Se me hizo fácil
7 de marzo de 2025
Por Ángel Dehesa Christlieb
Relaciones tóxicas
Todo parecía muy normal cuando comenzamos y me sentía en control, pero, poco a poco, las dinámicas de toxicidad se agudizaron y, casi sin darme cuenta, a través de la repetición normalicé y convertí en costumbre aquellos comportamientos y acciones que me hacían tanto daño
Así como una termita desgasta la madera hasta que la destruye, la culpa generada por la toxicidad erosionó mi autoestima y me hizo caer en la falacia de que, por haber sido yo quien le abrió la puerta a la tóxica quien, además, era casada, alcohólica y la dueña de mi lugar de trabajo (yo, cuando la riego, lo hago con manguera de bombero), había perdido el derecho a quejarme y merecía todo el maltrato
Cuando me comportaba como la tóxica quería me daba algún premio: un IPad, una salida a comer o hasta un viaje al extranjero y Eso me hacía sentir importante y masajeaba mi ego.
El problema venía en el momento en el que yo hacía o decía algo que le molestaba o con lo que no estaba de acuerdo, porque entonces comenzaban los gritos, las amenazas de despido e incluso la violencia física.
“Bueno, dejaré de hacer lo que le molesta y santo remedio”, pensé ingenuamente, pero pronto me di cuenta de que eso no era posible, porque la lista de cosas que la enojaban era como la hoja de requisitos para un trámite gubernamental: infinita y cambiante.
Cada vez que pensaba que ya había hecho lo que ella quería (incluso si no estaba de acuerdo) y ya íbamos a estar en paz, encontraba un nuevo motivo para explotar, cual nave espacial de Elon Musk, en medio de una estela de escombros flamígeros que hacían arder el mundo a su paso.
Como todas las personas tóxicas, ésta vivía por y para el conflicto, porque, a pesar de sus logros académicos y profesionales, su aparente madurez y su éxito financiero, la verdad es que su inseguridad y falta de inteligencia emocional solo le permitían relacionarse a través del maltrato y la denigración.
Pero si, achúuuuu, dirán… yo aquí hablando de la falta de autoestima y de inteligencia emocional de la tóxica, cuando era YO quien le permitía hacer y se permitía recibir sus maltratos, agresiones y humillaciones.
La tóxica era la tóxica y como tal se comportaba, pero quien elegía permanecer cerca de ella, por miedo a perder el trabajo, por la culpa que me daba el darme cuenta de la persona en la que me había convertido y por elegir creer en sus amenazas era yo.
Esta enferma y pavloviana dinámica de estímulo/respuesta me hacía vivir en una continua ansiedad, la cual aumentaba cada día, porque el maltrato escalaba y ya no se preocupaba por disimularlo, sobre todo cuando bebía.
Intenté dejarla muchas veces, pero, cada vez que lo hacía, la tóxica me buscaba para pedirme “perdón” y me daba algún regalo, porque de alguna retorcida y muy insalubre manera, ambos nos necesitábamos.
Me costó mucho trabajo romper esa dinámica tóxica, pero, finalmente, un dia elegí hacerlo.
No fue sencillo, dejé el trabajo, perdí un sueldo de 40 mil pesos mensuales y tuve que resistir las múltiples llamadas y provocaciones de la tóxica, la cual se dedicó a decirle a todo el que quiso escucharla, que me había corrido por “flojo”.
Pero, gané autoestima, aprendí que el primer amor es el amor propio y, después de trabajar mucho en mí mismo, hoy tengo una vida plena y feliz.
Si yo pude todos pueden, solo necesitan alguien que los guie por el buen camino.
Así que, si alguien tiene algún contacto en Presidencia de la República, por favor hágale llegar esta columna a la Doctora Sheinbaum… porque, aunque hoy nos hizo el favor de retrasar los aranceles, el tóxico naranja seguirá maltratándonos hasta que ella se decida a ponerle un alto… lo cual requiere más que reaccionar a sus deseos y convocar acarreados con cargo al erario cada vez que algo no le sale.
¿Será que, de alguna retorcida e insalubre manera, ambos necesitan a alguien para culpar y victimizarse?
¿Qué opinan?
Hoy toca
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5 comentarios
Imperdible esta columna
De verdad que está analogía tan bien explicada la debería conocer la presidenta con a
Gracias Teresa
Es una delicia leerte!!!
Me encantó tu columna
Hoy toca
Muy bien e plicado el abuso media te una inteligente analogía. Abrazos.
Gracias Mayte