Se me hizo fácil
29 de enero de 2025
Por Ángel Dehesa Christlieb
Entre más trabajo en mí y me familiarizo con el concepto de felicidad, no el de las películas de monitos, sino el real, ese que, al igual que el mingitorio de los niños, todos podemos alcanzar, más me convenzo de que, si bien no depende de mí ser feliz para siempre, si está en mi la decisión de siempre buscar la felicidad.
Sé que la felicidad es un camino, uno que, como dice Machado, no existe, sino que se hace al andarlo.
Cada quien lo recorremos de forma distinta, cada uno a su paso y a su ritmo, ajustándonos a las curvas, cuestas y llanos que se nos van presentando, mientras disfrutamos de la belleza que nos ofrecen los paisajes en cada etapa, aunque, a veces, esa belleza esté oculta detras de una roca, de un tropezón o hasta de una aparatosa caída.
Así lo descubrió el ingeniero mecánico electricista Alfredo Christlieb Ibarrola, egresado del Politécnico, quien en 1941, a los 25 años, fundó Sociedad Electromecánica S.A. de C.V. (SELMEC) junto con sus amigos Rafael Rangel, Miguel Urrutia e Ismael Sánchez Pardo.
Al mismo tiempo, mi abuelo Alfredo se casaba con María Robles de Christlieb, “Mariquita”, mi abuela, con la que tuvo cuatro hijas, la segunda de ellas Concepción, mi mamá.
Mi abuelo era un hombre bueno, del cual, seguro, seguro, adquirí mi teutónica abundancia de vello corporal o, lo que es lo mismo, me dejó alfombrado de pared a pared, además de otras herencias menos evidentes a la vista, pero más definitorias de mi carácter, como la generosidad, la convicción de que hay que trabajar para vivir y no al revés, además de la conciencia de la necesidad de ganar y crecer sin hacer que los otros pierdan.
A sus 43 años, antes de que yo naciera y según me cuenta mi tía Isabel, mi abuelo Alfredo tuvo un infarto que puso en peligro su vida, lo apartó del trabajo que le gustaba tanto y lo mantuvo en reposo por varias semanas.
No lo sé de cierto, pero supongo que, durante los primeros días de su encierro, Don Alfredo se picaba los ojos, hasta que, gracias a una feliz inspiración y como buen ingeniero, decidió ocuparse en construir algo.
Ese algo fue un radio de onda corta, que mi abuelo armó con sus propias manos, el cual le permitía escuchar transmisiones que se originaban en todo el planeta.
Años después, en ese radio, mi abuelo escucharía y sometería a mi abuela y a sus hijas a los interminables discursos de Fidel Castro en la radio de Cuba, más por usar su aparato y enterarse de lo que ocurría en el mundo que por simpatizar con el entonces todavía “Comandante” y “Revolucionario”, el cual acabó resultando tan o más adicto al poder que el dictador al cual derrocó.
A pesar de estar en cama, mi abuelo decidió no instalarse en una autodestructiva y estática tristeza y buscó la forma de ser feliz, incluso en un momento tan complicado, usando sus habilidades para construir algo que le gustaba y no dejándose caer.
Don Alfredo murió años después, en Madrid, de otro infarto, esta vez fulminante, el cual le dio mientras asistía a un congreso junto con mi abuela, quien decidió dejar allá su cuerpo.
Yo tenía seis años y ya existía en mi la conciencia de que tenía yo un abuelo.
Fue entonces cuando aprendí lo que duelen las repentinas ausencias de quien decide irse sin avisar, aunque, en apego a la verdad, he de decir que las muertes anunciadas duelen igual.
Su radio sigue con nosotros.
De vez en cuando lo prendo y, estoy seguro de que, entre toda esa estática y voces anónimas, Don Alfredo me sigue hablando, no con palabras definidas, pero sí contagiándome la paz en la que hoy se encuentra, al lado de Mariquita.
Esa paz que solo se logra cuando se busca la felicidad hasta el último día y, sobre todo, cuando se es un hombre bueno.
Si te gusta esta columna y quieres aprender a escribir con pasión sobre aquellos que te quieren, mi taller de escritura comienza el 17 de febrero, acá te dejo el enlace con la información: https://angeldehesac.com/index.php/la-letra-con-amor-sale/
Si quieres recibir esta columna diariamente y sin costo en tu teléfono entra a www.angeldehesac.com y mándame un mensaje solicitándolo.