Se me hizo fácil
3 de enero de 2024
Por Ángel Dehesa Christlieb
¿Cómo va su comienzo de año muchachada?
Estamos en estos días donde, nominal y cronológicamente, ya comenzó el 2025, pero todos sabemos que hasta que Melchor, Gaspar y Baltasar lleguen a tu tienda de conveniencia, los mexicanos no entraremos en actividad y, una vez que lo hagamos, seremos como tele de bulbos, de esas que necesitan tiempo para calentarse y dar color.
En ese tenor de navegar por instrumentos, recordaba mis días de estudiante de preparatoria en el Colegio Madrid, en el último año, cuando opté por el Área 2 de químico- biológicas.
A más de tres décadas de distancia, he de decir que este asunto de que a los 18 años tengas que decidir a lo que te vas a dedicar el resto de tu vida me parece un despropósito, pero eso es para discutirlo en otro momento.
Recuerdo dos de las prácticas de laboratorio de biología.
La primera (que todo chico y chica de preparatoria debería hacer), era ver cómo funcionaba una prueba de embarazo en vivo, para lo cual nos enviaban, como a los caballeros (y damas) de las historias medievales, a conseguir el reactivo mágico: la primera orina de la mañana de una mujer embarazada.
No sé si les he contado, pero soy de esas personas que tiene tendencia a ofrecerse voluntario para cualquier cosa, apenas dicen que se requiere algo, yo ya estoy levantando la mano, por lo cual, aunque yo no podía proveer el insumo, sí poseía un veloz clásico alemán con el que podía transportar a una compañera a casa de su prima, a la cual solo nombraré como “la química cántabra”, quien se encontraba en la “dulce espera” y generosamente accedió a donarnos el codiciado líquido.
Llegamos a su casa alrededor de las siete de la mañana y recuerdo que la química salió en camisón pachón y pantuflas peludas, nos dio la orina en un frasco vacío de mayonesa Hellmans, el cual venía con la tapa y un pedazo de plástico para evitar cualquier fuga y se reía porque yo, como buen integrante del “sexo débil”, estaba rojo de pena y sostenía el frasco como si fuera un gato recién bañado.
Entregamos la muestra y la práctica fue un éxito.
Pero, como decía Raúl Velasco, el único hígado que recibió un hígado: “aún hay más”.
La siguiente práctica consistía en ver espermatozoides vivos moverse al microscopio.
Para los que no pusieron atención en la clase de biología, los espermatozoides arrojados fuera del cuerpo humano viven poco tiempo, por lo cual era necesario “cosecharlos” el mismo día de la práctica, exactamente después de la campana de entrada.
La odisea para conseguir lo requerido era mucho más corta en distancias, pero mucho más comprometedora en otras cuestiones, porque la maestra procedió a juntar a todos los que estábamos equipados para generar el insumo y nos mandó al baño, con la consigna de poner “manos a la obra” y no regresar sin él.
Les pido a mis lectores en este momento que se imaginen a 15 pubertos de 17 años, contemplándose unos a otros, sin que ninguno se atreviera a meterse a uno de los cubículos en el fondo del baño y efectuar la “labor propia de nuestro sexo”, mientras toda la escuela tocaba la puerta del baño y les decíamos que estaba ocupado.
“Órale, vas…”
“Yo por qué, mejor Menchaca”
“Sácate, yo traigo la muñeca lastimada”.
Finalmente decidimos echar volados, si ganabas la librabas y los perdedores volvían a jugar hasta que la suerte designara a la “mano santa”.
Finalmente ocurrió y el “ganador” se encerró a hacer lo que se debía hacer.
No debe haber sido nada fácil. Tengan en mente que estábamos en la era pre-celulares, en la cual el estímulo visual no se encontraba al “alcance de la mano”, por lo que el “bateador designado” tuvo que trabajar desde el recuerdo.
Todos acordamos que lo hizo “en nombre de la ciencia”, juramos llevarnos su identidad a la tumba, regresamos al laboratorio y entregamos el botín
Hoy, comenzando el 2025, levanto mi copa por la “mano de Dios”, ese héroe anónimo y recuerdo a los “caídos en batalla”, que murieron para que los alumnos de la generación 92 pudieran obtener un 10 en laboratorio.
Hoy toca y la brindo a su salud.
Si te gustó esta columna y quieres recibirla en tu celular cada día sin costo alguno, entra a www.angeldehesac.com y mándame un mensaje para incluirte en la lista de distribución.