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Tu Culta Madre

Pandora y su caja.

Según la mitología griega, el titán Prometeo, quien le había robado el fuego a los Dioses, fue castigado por su osadía a pasar la eternidad amarrado a una montaña, para que cada día un águila le devorara el hígado, el cual se regeneraba durante la noche.

Si han probado el hígado, estarán de acuerdo en que la que se llevaba el peor castigo era el águila.

A Zeus este castigo no le parecía suficiente, no solo quería vengarse de Prometeo, sino también de los hombres que aceptaron el fuego, por lo cual le encargó a Hefesto, el dios artífice, que forjara a la primera mujer.

De ahí nace la expresión “se siente como hecha a mano”.

Afrodita le dio belleza, Poseidón, un collar de perlas que le impediría ahogarse (tanto en agua, como en las deudas porque podía llevarlo a la casa de empeño), Hermes, Dios Mensajero, le dio una naturaleza astuta y una lengua ágil, Atenea la vistió y le dio destreza manual, Zeus una naturaleza ociosa e ingenua (la mitología griega es bastante machirula) y, finalmente, Hera la hizo curiosa.

Hagan de cuenta un baby shower, pero estilo Olimpo.

Por haber recibido dones de todos los Dioses, a la señorita se le llamó “Pandora” lo cual quiere decir “La que tiene todos los dones”.

Hermes la llevó a la tierra y se la ofreció a Epimeteo, el medio hermano mortal de Prometeo.

El titán encadenado, entre bocado y bocado del águila, le advirtió a Epimeteo que no le “hiciera confianza” a Zeus, pero pues, el muchacho era hombre, la señorita de no malos bigotes.

“Ni modo que le haga el desprecio a Zeus, digo ya me la dejó en la puerta” y procedió a casarse con ella.

Hermes, ya cuando se iba, llevándose el centro de mesa y las pantuflitas aladas con las que bailó Payaso de Rodeo, así casual, le dejó a Pandora una caja muy cuca y le dijo “es un regalo de Zeus, nomás, por favorcito, no la vayas a abrir”

Obvio, la abrió y dentro de esa caja Zeus había colocado todas las calamidades que aquejan desde entonces a la humanidad: enfermedad, envidia, muerte, hambruna, las Águilas del América y los Vaqueros de Dallas.

En la parte de abajo de la caja, Zeus había colocado la esperanza, para mí el contenido más significativo y por el cual tendríamos que recordar a Pandora con agradecimiento y no con rencor.

Prefiero no definir lo que me pasa o lo que soy desde lo malo, porque entonces caigo en la culpa, el remordimiento y la parálisis.

Tarde o temprano, los males habrían llegado a nosotros, con Pandora o sin ella, pero, gracias a la esperanza, que me impulsa a actuar, tengo la certeza de que mi vida siempre puede ser mejor (o peor), según mis decisiones.

Los acontecimientos no los controlo, mis reacciones sí.

www.angeldehesac.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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