Se me hizo fácil: pasando lista

Se me hizo fácil

10 de marzo de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

Pasando lista

¿Cómo les fue a los que fueron al Zócalo este domingo?

Que no me digan, que no me cuenten, porque tuve una plática larga con una persona que trabaja en el gobierno, la cual estaba encargada de coordinar al grupo de burócratas de su equipo, los cuales tenían que presentarse a las 9:30 en un punto cercano al zócalo, para “espontáneamente” caminar hacia la Plaza de la Constitución para oír a una servidora pública (que cobra el sueldo más alto del erario), presumirnos que está haciendo el trabajo para el cual se le eligió.

Me dirán que esta costumbre de que los políticos pidan aplausos solo por hacer su trabajo no empezó con Morena, que el PRIAN robó más y que, ya desde 1822, Agustín de Iturbide comenzó la socorrida tradición de los acarreados, con el Sargento Pío Marchá y su regimiento, quienes salieron a la calle con la misma “espontaneidad” de los de hoy a gritar “viva Agustín I, Emperador de México”.

No me importa.

Este argumento de que, “si alguien ya lo hizo antes, entonces no tengo derecho a quejarme porque seguramente es mi culpa, porque callaste como momia cuando Guajardo mató a Zapata” tan socorrido en las redes sociales y en la narrativa del partido en el poder no me convenció antes, ni me convence ahora.

Supongamos que yo (o cualquier ciudadano) nunca me he involucrado en política, ni me he preocupado por quién gobernaba, ni cómo lo hacía y hoy, esta mañana, una vocecita en mi cabeza comenzó a hablar, en un tono parecido a Enrique Rocha en “Satánico Pandemonium” diciéndome “quéjate, protesta, critica… es parte de mi plan para desestabilizar al paradisiaco régimen, porque no se te olvide que el diablo es conservador.”

Aunque todo eso fuera cierto (que no lo es), por el solo hecho de ser un ciudadano que vota y paga impuestos, no solo tengo derecho a criticar, cuestionar y pedir cuentas a quien quiera que ostente el poder, adivinen qué, mi cuestionamiento o crítica y la de cualquiera vale lo mismo y los gobernantes tienen que hacerle caso, no como una dádiva, ni como una concesión… es su obligación.

No me importa cuántos de los guerreros del celular, llaneros de las redes sociales o soldados cibernéticos se molesten, no pienso dejar de hacerlo, no porque me guste, ni porque no esté dispuesto a cooperar para que mi país y mi mundo evolucionen y todos mis semejantes tengan mejores oportunidades.

Pero al gobierno eso no le interesa lo que yo quiera, la única cooperación que, hasta ahora, me solicitan es: paga tus impuestos, acepta los pretextos que te damos para la falta de medicinas, las obras inútiles que no justifican la “inversión” que seguimos haciendo (con tu dinero) en ellas, los cada vez mayores territorios tomados por el narco, los aumentos de sueldo para los legisladores y lo que se nos ocurra esta semana.

“Cada vez que te diga que tienes que aplaudirme y presentarte en el Zócalo el cual, de manera arbitraria y engañosa, ya tomé como mi propiedad y retaco de vallas de acero para que las mujeres sepan que ‘llegaron todas, pero nomás hasta donde yo les diga’ te apersonas rapidito y de buen modo.”

Y lo peor es que hay quien sí tiene que ir.

Que tengan un buen lunes.

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