volteaba para el otro lado, negándome como San Pedro a Jesús.

Al parecer mi ficha roja de la Interpol de las ligas pequeñas ya había caducado, porque entré sin problemas y pude ser testigo del desempeño de B en el jardín y en la caja de bateo, el cual mejora a ojos vistas, además de los valores, coordinación y actividad física que los chicos de su edad aprenden al practicar el beisbol.

Al terminar el encuentro, mi primo político, B y un servidor nos dirigimos a pie a su domicilio familiar, el cual queda muy cerca de la Liga y, en el camino, en una de las bardas de Calzada de Las Águilas, vi la publicidad de una obra musical titulada “¿Cómo te va mi amor?” la cual, como mis avispados lectores comprenderán, está musicalizado con las canciones de Pandora y, por ello, algún filosísimo publicista, acuñó la frase “la obra más emotiva y PANDOREZCA que puedas imaginar”.

Más allá de que no creo que la RAE esté enterada de la existencia del adjetivo “pandorezco”, el cual además fue escrito con “Z”, en un ejemplo de barroquismo verbal digno de cualquier retablo virreinal, no pude evitar pensar en el actual régimen y su manera de hacer las cosas.

Ellos también tienen un distintivo sello “pandorezco”, aunque en la acepción más clásica: la del mito griego de la mujer creada por Hefesto, siguiendo las órdenes de Zeus, para castigar a la humanidad porque Prometeo les había robado el fuego a los dioses.

Después de que Hefesto la creara y Zeus le insuflara su aliento de vida, los dioses le concedieron diversos dones y, finalmente, Zeus le regaló una caja y le hizo la imperativa recomendación de que no la fuera a abrir nunca.

Pandora, como cualquier ser humano, abrió la caja y de ella escaparon todas las calamidades que hasta hoy aquejan al mundo.

Así nuestro pandorezco gobierno… que si los millones de Adán Augusto, que si Noroña y sus noches arábigas, que si el huachicol fiscal, que si “no digas los municipios que fueron afectados”.

Cada mañana, nuestra presidenta, cual nueva Pandora, abre, o se le abren, cajas de calamidades, aunque la diferencia entre ella y la Pandora original es que, a esta última, sí le daba vergüenza el haber desatado el caos y no nomás decía: “vamos muy bien”.

Buen martes para todos, voy Toronto.

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