Me lo hago fácil 8 de enero de 2026

Me lo hago fácil

8 de enero de 2026

Por Ángel Dehesa Christlieb

Algunas de las personas que me hacen el señalado honor de leer y comentar estos escritos, me dicen que yo debería de postularme para algún puesto de elección popular, porque “se necesitan voces como la mía en el gobierno”.

Como dijo Gutemberg… “tengo la impresión” de que los que hoy ejercen el gobierno no estarían tan entusiasmados, pero, más allá de eso, la verdad es que, acá su pelón de oro, tampoco lo ve como una buena idea, ni como algo que vaya de acuerdo a mis deseos o capacidades.

Cuando digo “capacidades” no hablo de educación o capacidad intelectual.

No quiero parecer soberbio, pero, cuando veo a muchos de nuestros representantes populares o personajes dedicados al servicio público, sí digo “yo puedo hacer eso” y, no es por nada, pero lo haría mejor que muchos.

Estoy seguro de que, por lo menos no saldría a decir que los narcos dan muchos empleos, como Adriana Marín, la morenista que, entre error y error, me hace preguntarme ¿cuántos funcionarios de su partido, el cual, por supuesto, ya se deslindó de ella, estarán en esa abultada nómina delincuencial que ella defiende?

En cuanto a levantar la mano sin leer las iniciativas, eso también puedo hacerlo sin problema y hasta les ofrezco a mis electores no dormirme, ni ver el futbol, ni asociarme (y que me cachen) con grupos delictivos, ni dármelas de austero e irme de viaje a lugares caros y exclusivos o intentar cruzar la frontera con 800 mil pesos en monedas de a uno y, si llegara a ser presidente, no obligaría a los reporteros a levantarse diario en la madrugada a verme hacer berrinche cada vez que no me digan que soy maravilloso.

Tampoco podría ser oposición, aunque sí podría subirme a una tribuna, rasgarme las vestiduras y dar discursos flamígeros mientras tengo que usar sotana para ocultar la colota que traigo (Allitus Rattus), o, como Lilly Téllez, mantener una palpable tensión con Fernández Noroña la cual, yo espero, un día culmine con ambos dándose un beso tipo Rhett Butler y Scarlett O’ Hara en la tribuna.

En mi caso, el beso no sería con Don Gerardo y, porque no quiero que mañana me traigan serenata con cargo al erario, extenderé un púdico velo sobre la identidad de la legisladora que ocupa mis fantasías nocturnas.

No, mi falta de inclinación y, creo, capacidad para el quehacer político tiene que ver con el hecho de que a mí me gusta elegir a mis amistades, compañías y allegados y tener la libertad de mantenerlos cerca o de alejarlos únicamente si mi propia conciencia me lo dicta.

Entre mis más grandes bendiciones está la de poder alternar y rodearme de personas valiosas, sin tener que decirle “córtalas, córtalas” a quien, por expresar sus opiniones o por haber caído de la gracia del omnipotente líder en turno, se vuelve un apestado, paria e intocable, aunque ayer nos sentábamos en la misma mesa.

Lo veo con los políticos venezolanos, encabezados por Delcy Rodríguez, los cuales hoy, alegremente, se preparan a alinearse con lo que Trump les dicte, olvidándose de los “ideales revolucionarios” esos que, hasta hace dos semanas, vociferaban que iban a defender con su propia sangre si era necesario.

Y no es porque Maduro y el chavismo merezcan ser defendidos, al contrario, pero resulta penoso ver cómo los revolucionarios de contentillo se encueran tan rápido y nos muestran que, pase lo que pase, gobierne quien gobierne, ellos siempre caen de pie y lo que les interesa es mantener el poder, recibir las migajas que les tiren y cumplir a rajatabla la frase de Groucho Marx: “estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”.

Cuando veo eso, no puedo evitar pensar (por eso tampoco puedo ser político), qué pasaría si los norteamericanos secuestraran a Claudia Sheinbaum y, como dice ella, “secuestraran al pueblo” cosa que ni deseo, ni me parece conveniente, ni legal, ni moral, pero conste que ella fue la que lo dijo.

¿Se levantarían en armas Adán Augusto, Monreal, Citlalli, AMLO y amigos que los acompañan?

¿O si Trump le ofreciera la presidencia a cualquiera de ellos se inventarían un discurso de “lo hago por el bien del pueblo” y se alinearían con quien puede mantenerles su parcelita de poder?

Ahí se las dejo.

Por cierto, un abrazo a mi tía Magdalena, que cumple años hoy, que tiene el buen gusto y la sana costumbre de leer estas columnas y a quien quiero mucho.

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