Se me hizo fácil

Se me hizo fácil

22 de enero de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

Un, dos, tres por mí y por todos mis compañeros.

Gracias a todos los que se han manifestado para felicitarme por las dos columnas con las que inicié la semana, tanto por la primera, que narra mi asombro por darme cuenta de que, en muchos países (incluyendo el nuestro), personas como el loco “Emperatrump” están llegando al poder por la vía del voto, como por la segunda en la cual, en vista de que los actuales políticos están como dijo el dueño de las croquetas: pa’l perro, publico mi decisión de apoyar a un estadista en ciernes, un joven de 5 años llamado Alonso.

Entre los que me llamaron se encuentra mi segunda padre, Mayte Noriega, quien me hizo ver que, si queremos que Alonso no solo sea un hábil político, sino también y mucho más importante, una buena persona, tenemos una ardua tarea frente a nosotros.

Y no solo con Alonso, con toda su generación.

Hace cinco años, cuando Trump perdió la presidencia, un analista afrodescendiente, quien transmitía en alguna de las cadenas de noticias estadounidenses dijo sentirse aliviado, no solo porque Trump perdió, sino porque ese día podía ver a sus hijos pequeños a los ojos y decirles: “el ser mala persona no deja”.

Poco le (nos) duró el gusto.

Hoy el tóxico naranja está de regreso y más fuerte que nunca, porque, a pesar de que incitó a base de mentiras comprobadas a cientos de personas a quebrantar la misma ley que él, como presidente, había jurado defender, en un acto irresponsable que costó vidas humanas, Trump nunca pisó la cárcel.

Y una abrumadora mayoría decidió confiarle, una vez más, las riendas de su país.

Mientras, por acá, Bartlett es tratado como prócer de la patria, Marko Cortés y Alito Moreno siguen viviendo de nuestros impuestos, la presidenta se rehúsa a admitir que no todo es bonito y maravilloso, los narcos se apoderan de estados enteros y… agregue usted lo que guste.

Pues sí, para los que creemos en la igualdad, en que todos merecemos ser escuchados y tomados en cuenta, aunque pensemos diferente, en que los gobernantes no son ungidos infalibles e incuestionables de Dios o del “pueblo”, sino servidores públicos sujetos a rendición de cuentas y con la obligación de gobernar para todos, la chamba no está fácil.

Nos toca ayudar a que Alonso, Santiago y todos los niños y niñas que hoy en día crecen en el mundo entiendan que, lo que realmente vale y nos y los hará felices, no es cuánto poder o riqueza acumules, sino el tener la conciencia limpia, el poder confiar en las personas y no tener que vivir gritando que todos te quieren quitar tus cosas.

Si alguien decide dedicar su vida a acumular dinero, está en su derecho, siempre y cuando lo haga de manera legal y, si es una persona pensante, se dará cuenta de que compartirlo y ayudar a que otros crezcan es la mejor manera de multiplicarlo y, sobre todo, de sentirnos bien como seres humanos.

Expliquémosles que Maquiavelo y demás autores que justifican los medios para lograr un fin o que aconsejan vivir en guerra constante, son solo una opción y que el italiano en cuestión, tan admirado y citado, murió exiliado y en la miseria.

Que sepan que la tesis que dice que para obtener algo es menester quitárselo a otro y que, si quieres que te vaya bien, solo debes dejar la responsabilidad de tu vida en manos de alguien más, que te regalará lo que ya es tuyo a cambio de tu silencio o tu complicidad es tan falsa como un billete de 50 pesos de Juan Gabriel.

Enseñémosles que Trump y demás tiranuelos de la era moderna que, aparentemente, triunfan en la vida, en realidad son gente pequeña, que no se aguantan ni a ellos mismos y que el camino que proponen, aparentemente fácil y exitoso, transita por la basura y conduce, tarde o temprano, a la letrina.

Por eso necesitan tanto, para tapar el olor a mierda que los acompaña.

Nos toca hacerlo con el ejemplo, aunque la tentación sea mucha también para nosotros.

De otra manera, no vamos a lograr convencerlos.

Ahí está la tarea… a darle.

Un, dos, tres por Santiago, por Alonso y por todos nosotros.

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2 comentarios

  • Martha Olvera dice:

    No había ni a quien irle, los demócratas son también unas fichas, los clinton con su fama de degenerados, el Obama ha sido quien más deportaciones hizo, apoyó guerras y todavía le dan el Nobel de la paz, Biden y Kamala… pues ni que decir, no alcanzaría el espacio.
    Saludos cordiales, me gusta lo que escribe.

  • Sergio Eguiarte dice:

    Estoy completamente de acuerdo contigo Ángel, hay que predicar con el ejemplo y no nos hagamos, lo que prediquemos, tiene que ser nuestra auténtica forma de pensar, de vivir, de expresar. Lo falso siempre se nota y no sirve de ejemplo.

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