Me lo hago facil

Me lo hago fácil

24 de diciembre de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

En este momento, mi opinión de la navidad flota entre la tristeza y la nostalgia, quizá por todas las circunstancias que me han llevado a estar donde estoy, algunas no tan agradables, otras sí, pero todas necesarias para crecer y cambiar y trabajo para que esos cambios sean para bien.

“Ya está, nos va a agriar el pavo y a salar los romeritos con una columna lacrimosa, en la cual expondrá sus traumas y frustraciones de infancia que se originan en el hecho de que Santa Claus, el Niño Dios y los Reyes Magos le trajeron trusas Trueno en lugar de su muñeco de ‘Stretch Armstrong, el hombre elástico’”.

No es mi intención y, la verdad, fui un niño privilegiado, porque recibí el hombre elástico y las trusas Trueno, así que siempre tuve con qué jugar y, además, mis partes nobles estuvieron siempre acariciadas y protegidas por algodón de primer nivel.

Esta navidad representa la primera de muchas, espero, en la que me estoy dando permiso no solo de sentir, sino también de externar aquello que estoy sintiendo y, si esos sentimientos van un poco a contracorriente de la implacable “happycracia”, lo siento mucho.

Respeto su derecho a estar contentos, sonrientes y cantarines y, al mismo tiempo, solicito respeto para mi derecho a estar “chípil”.

Si algo aprendí en este año tan definitivo y definitorio para mí, es que la felicidad no siempre se mide con sonrisas y risotadas, sino con la capacidad de estar bien en cualquier momento y en cualquier estado de ánimo en el que me encuentre.

Así es que, aunque no esté bailando la conga con los elfos, hoy puedo decir que estoy más feliz de lo que he estado en muchos años.

Por muchas razones.

La primera, porque, a pesar de mis muy disparatados esfuerzos, estoy vivo y feliz de estarlo, porque, aunque hace algunos meses sentía que el mundo me estaba cayendo encima, hoy puedo decir que sí, que sí me cayó encima, pero con una avalancha de generosidad y de cariño, la cual continúa hasta el día de hoy con mensajes y apapachos presenciales y electrónicos que son un bálsamo para mi alma.

Eso me lleva a la segunda, el darme cuenta de tantas y tantas cosas que tengo que agradecer, a todos ustedes, a mi familia, la de sangre y la elegida, la cual cada vez es más numerosa, gracias a estas columnas que, en esencia, son botellas arrojadas al mar cibernético, las cuales han encontrado respuesta en tantas personas que no doy crédito.

La tercera es la certeza de que, aunque quizá hoy no tenga todo lo que requiero para estar al cien, siempre, siempre puedo actuar para estar mejor y, además, una de las grandes cualidades de la vida y un privilegio de los que estamos vivos, es la conciencia de que nunca seré una obra concluida hasta que termine mi estancia en este plano.

Hoy renazco como persona, material y espiritual, me asumo como un contador de historias y, a veces, como alguien que puede y quiere tocar muchos corazones a través de la palabra, hablada o escrita, y lo seguiré haciendo hasta el último día de mi vida, el cual, se los prometo, no será, nunca más, determinado por mí.

No sé cuánto me quede, realmente nadie lo sabe, pero lo que sea que sea pienso saborearlo y disfrutarlo hasta el último.

Un abrazo a todos ustedes, gracias por permitirme entrar en sus vidas y tomarse el tiempo de leerme cada día.

Feliz Navidad.

Si quieres recibir esta columna en tu celular, entra a www.angeldehesac.com y mándame un mensaje solicitándolo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *