Se me hizo fácil 7 de septiembre de 2025

Se me hizo fácil

7 de septiembre de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

Cuando era pequeño, un niño que apenas aprendía a caminar y no tenía idea de lo que eran las letras, mi padre me llevó, una noche de luna llena, a una caverna en el Ajusco, arribita de donde estaban las quesadillas, con un brujo conocedor de los antiguos saberes el cual me ungió con leche de tecolota recolectada en un año bisiesto, almacenada en una bolsa hecha del escroto de una mula, combinada con los dientes de un mono saraguato molidos en una noche de luna roja, con una piedra de jade amarillo.

Mientras el brujo murmuraba palabras en un idioma cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos, mi padre marcaba los pasos de una antigua danza de la fertilidad que parecía un híbrido entre la Macarena y el Hanky Panky, mientras murmuraba invocaciones a los tlacuilos de la antigüedad y agitaba unas maracas de maderas aromáticas, rellenas con piedras extraídas del riñón de un huachinango pescado en los ríos de Malinalco en una tarde de verano mientras llovía y había dos arcoíris en el cielo.

Este ritual se viene repitiendo en los hombres de la familia Dehesa desde hace siglos y fue traído a la familia por mi tatara tatara abuelo, Crispín Dehesa de la Barquera y Luna, el cual lo aprendió cuando acompañó a Marco Polo en sus viajes a Catay, donde le preparaba Bellinis al Khan Kubilai y perfeccionado en Catemaco cuando mis antepasados llegaron a Veracruz.

A medida que los cantos del chamán se elevaban sobre el ruido de los camiones refresqueros y tráileres cargados de marranos, una extraña luz comenzó a surgir del interior de la tierra y los truenos retumbaron en el cielo y, entre el intoxicante aroma de los copales, mezclados con los residuos de la gordita de chicharrón prensado con salsa roja que el brujo se estaba merendando antes de llegar.

Con cada una de las repeticiones de la fórmula mágica del brujo, mis pequeños oídos retumbaban y, ante mis ojos, aparecían las siluetas de burócratas chinos, el mandril que representaba a Toth, el dios egipcio de la escritura, también vi la silueta de Corín Tellado, escuché la voz de Juan de Dios Peza y vi letras frente a mis ojos, las cuales desfilaron frente a mí al ritmo de “La Marcha de las Letras” de Cri Cri, con lo que pude comprobar que, efectivamente, el palo de en medio de la “E” es más chico (lo que sea que eso signifique).

Cuando el ritual concluyó, escuchamos graznidos de zopilotes, además de aullidos de los perros callejeros que, atraídos por los arcanos que habían sido invocados esa noche, se congregaban en la puerta de la cueva, donde se refugiaban de los taqueros que los usaban como materia prima para sus productos.

A partir de ese día, gracias a que fui parte del linaje masculino de los Dehesa, el abecedario no tuvo secretos para mí, era el único niño del cuarto de bebés que sabía leer y escribir, por lo que nunca tuve que leer un libro, ni aprender gramática, sintaxis, puntuación ni nada de eso.

Todo me llegó gracias a “la cruz de mi parroquia” que no niego, a que soy pintito por “ser hijo de tigre” y a que no “hurto lo que heredo”, no vayan a pensar que yo tengo algún otro mérito que no sea el haber nacido con el apellido que tengo, ni que estar aquí dándole a las teclas cada mañana, tarde y noche cuesta, en mi caso, ningún trabajo porque pues… mi papá ¿verdad?

Igual estoy siendo berrinchudo, me vale, desde ayer avisé que ya no respondía chipote con sangre y, probablemente, estoy sacando frustraciones de otra índole, pero aprovecharé la inercia de los últimos días para decirlo y, si alguien se enoja pues puede acudir a las academias Noroña para el manejo de la ira.

Agradezco a Jorge Urbano, Enrique Arreola, Antonio Monroi, Enrique Lima, a Manto en Puebla y a todos y cada uno de ustedes que me leen cada día y están pendientes de mis letras y, por supuesto, agradezco a todos aquellos que me dicen que leían a mi papá y les gusta lo que yo hago, tanto porque lo recuerdan con cariño como porque tienen el buen gusto de apreciar mis desvaríos.

Es solo que cada vez que alguien me dice, de una u otra manera, que escribo así porque mi papá era mi papá me pongo verde y me empiezan a salir ronchas y la opción de vender mi cuerpo, por altísimas cantidades, a ancianitas que tengan un fetiche por los calvos peludos comienza a verse cada vez más atractiva.

Así que, si no quieren verme arrestado o en la portada del ALARMA, ayúdenme con eso.

Ah y si quieren que discutamos mis “daddy issues” en persona, este dia 13 de septiembre Virulo y yo tendremos el estreno (habrá tres funciones más) de “Dehesa no me Libro”, un nuevo homenaje a Germán Dehesa, completamente distinto al del año pasado, en la librería Gandhi “Mauricio Achar” en Miguel Ángel de Quevedo, los boletos están a la venta en el teléfono 55 4800 6346.

Los esperamos

Si quieres recibir esta columna entra a www.angeldehesac.com y mándame un mesaje solicitándolo.

4 comentarios

  • Lupita Rodríguez - Arana Z dice:

    Muchas gracias por tu columna, me he reído como hace mucho no lo hacía. Espero seguí leyendo tu columna con mucho gusto cada día

    • Angel Dehesa dice:

      Un abrazo

      • Victor Palma Bahena dice:

        Mi muy querido angel…. Nunca te compares con tu papá… El tenía su estilacho .. tu tienes el tuyo… Los dos igual de puntillosos… Agradezco que dios nos haya entregado. Está generación la alegría de tener un German Dehesa … Y hacernos más fácil la tarea de la crítica y la autocrítica . Pero también agradezco que TU sigas dentro de tu propio estilo la ruta que tanto y a tantos nos ha funcionado para no enojarnos más de lo necesario y ver lo que otros ojos no ven o no quieren enterarse….. Muchas gracias … Y tú cómo el salado… Al que le guste que te coma y al que no .. pues el se lo pierde. ….. Un abrazo

  • Rebe dice:

    Sensacional columna!!! Tienes mucho talento y chispa! Abrazo hasta el cielo a tu papá, lo extrañamos y también es una bendición contar con tu estilo único.

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