Se me hizo fácil
27 de febrero de 2025
Por Ángel Dehesa Christlieb
Balazo en el pie
“Justo cuando pensé que ya estaba fuera… me arrastran de vuelta al fango”
Es viernes, hoy toca y acá su guapo de la semana estaba confiado en que hoy les iba a escribir una columna ligera, jocosa y chispeante.
Algo para terminar febrero con calma y poder entonces, de aquí al lunes, ocupar mi tiempo en la noble tarea de extraerme la borra del ombligo y la cerilla de las orejas y utilizar dichos materiales para hacer una escultura tamaño natural que puede ser, según le plazca a mi vena artística, de Friedrich Nietzche o de Lorena Velázquez.
No se pudo.
No se pudo porque el Emperatrump, a quien nadie ha pensado en quitarle la pluma y cambiársela por un balero, un trompo o unas “tablitas mágicas”, para que se abstraiga y deje de hacer destrozos, decidió bajarle el switch a los apoyos que daba su país a varias organizaciones que realizan acciones en pro de la salud global.
Con esa canica que ocupa su cráneo, la cual aloja dos neuronas, una con la que respira y la otra con la que hace pipí (casi siempre contra el viento) y que, además, se reduce día con día por culpa del tinte de pelo radioactivo, el Emperatrump no entiende que la inversión en salud, así como en muchos otros temas humanitarios, siempre va a dar buenos dividendos, no importa si los recursos se utilizan del otro lado del mundo.
Uno pensaría (a veces no tengo más remedio) que después de una pandemia que le costó la elección y que (dejo esta cifra para el final porque no creo que a él le importe mucho), se llevó las vidas de más de un millón de sus electores, el Orange Trash, sus aduladores y su base electoral, ya se habrían dado cuenta de que, en temas de salud, no hay muros, ni aranceles, ni soldados que puedan mantener un virus alejado de sus fronteras y, por lo tanto, su mejor apuesta es apoyar la salud a nivel mundial.
¿Cómo pedirle al puerco que no gruña? ¿Al burro que no rebuzne? ¿A Trump que sea empático, aunque solo sea porque es una buena inversión?
No se puede.
Hoy lo que nos toca a los países del resto de América, es ayudarnos unos a otros, superando las divisiones y el racismo (que también existen de este lado del Río Bravo) y ver cómo dejamos de depender de fondos que, hoy por hoy, están en manos de un megalómano que, si los suelta, será siempre condicionándolo a la venta de nuestros primogénitos (creo que yo me iría con descuento) y a que le digamos “Orange daddy” cada mañanera.
Como dijo el artillero: va a estar cañón, porque Trump no se va a callar nunca.
Lo suyo es vivir en la eterna pataleta, quejándose, buscando enemigos o fabricándoselos, porque comercia con el miedo, la desconfianza y la ira, las cuales son bestias que requieren alimento constante.
El problema es que muchos gobiernos hacen lo mismo, no importa si lo disfrazan de derecha o de izquierda, de “transformación”, de “revolución” o “proyecto de nación”.
Al final son palabras que justifican y venden esquemas monolíticos e inflexibles cuyos proponentes, inevitablemente, olvidan que las ideologías deben de servir y de ajustarse a las necesidades de las personas y no al revés.
La salud global es una realidad y un mundo en el que se coopere para que todos tengamos el ACCESO a los medios para estar sanos (que no es lo mismo que darnos credenciales para hospitales sin medicinas), es la mejor apuesta que podemos hacer como especie, más allá de países, mentalidades o cualquier otra división.
Y ya, los dejo con su viernes.
Hoy toca y la borra del ombligo no espera.