Se me hizo fácil: a mi segunda padre

Se me hizo fácil

14 de enero de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

A mi segunda padre.

Conocí a Mayte Noriega hace ya muchos años, más de los que ella está dispuesta a admitir y, por supuesto, más de los que yo, como caballero que soy, estoy dispuesto a revelar

Fue en los pasillos del extinto Núcleo Radio Mil, cuando esa casa radiofónica aún era propiedad exclusiva de la familia Salas y las instalaciones estaban en Insurgentes, colonia Florida, en un edificio en forma de radio con un canguro en la fachada.

Haciendo un paréntesis, les diré como dato curioso para apantallar en fiestas que los dueños de Radio Mil habían elegido como logotipo al australiano marsupial porque, debido a su anatomía, el canguro es el único animal que no puede caminar ni saltar hacia atrás.

O sea que, si quieren saber si ese canguro que les venden es legítimo, pónganle “De reversa mami” o alguna de Michael Jackson, si baila con el Símbolo o ejecuta la “caminata lunar”, probablemente sea una rata “pimpeada” de la Central de Abastos o de los curules de San Lázaro.

Fin del paréntesis.

Yo había llegado como asistente de producción, lo que en francés se llama “le shalain”, a la Miscelánea del Ángel, uno de los muchos programas que mi papá tuvo en la radio capitalina, porque el temperamento volátil de Germancito y su lealtad hacia sus amigos, aunado a la escasa paciencia de muchos de los altos ejecutivos del medio nos llevaron a recorrer el cuadrante para un lado y para el otro.

Por un rato nos quedamos en Radio Mil, donde, además del programa de mi papá, me dieron mi primer trabajo como asistente de producción, con hoja rosa del IMSS incluida.

Además de la Miscelánea, me tocaba trabajar en el noticiero de la tarde, que Mayte conducía y en un programa llamado “Hablemos de los Hombres”, en el cual ella hacía mancuerna con Fernanda Tapia.

Fue ahí donde Mayte me enseñó, con el ejemplo, a trabajar y también donde ella, que no se priva de nada, comenzó un idilio, platónico pero tórrido, con el total del inventario masculino de la familia Dehesa.

Mayte quiso y respetó a mi papá y él a ella y, más importante, me quiere y me respeta a mí, no por ser hijo de quien soy, sino nomás porque soy.

Es alta, rubia, de ojos grandes y gesto aparentemente severo, traicionado por una sonrisa de fácil salida y una evidente vocación para la risa y el disfrute.

Fue, es y siempre será una periodista, pero de las de “adeveras”, de esas que se rifaban en esos clubes de machos que eran las redacciones de finales del siglo pasado, de las que veían el estar frente a un micrófono como un compromiso y, por lo mismo, preparaba y se preparaba a conciencia para cada emisión.

Fue la primera periodista (hombre o mujer) en moderar un debate presidencial en México, además de ser mamá, hija, cronista del olvido y mi “segunda padre”.

En este oficio donde la competencia y el ansia de pantalla muchas veces degenera en deslealtad, envidia y la proverbial cubeta de cangrejos, Mayte Noriega es generosa como pocas, siempre dispuesta a compartir ideas, corregir notas, posturas y manías al aire, porque siempre disfrutó ver crecer a la gente a su cargo, sin miedo a la traición, a pesar de que varias veces la experimentó, en todos los terrenos.

Fue ella quien me dio trabajo en Efekto Noticias, cuando mi papá estaba ya por irse y la que bautizó el programa de “Dehesa no me libro”.

A su oficina fue a donde llegué a llorar y a otorgarle el título de “padre putativa” inmediatamente después de que me hablaron para decirme que el puesto estaba vacante.

Mayte querida, hoy, nomás porque sí, porque puedo, porque sé que me lees cada día y quiero que lo sigas haciendo muchos años, te quiero mandar un beso, te quiero dar las gracias y decirte que volveremos a bailar, que tu sonrisa no está en tus labios, está en mi corazón, en el de Bernardo y en todos los que te conocemos, que estoy chillando y moqueando al teclear y que te quiero mucho, mucho, mucho.

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