Me lo hago fácil 23 de enero 2026

Me lo hago fácil

23 de enero de 2026

Por Ángel Dehesa Christlieb

“Cartera, hace tanto que ando en carretera”

Así como a Cecilia Toussaint, la carretera me parece fascinante, desde mi tierna infancia mis tíos, Vicente e Isabel, que tenían una casa en Cuernavaca, nos empacaban el viernes a los varios caperuzos en una de esas camionetotas largas, con costado tipo madera, para emprender el camino hacia la capital morelense.

Pasábamos Tres Marías y, en todas las veces que fuimos, nunca se quisieron parar a comer, causándome un trauma tal, que hoy me lleva a probar, de manera compulsiva, lo que se ofrezca en cualquier puesto de kekas o tacos que encuentre, sin importar lo sospechoso que parezca, o si el color de la tinga me hace pensar que está elaborada con pollos de Chernobyl.

El domingo, ya en la noche para evitar los tumultos de los tenochcas que volvían a la querencia, nos daban de cenar, nos empijamaban en mameluco de patitas, con logotipo de superhéroe o del candidato príista en turno, y, mientras dormíamos en el coche, nos llevaban a casa.

Así comenzó y así continúa el idilio que tengo con el camino y los viajes por carretera, los cuales me parecen la manera más instructiva, liberadora y didáctica de llegar del punto A al punto B, cuantimás en un país tan bonito y tan diverso como es el mío.

Recorrí y espero volver a hacerlo, el camino de Veracruz a Tlacotalpan, donde pude ver los “árboles enamorados”, estrangulados por las plantas predadoras, que se enredan alrededor del tronco, como en las relaciones tóxicas a las que tan afectos somos los mexicanos y mexicanas.

Anduve por el interminable y recto asfalto de las carreteras del desierto de Sonora, donde el encargado de la Reserva del Pinacate nos dijo, antes de aventarnos a caminar por un camino que los hombres de la tribu de los Pápagos recorrían como ritual de paso y los conquistadores bautizaron como “La ruta del diablo”, “si ven una víbora de cascabel, procuren no molestarla”.

Me pareció razonable.

Vaya, por cierto, un saludo y un beso tronado hasta Hermosillo, para la mamá de mi amigo Namo Rendón, quien, al adoptarme como su hermano elegido, le dio a su cabecita blanca la satisfacción de, por fin, tener un hijo guapo.

Por esas aventuras y las vividas en Michoacán, Guanajuato, Chiapas, Oaxaca, Aguascalientes, Yucatán, Tamaulipas y otros varios estados, me tomo como ofensa personal que hoy, en la era transformadora de la Ola Guinda, las carreteras de México sean, gracias a la negligencia y, muchas veces, a la abierta y evidente complicidad de nuestras “autoridades competentes” (es un decir), inseguras en todos los sentidos.

Baches, desmantelamiento de cuerpos de seguridad y auxilio vial, abandono en manos de cualquiera que, con una causa justa o no, se le dé la gana de bloquear el camino o de asaltar y balear a quien le parezca y, entre estos últimos, se cuenta a la lucidora y siempre impune Guardia Nacional.

Recorrer hoy los caminos de México es un volado, cuya pérdida puede resultar MUY costosa.

Escribo esto en un autobús rumbo al Bajío, en un viaje cuyo destino final es Querétaro, donde mi amigo Cuitláhuac Ruiz celebrará su cumpleaños con un rumboso ágape, se dice que estrenará un vestido de tehuana, digno de Beatriz Paredes, el cual fue traído de las itsmeñas regiones de las que es originario.

Junto a mí viene un señor mayor, cuyo nombre ignoro, aunque , con esa vena reporteril que mi madre y hermanas califican de “metichería infinita”, ya me enteré de que vive en Alabama desde hace años y que su hija, la cual le ha llamado varias veces a su celular en altavoz y suena más “pocha” que Erik Estrada en “Dos mujeres, un camino”, está preocupada porque los caminos están bloqueados por la nieve a la altura de Dallas, Texas y sus papás (la señora viene en otro asiento), no van a poder llegar hasta Alabama.

Hago constar que, cuando le ofrecí al señor cambiarme de lugar, para que pudiera ir junto a su esposa, me dijo, con sonrisa cómplice y sacando un chocolatote, que se va a jamar el solito, “no, así está bien”.

Los secretos de un matrimonio duradero y feliz.

El autobús hizo escala en Ecatepec, concretamente en la Plaza de las Américas, en donde, por la ventana, pude ver una enorme fila de personas, formadas, al rayo del sol, esperando el dinero de alguno de los múltiples programas de compra de votos y opiniones, perdón, de “apoyo social” con los que, por conducto de los gobiernos federal y estatales, los mexicanos (NO LA 4T) le damos dinero a otros mexicanos.

Ya he hablado hasta el cansancio de cómo esta estrategia de la dádiva, condicionada y propagandística, tendría que ser solo el principio de un camino del uso inteligente de NUESTRO dinero en salud, educación e infraestructura, un camino cuyo destino final fuera que, algún dia, ese “apoyo” ya no representara, para nadie, la diferencia entre comer y no comer.

Y no me salgan con que no es “condicionado y propagandístico”, cuando estoy, literalmente, viendo a los “siervos de la nación”, en clara violación de la devaluada ley electoral, dando de mi dinero, vestidos con los colores de MORENA, bajo una manta que cubre todo el edificio, se ve nueva y muestra la foto de la presidenta, con una leyenda que dice “Ecatepec con Claudia, en defensa de México y la soberanía”.

¿Cuánto cuesta esa manta y las que vi por toda la plaza? ¿Con que derecho se promocionan la Doctora Sheinbaum y su partido con MI dinero y con un “apoyo” que es, en esencia, un generador de dependencia y sometimiento? ¿Cómo se atreve a hablar de soberanía cuando no se puede recorrer el país sin miedo?

Señora presidenta, póngase a trabajar, quite sus mantas, pinte sus bardas y ofrezca disculpas.

Ocúpese, ahora sí, no solo de repartir dinero ajeno, organizarse fiestas para reafirmar su ego y regañarnos en su diario berrinche mañanero, mientras defiende a los indefendibles que la patrocinan.

Recupere, como es su obligación, los caminos de México, hágase responsable, como es su obligación, de que nadie requiera un “apoyo” para vivir.

Quien atenta hoy contra la soberanía y de quien México necesita ser defendido es de usted y de sus cercanos, los públicos y los ocultos.

Renuncie a ellos y retome el camino para el cual fue elegida.

Cuando eso pase, entonces empezaremos a ser, realmente, un país independiente y soberano

Y apúrese, porque yo quiero vivir para verlo y contribuir a ello.

Si quieres recibir esta columna en tu celular, entra a www.angeldehesac.com y mándame un whatsapp solicitándolo.

9 comentarios

Responder a Angel Dehesa Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *