Se me hizo fácil : La pura ley

Se me hizo fácil

4 de febrero de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

La pura ley

El 3 de febrero es el día internacional del abogado.

Según la etimología latina, “abogado” viene de “Advocatus”, lo cual significa “llamado de auxilio” y refleja la vocación original de los profesionales del derecho de hablar por aquellos que no tienen voz, o la de encontrar las palabras adecuadas para invocar la protección de la ley para aquellos que la requieren.

Hay un abogado al que quiero como al padre que sí tuve, pero que me dejó encargado con él, el autodenominado “pasante eterno”, el Beatle del Mayab, el orgullo de los Cherokees: el licenciado Max Joaquín Peniche Cuevas.

En los tiempos en los que mi papá y mi mamá estudiaban en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, por allá en los años 60, el autor de mis días y sus amigos decidieron formar una estudiantina que representara a tan ilustre institución.

Las estudiantinas originales fueron formadas en las universidades y centros de estudio españoles en la Edad Media, cuando solo los hombres podían acceder a la educación superior y, en los tiempos universitarios de mis progenitores, todavía se estilaba que solo los hombres fueran parte de tan selecta agrupación.

Digamos que, en ese entonces, el cuerpo estudiantil de la H.H. Facultad de Filosofía no estaba precisamente pletórico de especímenes del género masculino y, entre los que sí había, no eran demasiados los que supieran interpretar con solvencia un instrumento.

Los aspirantes a bohemios tuvieron que reclutar miembros de otras facultades, entre ellas la de derecho y fue ahí donde Germancito y el futuro licenciado Peniche comenzaron una amistad que ni la muerte pudo terminar.

A diferencia de los Dehesa, a los cuales el deporte nos apasiona, siempre y cuando sea transmitido en una pantalla y lo podamos “practicar” con una botanita y unas bebidas bien frías, el Licenciado Peniche sí dejó su marca como cátcher en los diamantes de la Liga Maya, como centro en los emparrillados de los Cherokees del legendario Coach Tomás Bay y, aún hoy, a sus más de 70 primaveras, le sigue pegando a la “peluda” en las canchas de tenis del Terranova Country Club.

Se casó hace ya varias décadas con Ivette Ayala, quien, a decir del propio Licenciado “debe haber hecho algo maravilloso en la otra vida” para merecerlo, aunque yo creo que es al revés.

Tienen tres hijas, guapas, inteligentes y felices, una en Mérida, otra en París y la otra en Melbourne, las cuales les han dado siete nietos que, de vez en cuando, se descuelgan por esta ciudad para delicia y agotamiento de sus abuelos.

El licenciado Peniche es un ávido y conocedor fanático de las transmisiones de beisbol y de futbol americano y, más de una vez, lo he visto maldecir con epítetos mayas que ruborizarían al Gran Pakal de Palenque, al receptor que falla un pase, al fildeador que tira una pelota en un elevado fácil y, especialmente a mi papá, quien tenía una marcada propensión a cambiar el canal en los partidos del lunes por la noche para poner “Primer Plano” y, acto seguido, quedarse dormido con el control remoto en la mano.

Hace 15 años, cuando mi papá se llevó el control remoto al cielo, Max estuvo ahí y no se ha ido, me llama en cada cumpleaños de Germancito y, cada semana de la temporada de la NFL, Ivette y él me reciben en su casa para ver el futbol americano, alimentarme y recordarme que las mejores herencias no se depositan en el banco.

Felicidades, Licenciado, conmigo usted ha sido siempre…

“La pura ley”.

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1 comentario

  • Jesica Peniche dice:

    Hola Angel, mucho gusto soy Jesica Peniche, no había tenido el honor y el gusto de leer estas maravillosas palabras que escribiste describiendo a mi querido Tío Max. Gracias! No pudiste decirlo mejor!

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