Me lo hago fácil 29 de diciembre de 2025

Me lo hago fácil

29 de diciembre de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

Durante la rumbosa comida de navidad del día 25, a la cual casi no voy porque andaba de Grinch mexicano, mi tía Dolores y su novio, al que llamaré Nacho G, me dijeron, muy serios, que me iban, por fin, a hacer buena una invitación pendiente a la casa de este último en Malinalco.

Pensé que la declaración había sido producto de la euforia ocasionada por un exceso de romeritos, rompope y bacalao en el torrente sanguíneo.

Pero no.

El viernes 26, por ahí de las 19:00, mientras hacía una transmisión en vivo en mi cuenta de Tik Tok, entró a mi teléfono un mensaje de Nacho G, conminándome a estar listo a las 11 de la mañana del sábado 27, porque pasaría por mí, acompañado de Dolores y sus tres perros, para emprender el camino al Pueblo Mágico.

A la hora señalada, Nacho y Dolores llegaron y, rápidamente, abordé la unidad que ya venía ocupada por Frijol, Toy y Chip, los tres caniches de mi tía, los cuales, durante todo el camino, deambularon por el auto a la caza de perros para poderles ladrar.

Viajar por mi país me maravilla por la belleza de sus paisajes y de sus poblaciones, la disposición de mis compatriotas (la mayoría) para trabajar, recibir a las visitas y hacerlas sentir como en casa y, sobre todo, por lo privilegiado que soy de tener tantas personas que me quieren y me comparten esos lugares que, para ellos, son remansos de paz, calma y felicidad.

Nacho y Dolores, ustedes son para mí la prueba de que, no importa el momento, la vida siempre te tiene guardado un gran amor que llegará cuando tenga que llegar y, ya que te lo pone en suerte, es tu responsabilidad trabajar y ocuparte de los detalles, aparentemente pequeños, los cuales hacen que la vida cotidiana sea divertida y mantienen la mutua voluntad de continuar juntos día tras día.

Después de casi ocho años, los dos se respetan, se divierten, se complementan y basta ver cómo se sonríen cuando caminan por ese lugar que, por lo que veo, es para ellos fuente de recuerdos y de fuerza para nunca olvidar que una pareja debe ser alguien en quien confíes, alguien que te inspire la certeza de que, incluso en los momentos en los cuales hay discordia o diferencias, nada de lo que el otro haga o diga será para hacer daño.

La casa de Nacho es una belleza, rodeada de un enorme jardín, apantles y tierras de cultivo en las que Don Alfredo, cuidador y jardinero y un auténtico hombre de campo, habla con las plantas, que son sus amigas y le revelan sus secretos.

Caminamos por el pueblo, Nacho y Dolores saludan a la señora que vende la fruta, a algún vecino que conocen, a Don Óscar el de la tienda.

Cada persona que se encuentran tiene para ellos una sonrisa genuina.

Nos sentamos en el restaurante Los Placeres, con un mezcal, un queso de rancho con hoja santa y sal de chapulín, una pechuga rellena de huitlacoche y, para cerrar, un helado de las Nieves Mallinalli, el sabor de los dioses.

La barriga quedó llena y el corazón contento.

Después de una noche de sueño reparador, nos levantamos (cada quien de su lecho), porque Doña Eloísa, esposa de Don Alfredo, nos había cocinado unos chilaquiles con salsa, queso, crema y, en mi caso personal, dos huevos estrellados encima, además de pan dulce comprado ahí mismo (chúpate ésa, Green Rhino) y unos tacos de quelite con cebollita y chile.

El mejor colofón al último fin de semana del año.

Hace no mucho, no me permitía disfrutar cuando recibía una invitación de éstas, porque, en lugar de agradecer y gozar el momento, solo pensaba que tendría que trabajar mucho si algún día quería tener una casa o un jardín así.

Gracias a Nacho y Dolores y también a otros muchos amigos y gente querida, los cuales me han invitado a Sinaloa, Tlacotalpan, Xalapa, Chiapas, Monterrey, Sonora y otros estados, me doy cuenta de que juntar dinero, solo por el hecho de hacerlo, no será mi prioridad, aunque estoy seguro de que siempre tendré más del que me hace falta.

La labor más productiva y gratificante para mí ha sido, es y será cultivar y mantener amistades y querencias, no por lo que me puedan dar o a dónde me inviten, sino porque me llenan el corazón de felicidad y, por lo que ellos me dicen, yo hago lo mismo por ellos.

Eso me llevo de tarea para el 2026.

Un abrazo.

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