Se me hizo fácil: La luna regrandota

Se me hizo fácil

13 de febrero de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

La luna regrandota

Para Anna Reinisch y Sabo Romo…

Un tocadiscos portátil marca Garrard Silvertone.

Ese fue el mejor regalo que mis papás me dieron entre la infancia y la adolescencia.

Tenía forma de un portafolio gris, con la tornamesa en medio y las bocinas a cada lado, tenía varias velocidades según el tamaño de los discos que se emplearan y, cuando ponía un disco de 33 a 45 revoluciones, podía hacer que José José sonara como Pánfilo de las ardillitas de Lalo Guerrero.

Comencé con los discos que tenía a la mano: Cri Cri, Burbujas y los maravillosos doblajes de Flavio y Tin Tan en el Libro de la Selva, los Aristogatos y Robin Hood, los cuales todavía puedo cantar de memoria y me enseñaron que, en la vida, solo hay que “buscar lo más vital”.

Como suele pasar con las cosas bellas, muy pronto quise más y comencé a traerme los discos que mis papás guardaban en el clóset del despacho de Germancito, para escucharlos, una y otra vez, en la comodidad de mi habitación.

Mi papá lo llamaba “robo hormiga”, yo lo concebía más como “expropiación revolucionaria”, hasta que llegamos al acuerdo de que podía escuchar lo que quisiera, siempre y cuando lo devolviera después al lugar donde lo había tomado.

Me sentí como Aladino en la Cueva de las maravillas.

Había una magia en esos discos de vinil, la cual va más allá de su contenido musical y seducía a cuatro de mis cinco sentidos, porque, aunque nunca se me antojó lamer el disco, el olor de esas fundas de cartón se quedó grabado en mi memoria desde entonces.

Había artistas predecibles para dos jóvenes que crecieron recién comenzada la segunda mitad del siglo XX, como Mercedes Sosa o Serrat, pero también encontré un disco de Sarita Montiel que compró mi papá en su juventud, al cual mi abuelita Margarita le había tapado con plumón el pronunciado escote que mostraba la española en la foto de portada, o uno con los éxitos de Beny Moré, quien me llevó al diccionario para averiguar exactamente lo que era una “múcura” y por qué el “Bábaro del ritmo” no podía con ella.

El “Phantom of the Opera” de Walter Murphy, con su personaje de portada mostrando una lengua bífida y sus arreglos con sintetizadores a obras clásicas me alucinaban y las canciones en griego de Mikis Theodorakis, aún me hacen llorar aunque no entienda la letra.

El soundtrack de “The Warriors”, de Barry de Vorzon, “Los grandes éxitos del rock and roll” con “Pólvora” de los Locos del Ritmo, el “Perro Lanudo” de los Rockin’ Devils o “Popotitos” de los Teen Tops, me hacía bailar frente al espejo, lo mismo que Harry Belafonte o Tito Puente con su “Hong Kong Mambo”.

Más de una vez, mi papá o mi mamá entraron en mi cuarto sin tocar (lo cual en el caso de un adolescente con hormonas retozonas y con acceso a la vaselina y a la colección de revistas “Caballero” que mi papá guardaba en un cajón, bajo sus calcetines, siempre es un riesgo) entusiasmados por escuchar la “Rapsodia en Azul” con Pete Fountain, o “En Camba” de Alfredo Zitarrosa y nos quedábamos oyendo, sin hablar, hasta que la canción terminaba.

Ricky Luis con “Faltas a la moral” y el “Primera Calle de la Soledad” de Jaime López, que se grabó cuando el bardo de Matamoros todavía no adquiría esa voz rasposa que ahora lo caracteriza e incluía la excelsa “Ella empacó su bistec”, son influencias directas en mis escritos actuales.

En el tema del humor, sin embargo, el lugar más alto es del maestro Chava Flores, con un disco en cuya portada se mostraba su cara en el cuerpo de un simio de peluche, con sombrero de charro y montado en un burrito de esos que usaban los fotógrafos callejeros.

Hoy jueves, que me levanté a las cuatro de la mañana para “mingir”, me asomé a la ventana y vi la luna regrandota como una pelotota, los recuerdos se juntaron y quise compartírselos.

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3 comentarios

  • Carlos julio Ruiz camacho dice:

    Al parecer, tu ventana da al poniente (West, diria trún) al poniente de el otrora DF queda el pacífico mexicano.
    Ya estando en el pacifico, rumbo al norte vivo yo -en la costa sinaloense- y ésta madrugada , miando en el patio admirando la luna pensé;
    ¿ quien vergas estará a estas horas también viendo esta belleza?
    Mira…
    Que chiquito es el mundo.

  • Alberto Ameneyro dice:

    Creo que de todos los discos que mencionas, solo alcanzo a recordar uno que tenían mis abuelos cuando era un pequeña onde esos que andan corriendo por los pasillos sin medir los pasos no preocuparse por el gato se atraviesa en la carrera de triciclos. Recuerdo que me gustaba tanto que en pobre dicho quedo cuasi desfigursdo de tanto escucharlo. Ese disco de Chava Flores. Tenía un extraño encanto que me obligaba (y obligaba a mis abuelos) a escucharlo una y otra vez hasta que el vinilo, dio de si y digamos, «se fue a una granja», como decían en aquel entonces cuando desaparecía algo…

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