Me lo hago fácil 23 de diciembre de 2025

Me lo hago fácil

23 de diciembre de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

Cualquier mexicano que se respete habrá sido partícipe de la bonita tradición de “yo pongo la casa”, la cual aplica para cualquier tipo de evento jolgorioso, ya sea fiesta, convivio de la oficina, fiesta de cumpleaños, funeral o bar mitzvah.

En el caso de la familia Christlieb, los orgullosos guardianes de dicha tradición son Lupe y Guillermo de Cárcer, a quienes ya mencioné en la columna de la Pascua.

En las fechas decembrinas, Lupe y Guillermo reciben a la abundante y cada vez más creciente parentela para una posada.

Y cuando digo que son guardianes de la tradición es porque así es, las posadas en casa de los De Cárcer son con letanía, velitas, piñata, tamales y, a cierta hora de la noche, se aparece Santa Claus.

Todo iba bien hasta el momento de entregar las velitas, las cuales causaron conflicto cuando una niña, que no levantaba más de medio metro del suelo, esperaba a que su madre le prendiera la candelita para, alegremente, gritar ¡pastel! al tiempo que soplaba para apagar la luz de la esperanza y dejar a los peregrinos a oscuras.

Santiago, mi sobrino, se apoderó de un espantasuegras generación II, el cual tenía dos rollitos que se extendían en lugar de uno y, además, un silbato integrado lo cual lo convertirá en la felicidad de sus padres, que mañana se levantarán con una interpretación del concierto para orquesta y espantasuegras, Opus 95 y ¾.

Salieron después las piñatas, las cuales, si me preguntan, deberían seguir siendo de barro, para darle la oportunidad a la selección natural de hacer su trabajo. Si el infante no se quita, entonces los tepalcates le proporcionarán el aprendizaje necesario para volverse más apto, pero mi teoría no es popular entre los progenitores.

Cierto que la selección natural también aplica a los adultos como yo.

Le pegué a la piñata, por quedar bien con mi sobrino y, al primer swing fallado, nomás sentí como las lumbares tronaban como palomitas y hoy escribo sentado como si trajera una escoba en la espalda, mientras Charles Darwin me saca la lengua.

Sirvieron los tamales, que se mandan hacer con Alejandra, una señora que se pone desde hace años en los arcos de la Plaza San Jacinto en San Ángel y, no por dárselos a desear, pero los de mole y los de champiñones con queso estaban tan buenos que, si yo fuera el Niño Dios, habría preferido que los reyes me trajeran eso en lugar del incienso y de la mirra, digo, el oro sí se los hubiera aceptado.

Por ahí de las 10, después de que uno de los niños lloró, lo cual es requisito indispensable en México para que la fiesta sea dada como válida, las familias comenzaron a retirarse.

Gracias a Lupe, a Guillermo y a toda la familia De Cárcer.

Cuando las cosas salen así, es muy bonito eso de “poner la casa”.

Por otro lado, está la 4T y su necesidad de dar la nota y andar ofreciendo nuestro país para cosas que ni al caso.

Dra. Sheinbaum.

¿A santo de qué o para qué anda ofreciendo a México como “punto de encuentro” para que Venezuela y Estados Unidos (el marrano Maduro contra el cochino Trump) negocíen su conflicto, honrando también la costumbre, muy de nosotros, de meternos donde nadie nos llamó?

Más allá de las arbitrariedades y el intervencionismo de Trump, que son injustificables, el intervenir, de cualquier manera, a favor de que Nicolás Maduro, el autoproclamado “arquitecto de la paz” (ha de ser bien padre crear galardones y dártelos a ti mismo), pueda seguir sangrando a Venezuela, tendría que ser impensable para usted, que se dice humanista y democrática.

No hay que subirse a todos los carruseles, de veras.

Aprenda de lo que le pasó a su predecesor cuando quiso meter su cuchara en la guerra entre Ucrania y Rusia, con un “brillante” plan que, básicamente, consistía en darle a Putin todo lo que quisiera y pedirle perdón.

En serio, nadie les va a dar el Nobel de la Paz.

Ahora, si lo que le urge es pacificar territorios yo quiero saber ¿cuándo se ocupará de que en México se negocíe la paz en Sinaloa, en Tamaulipas, en Guanajuato, en Michoacán?

¿O para eso no vale la pena “poner la casa”?

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